Es viernes. Hoy tengo clase de gimnasio, hoy pegaremos los carteles para invitar a nuestro grupo al baile, y hoy veré Vincet después de haberlo evitado por casi tres días.
Él no ha llamado, y no puedo dejar de pensar que no lo hace porque ya sabe que me enteré de sus mentiras. Una parte de mí me dice, que me está dando mi espacio para pensar las cosas, y agradezco ese espacio. Últimamente los días se pasan volando, apenas hablo con Anna, y se debe a que ella no deja de hablar sobre Marco y eso solo logra molestarme. Y con Elías apenas cruzó palabras, no es cómo si tuviera tantas ganas de hablar con él, no después de lo que pasó la última noche.
-¡Bonachera! -la voz ruda del entrenador, me sacó de mis pensamientos.
Bajé las gradas con cuidado hasta llegar a su lado y levanté la cara para mirarlo.
-¿Qué pasa? -pregunté, y mi respiración formó una nube espesa de vaho.
-Quiero que vayas a mi oficina y busques las llaves del gimnasio. No pensé que fuera a hacer tanto frío, y no quiero que los chicos pesquen un resfriado -habló y se ajustó la gorra.
Asentí en silencio y me giré para entrar a la escuela, y caminar hasta el pasillo dónde estaban todas las oficinas de maestros. Adentro estaba cálido, y frote mis manos entre sí para que volvieran a tomar calor. Afuera hacía una temperatura de casi diez grados, tal vez no esté tan baja, pero siempre he sido una persona friolenta que a la primera ventisca empieza a temblar.
Agradecí el hecho de que el entrenador me haya mandado hasta acá, así no vería la famosa entrada de los universitarios. Así evitaría a Vince lo más que se pueda. Al menos hasta que esté lista.
Cuando llegué a la oficina del entrenador, busqué las llaves en los cajones y tomé el pesado llavero entre mis manos. Me di la vuelta para salir, pero una fotografía en la pared llamó mi atención y me acerqué a ella. Tenía la leyenda "campeonato regional" en la parte de abajo y un marco color dorado. Miré la fotografía con cuidado, para descubrir qué es lo que veía de familiar en ella, hasta que lo encontré.
Yo estaba ahí, sosteniendo un trofeo gigante y llevaba puesto el uniforme de baloncesto. Tenía una gran sonrisa, a pesar de que el sudor se veía en mi frente y mi cabello rebelde se salía de la coleta. El entrenador estaba ahí, pero eso era de esperarse, lo que me sorprendió fue ver a Elías justo detrás de mí. Tal vez estaba ahí porque forma parte del equipo varonil, aunque no veo a todo su equipo, solo unos cuantos.
Salí de la oficina con la imagen en la mente. Esa imagen de mí misma que ni siquiera recuerdo, y dudo que algún día pudo existir aquella chica tan feliz.
Me dio escalofrío cuando salí al aire libre. Caminé directamente al gimnasio y le quite la cadena, abrí las puertas y me gire para ver al entrenador y hacerle una seña con los pulgares para hacerle saber que ya estaba abierto. Él sopló el silbato y todos mis compañeros empezaron a trotar en mi dirección.
-No te ves muy bien -Anna me dijo cuando llegó a mi lado.
Suspire y me senté en la banca para arreglar la cinta de mis tenis.
-Últimamente no he estado bien, pero supongo que es lo mismo de siempre. El estrés y todo eso -le mentí despreocupada.
Ella asintió, insegura de mi respuesta y se acomodó en el suelo frente a mí. Llevaba las manos llenas de cartulinas, brillantina y marcadores de colores.
-¿Lista para trabajar? -preguntó con una sonrisa y yo asentí de inmediato.
Me senté a su lado y tomé un papel de cartulina grande y con un marcador negro empecé a escribir:
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Aún no sé quién soy
Ficción General¿Sabes quien eres? Imagina despertar un día sin saber quién eres, sin recordar quién fuiste o tener alguna día de quien serás. Imagina un día tener las ganas de empezar de nuevo y sólo descubrir que tu pasado siempre te arrastrará, que tu pasado sie...
