Capitulo 36

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Me quedé en mi lugar, quieta. Tratando de analizar la situación. Tratando de unir los cables en mi mente y de calmar mis estribos. Tal vez debería creerle a Becca, pero es una persona que recién conozco, alguien en quién no confío incluso sin saber quien es realmente. Necesito hablar con Vince, necesito que me diga la verdad.

—¡Maya! —miré sobre mi hombro a quien me gritaba.

Anna caminaba hacía mí, pero llevaba a alguien de la mano y mi corazón se detuvo por un instante cuando reconocí quién era. Elías se asomó también detrás de ellos, y sus cejas se fruncieron de inmediato cuando notó que estaba más pálida que una hoja de papel.

—Marco, ella es una de mis mejores amigas en el mundo. Maya —la morena habló emocionada.

Miré su mano entrelazada con él la del muchacho moreno y después lo mire a la cara. Él me reconoció de inmediato, lo sé porque sus tristes ojos verdes se iluminaron y me miró de pies a cabeza, justo como lo hizo aquella noche que lo conocí.

—Un gusto, Maya —su mano me puso los cabellos de punta. No le extendí mi mano, pero él se acerco a tomarla y dejó un beso en el dorso. El mero contacto caliente de sus labios en mi piel, me causó náuseas.

—El gusto es mío —hablé con la voz más ronca de lo normal.

—Creo que te he visto antes... —hizo una mueca pensativa, y yo apreté la mandíbula.

—No lo creo. No soy universitaria, y es la primera vez que vengo a una fiesta en la costa —hablé, observándolo sigilosamente.

—Tienes razón. Si te hubiera visto antes, te recordaría. Jamás olvidaría una cara tan bonita como la tuya —bajé la mirada de inmediato.

Anna se aclaró la garganta antes de hablar.

—Marco y sus amigos están cerca de la fogata, tal vez es mejor ir allá para no tener frío —mire a mi amiga, y traté de decirle con la mirada que algo no estaba bien, pero ella apenas se dio cuenta de mi palidez.

—Estoy bien aquí.

—¿Viniste sola, Maya? —el moreno preguntó, en un tono minucioso.

—Vine con mis amigos —me encogí de hombros.

—Entonces ven con nosotros, no es bueno qué te quedes aquí sola, en plena playa —sonrió y jaló a Anna hasta la dirección opuesta.

Cuando ellos estuvieron lejos, dejé salir el aire que contenía. Miré a Elías y mis ojos se llenaron de lágrimas.

—Me quiero ir de aquí, Elías —dije sin aire y él se acercó a mi para mirarme de cerca.

—¿Estás bien? —preguntó preocupado.

Su mano se elevó, limpió una lagrima que bajaba por mí mejilla y acomodó el cabello detrás de mis orejas.

—No —negué de inmediato y empecé a temblar de pies a cabeza —. Necesito respirar, necesito aire. Y-yo no me siento bien...

—Está bien, Maya, te sacaré de aquí —asintió de inmediato.

Me tomó de la muñeca y nos empezamos a mover con rapidez entre la gente. Me pegué más a Elías para no sentir el frío aire en mi cara, y cuando salimos del tumulto de gente, respiré hondo. Elías no se detuvo, siguió su paso, alzando los pies para que no se le hundieran, mientras yo sólo los arrastraba.

Llegamos al puerto, y Elías aflojó su agarre en mí pero no me soltó. Yo me pare enfrente de él, y respiré hondo, viendo cómo el vaho salía de mi boca.

—¿Qué sucedió? —preguntó preocupado.

La luz de la luna le pegaba de perfil, dejándome apreciar sus cejas fruncidas y la preocupación en sus ojos. Yo abrí la boca para hablar, pero nada salió de mi boca. Negué con la cabeza y me cubrí el rostro, para que no me viera llorar.

—Maya, sólo dime cómo te sientes —él habló con suavidad y yo solloce.

—Ese es el problema, que no sé cómo me siento —hablé y me descubrí el rostro —. Todos me mienten, me ocultan cosas por doquier. Y lo hacen las personas que más quiero. Ya no sé qué es verdad y qué es mentira, ya no sé en quien confiar —lloré me limpié las mejillas húmedas —. Estoy cansada, harta y desesperada.

—Puedes confiar en mí, Maya —habló y mi pecho se sacudió cuando solloce.

—Júrame qué jamás me has mentido. Dime a la cara que siempre me has hablado con la verdad, Elías. Sólo así podré confiar en ti —lo mire a la cara.

Si rostro cambió, de preocupación a medio. Y su silencio sólo me confirmó, que él ya era uno más en la lista.

—Lo hice por tu bien...

—¡Todos piensan eso! —lo interrumpí, dolida —. Todos creen que lo hacen por mi bien, pero lo único que ocasionan, es hundirme más en mi tristeza.

—No lo entenderías, Maya. No es así de fácil mentirte...

—¿Entonces por qué lo haces? —le pregunté, con la voz rota —. ¿Por qué lo hacen todos? ¿Acaso tengo un jodido letrero en la espalda que dice "miénteme"?.

El negó con la cabeza. Se veía desesperado, parecía que quería explotar pero no dijo ni una sola palabra. Sólo estaba ahí, con los puños apretados y la mirada cargada de emociones que no supe reconocer. Sé que no hablará, igual que Eric, igual que papá y que Vincent, así que me sentí derrotada.

—Esperaré en el auto —hablé después de un rato.

Suspire y caminé a paso rápido hasta dónde estaba el auto de Elías. Me metí en el asiento trasero, abracé mis piernas contra mi pecho y empecé a llorar con sentimiento. 

Aún no sé quién soyHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora