Capitulo 45

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Caminé por los pasillos hasta llegar a la cafetería y dirigirme a la máquina de comida. Metí el dinero, escogí una barra de granola y la tomé cuando salió por la bandeja.

—¿Sólo vas a comer eso?

Solté un gritó de sorpresa cuando escuché una voz a mí espalda. Me gire inmediatamente y le di un golpe a Elías en el hombro.

—¡Me asustaste! —me quejé con las cejas fruncidas y el chico soltó una carcajada.

—Perdón —dijo, sin dejar de sonreír —. ¿Te acompaño a comer? —preguntó despreocupado.

—Claro —dije, acomodando mi mochila sobre mi hombro.

Caminamos hasta una mesa, me senté y saqué mi botella de agua de mi mochila y abrí mi barra de granola.

—¿No comerás? —pregunté antes de morder mi comida.

—No, mi madre se encargó de darme bien de comer antes de venir a la escuela —me sonrió de lado.

Asentí en silencio y seguí comiendo, concentrada en terminar mi almuerzo antes de la última clase. Giré la cabeza para ver a Elías y preguntarle cualquier cosa que matara el silencio en la mesa, pero no hable cuando note su mirada pérdida. Seguí su mirada, y me tope con una chica muy bonita, estaba haciendo fila para comprar comida.

Ya la había visto antes. Es la bonita rubia con la que Elías habló la otra vez en el gimnasio.

Miré nuevamente a Elías, dándome cuenta que estaba completamente perdido en ella. No sé porqué, pero una sensación viscosa se asentó en la boca de mi estomago.

—¿Quién es ella? —hablé, tratando de sonar tranquila y despreocupada.

Elías salió de su ensimismo y me miró de reojo, algo colorado.

—No sé de qué hablas...

—La chica rubia, ¿la conoces? —recargue los codos en la mesa para mirarlo mejor.

—Es una compañera de clase —se encogió de hombros y se dejó caer en el respaldo de la mesa. Se seguía viendo tenso, y ahora tenía sus ojos en mí.

—¿Cómo se llama? —mordí mi comida sin dejar de verlo.

—Olivia.

—Lindo nombre —asentí con la cabeza —. ¿La invitarás al baile?.

—¿Qué? —dijo ofendido —. No, claro que no...

—¿Por qué no? —pregunté, interrumpiendo su mentira.

El se rasco la nunca nervioso, se peino el cabello negro hacia atrás para después mirarme.

—Simplemente no me gusta. Sí, es bonita, y es bastante platicadora, alegre e inteligente, pero no me gusta y ya —habló relajado y yo dejé el tema por la paz.

Estaba a punto de ponerme de pie para ir al bote de basura y tirar el empaque de mi comida, pero Elías habló:

—¿Tienes planes para después de la escuela?

Su pregunta me tomó por sorpresa, pero no lo hice notar.

—No...

Entonces vayamos a un lugar —me interrumpió y yo lo miré curiosa.

—¿A dónde?

—Es secreto —dijo, y la diversión brilló en su rostro.

Sonreí de inmediato al verlo así de fresco y energético.

Aún no sé quién soyHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora