Capitulo 48

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No sé por qué estoy aquí. No sé en qué momento me cambié el pijama por unos jeans y me escapé por la ventana para venir hasta acá. Ni siquiera sé cómo logré llegar.

Las luces de la fiesta salían por los ventanales, hay gente afuera y demasiada gente adentro. No quiero entrar, me da miedo estar sola entre tantos desconocidos.

En el momento en el que Rebecca me mandó un mensaje con la dirección de la fiesta, fue casi inevitable venir hasta acá. Ese sentimiento de preocupación sigue en mi pecho, ese sentimiento de comprobar que lo que la mujer me dijo es verdad.

Di una respiración profunda antes de atreverme a caminar hasta la entrada de la casa. Me ajusté la gorra de béisbol en mi cabeza y me abrí paso entre la gente que bailaba y bebía. El olor a hierba quemada fue lo primero que sentí, después el intenso olor a sudor y a alcohol regado. Tomé una lata de cerveza y la abrí, pero no le di ningún sorbo, sólo me quedé ahí, recargada en la barra de la cocina con la mirada fija en la gente.

No sé qué es lo que busco, pero aun así no dejo de pasar mis ojos por todos los presentes. Trato de creer en lo que me dijo Rebecca sobre Marco, y tampoco olvido que debo cuidarme de ella pues no es de fiar.

—¿Usas gorra dentro de la casa? —preguntó una voz a mí lado y me tense de inmediato.

Miré de reojo a mí lado y me percaté de la mujer a mí lado. Llevaba el cabello corto, casi como Elías, vestía totalmente de negro y llevaba un cigarro entre los labios. Yo la había visto antes.

—Mantengo un perfil bajo —murmuré observándola al rostro.

Su mirada se iluminó cuando se agachó a verme la cara.

—¡Yo te he visto antes! —dijo en voz alta, pero su voz apenas se escuchó debido a la música —. Te ofrecí un porro hace unos días en la fiesta de la fraternidad, por cierto, ¿quieres uno ahora?

—No consumo —me negué de inmediato y ella se encogió de hombros.

—Te lo pierdes —dijo y encendió uno, agradecí cuando se hizo a un lado para soltar el humo, y después regresó —. ¿Dónde está tu escolta está noche?

—Por ahí —mentí, pues no me sentía segura con él hecho de que supiera que ando sola.

—¿Y qué te trae por aquí?

—Buscó a alguien llamado Vincent —dije y regresé mi vista hacía enfrente.

—¿Qué rayos tiene que ver una chica bonita como tú con el demonio de Vincent? —su pregunta me descolocó —. No me digas que eres su distribuidora...

—Son asuntos personales —la interrumpí.

—Vaya, debo admitir que el peligro te hace ver más bonita —me sonrojé de inmediato y agradecí la oscuridad que lo ocultaba

—¿No tenías novia? —pregunté con la voz chillona.

—Ya te lo dije, vivo en unión libre —me guiño un ojo —. Pero no te preocupes, cielo, sé reconocer cuando no le intereso a alguien.

—Y-yo...

—Está bien, no es cómo si me lastimaras —dijo de inmediato y de forma tranquila —. Dejemos de hablar de rechazo y vayamos a buscar a ese idiota de Vincent, debe estar afuera, siempre hace sus negocios ahí.

Dijo y me tomó de la muñeca para caminar entre la gente. La mujer era grande de estatura y delgada de complexión, no pude evitar admirar los tatuajes que decoraban sus brazos y cuello. ¿Cómo demonios logra entrar a la universidad?

Cuando salinos al aire libre caminé con la mirada en el suelo para ocultar mis facciones y dejé que la desconocida me guiará. Ya habíamos dado unos cuantos pasos, cuando se detuvo abruptamente.

—Mierda —soltó y levante la vista de inmediato.

—¿Qué sucede? —pregunté confundida.

—No creo que quieras ir a ver a Vincent ahora mismo, cielo —dijo y levantó su dedo para señalar un punto fijo: —Ese de ahí es su jefe.

Mi corazón cayó hasta mis pies y mis ojos volaron hasta dónde señalaba. Vincent estaba recargado en la pared y enfrente de él había un señor, puedo jurar que parece ser un profesor de la escuela.

—¿Y anda así cómo así? —pregunté sorprendida al ver al hombre tan libre y sin vergüenza.

—Ese de ahí es sólo el jefe de Vincent, pero no es más que otro simple eslabón en la cadena —contestó la chica y le dio una calada a su porro.

Asentí en silencio. No me imaginó cuantas manos tocan los paquetes que le entregan a Vincent, tampoco cómo debe de ser toda la organización y la vida de las personas involucradas en eso.

—No creo que puedas hablar con él hoy, siempre que ese chico anda por aquí, jamás lo deja solo —habló nuevamente y mis hombros se hundieron.

—Esperaré a qué esté libre —dije, insegura de mi respuesta.

—Como tu quieras —ella se encogió de hombros —. Necesito ir a orinar.

Dijo y me pasó de largo, pero inmediatamente la detuve por el brazo.

—Espera, no me quiero quedar sola...

—Vamos, entonces —dijo y me tomó de la mano.

Nos adentramos en la casa nuevamente, con su complexión alta y delgada, se abrió paso fácilmente entre la gente que bailaba al ritmo de la música electrónica. La gente me golpeaba con sus manos o sus hombros debido a que bailaban sin importar qué.

Estábamos a punto de llegar a las escaleras, casi a un metro, cuando de pronto sentí que alguien me jalo de la chaqueta y nos obligó a detenernos. Giré la cabeza para mirar a la persona, pero apenas pude elevar un poco los ojos cuando sentí un tirón en el cabello que salía de la gorra.

—¡¿CÓMO TE ATREVES A TOMAR DE LA MANO A MÍ NOVIA?! —escuché el grito estruendoso.

Lo primero que hice fue tomar su agarre entre mis manos y tratar de soltarme de él.

—¡Déjame en paz! —grité por encima de la música.

—¡Karla! —dijo alguien a mis espaldas e identifique que era la chica con la que llevo toda la fiesta —. ¡Déjate de dramas y suelta a la chica!

—¡Dramas y una mierda, Karen! —respondió la mujer que seguía tomando mi cabello —. ¿¡QUIÉN ES ESTÁ ZORRA Y A DÓNDE IBAN TOMADAS DE LA MANO?!

Cuando escuché cómo me llamó, el coraje se activó dentro de mí.

—¿A quién llamas zorra? —pregunté y me deshice de su mano con fuerza. Levanté el mentón para demostrarle que no tenía miedo.

—A ti, pequeña zorra. Me imagino que no puedes ni llamar la atención de los chicos, por eso vas detrás de mí novia, ¿no es cierto? —soltó las palabras sin miedo —. Me imagino que vas por ahí con ese aire de chica buena, enamorando a todo aquel que te encuentres. Metiéndote en los pantalones de todos...

Mis impulsos fueron más rápidos que mis pensamientos y, sin pensarlo dos veces, levanté mi mano para atestarla contra su mejilla. 

Aún no sé quién soyHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora