Capítulo 5

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Las calles estaban oscuras haciendo que las luces de la fiesta llamaran más la atención. Eran las nueve de la noche y ya había demasiada gente, pero no tanta como para que todo se vea como un desastre.

—Es una casa gigante —dije observando la fachada.

Era de dos pisos, había demasiadas ventanas y ventanales, un patio muy verde y bonito. Era cuatro veces mi casa.

—Aún sigo pensando que debería mandarle a mi padre la dirección de la fiesta —hablé antes de entrar —. No se siente correcto sólo haberle dejado una nota.

En vista de que mi padre jamás llegó a casa y no contestó mis llamadas, sólo dejé una nota en el comedor diciéndole que iría a una pijamada en casa de Anna, además, escribí el número de teléfono de Anna para cualquier emergencia.

—No, Maya, si viene hasta acá y se da cuenta que no es una pijama, él te matará —mi amiga me advirtió.

Terminé dándole la razón y entramos a la fiesta.

Todo estaba oscuro, las luces de colores alumbraban los lugares y los rostros de las personas, nadie era conocido por mí. La música electrónica sonaba de fondo y las personas bailaban en pequeños grupos, el lugar olía a alcohol, sudor y hierba quemada.

—Anna, me dijiste que esta es una fiesta de dos chicos menores de edad —la tomé por la muñeca asustada —. Esto apesta a María...

—Maya, ellos sí son menores de edad pero supongo que vino gente de la universidad o algo así —habló mirando a nuestro alrededor.

Había un grupo de chicos fumando en una esquina, y por la palidez de su rostro y el color de sus ojos me di cuenta que no fumaban tabaco.

—Sólo relájate, aléjate de la hierba y diviértete —mi amiga me sonrió —. Ven, vamos por un poco de alcohol.

Desvíe la mirada del grupo de chicos y caminé con mi amiga hasta la cocina, ella tomó una botella de vidrio y vacío un poco de su contenido en un vaso para después vaciar soda de limón.

—¿Quieres?

—Tomaré una cerveza y ya —le dije mirando con disgusto su vaso.

Tomé una lata de cerveza y la abrí con cuidado, le di un pequeño sorbo y el sabor no me incomodo, lo cual me hizo saber que no era la primera vez que bebía alcohol.

—¿No crees que es impresionante la piscina? —mi amiga señaló la puerta corrediza en la cocina.

Afuera había una piscina llena de agua y espuma, había muy poca gente dentro.

—Está casa debe valer millones —dije dándole otro sorbo a mi lata —. ¿Quien es el dueño?

—Josh Bryan, está por allá sentado con las porristas —mi mirada viajó hasta la sala.

—Luce muy grande para ser menor que nosotros.

—Las hormonas cambian a los adolescentes, amiga —me guiño un ojo.

Platicamos de cosas sin sentido, bailamos un poco o al menso eso intentamos, después de un rato el olor adentro me empezó a sofocar.

—Quiero ir afuera —le dije a Anna y tomé otra lata de cerveza.

—De acuerdo, necesito ir al baño corriendo —mi amiga arrastró un poco las palabras. Buscó algo en su bolso y después me extendió su celular —. Ten, por si llama tu padre.

Tomé el aparto y lo guardé en mi bolsillo trasero.

—No tardes —dije pero Anna ya estaba trotando escaleras arriba hacía el baño.

Aún no sé quién soyHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora