Capítulo 1

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Recoger el desorden de mi habitación fue todo una proeza. Me alivio de una extraña manera ver la suela de madera limpia, las sábanas con un aroma a detergente y el cesto lleno de ropa sucia que debía lavar. Tan sólo me había tomado un día ordenar mi cuarto, pero sé que me tomará otro lavar mi ropa.

—Había olvidado de que color era el piso —la voz de mi padre me hizo girar mientras acomodaba mis libros en el estante.

Su comentario me asusto pero no dejé que se diera cuenta pues se veía feliz.

—¿Era muy desordenada? —pregunté con miedo.

—Algo así...

—Tal vez debería volver a dejar todo como estaba —dije de inmediato deteniendo mis movimientos.

Si yo era desordenada, tal vez es algo que no debo cambiar, tal vez esa parte de mi personalidad se debía a  algo y ahora sólo acabo de borrar ese rastro de mi pasado.

—No, está bien, hija —mi papá habló con seguridad —. No es un mal hábito después de todo.

Trague saliva y asentí en silencio.

Caminé hasta mi armario y acomodé la poca ropa que tenía limpia. Entre los ganchos, una sudadera llamó mi atención y la tomé, era muy gigante y color morado, tenía la leyenda "Culver" en letras blancas. Acerque el material a mi nariz y pude percibir un fuerte aroma a colonia de hombre y sudor, el recuerdo de un hombre me golpeó con brutalidad.

—¿Dónde está Eric, papá? —pregunté sin dejar de mirar la prenda.

—En la universidad, está cursando el cuarto semestre en la carrera de artes visuales —levanté la vista para mirarlo a los ojos.

—¿Él sabe que estoy despierta?

—No, apenas tengo tiempo de llamarlo y, cuando lo hago, jamás contesta. Quiero creer que es por su carga de trabajos en la escuela —dijo algo triste y asentí en silencio.

Regrese la vista a la sudadera y recordé a mi hermano. Eric era cuatro años mayor que yo, tengo muchos recuerdos con él en la niñez pero después de un tiempo todo se vuelve borroso hasta llegar a su fiesta de graduación de la preparatoria, esa fiesta la tengo muy presente pues fue cuando mis abuelos le regalaron su Jeep, su primer auto.

—¿Puedo intentar llamarlo? —pregunté después de un rato y papá sólo asintió.

Caminé hasta la sala y tomé el teléfono de botones, me senté en el sofá y después me di cuenta que no me sé su número, así que tome la agenda y busqué entre los nombres él de mi hermano. Empecé a teclear el número cuando una sensación de miedo se arraigo en mi pecho, no sé qué le diré, ni siquiera sé si quiere hablar conmigo o si tiene el tiempo de hacerlo.

Dejé el teléfono dónde estaba y me quedé sentada en el sofá.

—¿Lo llamaste? —levanté la vista y miré a mi padre.

—No, me dio miedo —confesé —. ¿Qué tal si no quiere hablar conmigo? No estoy muy segura, pero creo que tuvimos una fuerte pelea y eso provocó que nos dejáramos de hablar mucho tiempo...

Las facciones de mi padre se entristecieron.

—Lo hicieron, ustedes pelearon tan fuerte que Eric se fue a vivir con los abuelos un rato —preste atención a las palabras de mi padre —. Pero eso fue hace años, Maya, él aún estaba en la preparatoria y tu recién cumplías quince años.

Asentí en silencio ante sus palabras. Abrí la boca para hablar pero la cerré de inmediato, no se sentía correcto preguntar a que se debió esa pelea, al menos no preguntarle a mi padre.

Aún no sé quién soyHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora