Capitulo 46

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—No sé porqué, pero presiento que lo qué sea que mi madre te dijo, te dejó mal —salí de mis pensamientos al escuchar la voz de Elías.

Caminábamos hasta el estacionamiento, después de despedirnos de su madre y de qué él tomará mi regalo, el cuál lleva en una mano.

—No es nada, sólo me sacó de balance —confesé.

Las palabras de Eleonor retumban a en mí cabeza una y otra vez. Y desde que salí de la tienda, no he podido dejar de pensar en la posibilidad de llamar a Vincent, sólo para preguntarle cómo se encuentra, pues me siento preocupada por él, debido a las palabras de la mujer. Sean o no sean verdad, una sensación de pánico se ha asentado en mi pecho.

—Mi madre cree en todas esas cosas del tarot. La tienda es de nosotros, y suele ser muy popular en las épocas de Halloween —el chico que caminaba a mí lado me platico —. Supongo que a la gente le da curiosidad saber cosas qué no puede ver, pero que siempre están ahí.

—Cambiemos de tema —dije de inmediato, tratando de olvidar por un momento mi ansiedad —. ¿A dónde vamos ahora y por qué no me haz dado mi regalo?

Él soltó una carcajada.

—Eres miy desesperada —sonreí de lado porque tenía razón —. Vamos a mi auto, y te daré tu regalo... —aplaudí de la emoción pero el interrumpió mi celebración: —pero no lo abrirás hasta qué estés en tu casa.

—¿Por qué? —hice un puchero.

—Porque sí.

Solté un bufido y seguimos nuestro paso por el centro comercial. Salimos al aire libre, nos detuvimos un momento antes de cruzar la calle y, cuando llegamos al otro extremo, me detuve de golpe al ver quién nos esperaba en el auto de Elías.

—¿Qué demonios estás haciendo aquí? —mi voz sonó ronca, debido al reciente coraje que empecé a sentir.

La mujer tiro el cigarro al suelo y lo puso con tu bota de combate.

—Vine a hablar contigo —dijo Rebecca.

—No tenemos nada de qué hablar —me negué de inmediato, cruzándome de brazos.

—Es algo importante, Maya —insistió con las cejas levemente fruncidas en preocupación.

La sensación de pánico volvió a aparecer, y está vez con más fuerza, pues sé perfectamente que se trata de Vincent.

Mire a Elías, y él también me observaba.

—No tardare —dije en voz baja y él asintió con la cabeza.

—Estaré adentro del auto —me dijo con una sonrisa tranquilizadora y caminó.

Rebecca se alejó del auto para acercarse a mí. De cerca, pude notar las bolsas de cansancio que estaban dibujadas debajo de sus ojos, y las leves marcas que tenía en los nudillos, parecidas a las de una pelea.

Una vez que Elías entró al auto, Rebecca comenzó a hablar.

—Sabes perfectamente de quién vine a hablar, ¿verdad? —asentí con la cabeza —. Él está mal, Maya. Está muy mal.

Aunque no quería hacerlo, me preocupé más.

—¿Qué sucede?

—No tengo idea. De un día para el otro cambió su comportamiento —ella habló con la mirada perdida en el suelo. Toda esa seguridad que irradiaba la primera vez que la vi, hoy no estaba presente —. Se porta como alguien a quién no le importará nada. Bebe de más, fuma de más, y a dejado de ir a los entrenamientos de baloncesto, incluso lleva dos días sin ir a clases.

Mi estómago se revolvió ante sus palabras.

—¿Y qué quieres que yo haga? —pregunté en voz baja —. Él y yo ya no somos nada...

—Ese es el problema, Maya —me interrumpió frustrada —. Desde que ya no estás con él, ya no lo reconozco.

Un montón de piedras cayeron en picada a mi estómago.

Me niego a creer eso, me niego a creer que por mi culpa Vincent a decidido cambiar para mal. No puede ser verdad.

—Rebecca, yo no soy la culpable de nada. Vincent y yo ya no estamos juntos por decisión suya —ella al fin levantó la vista para mirarme a la cara.

—Él no se merece esto, Maya. Sea cual sea la razón por la que terminaron, le debes esto. Le debes de ayudar —ella insistió —. Sabes perfectamente la mierda que carga Vincent, no dejes que un simple rompimiento se lleve todo lo que él a logrado...

—No tienes derecho alguno a opinar nuestra ruptura —dije molesta por sus palabras —. Vincent sabe lo qué hace, no es un niño pequeño, y yo no soy nadie para cuidarlo.

Ella suspiró cansada.

—Está bien, no te obligare a hacer nada, pero si alguna vez sentiste algo por él, ve hoy a la fiesta que habrá en la universidad.

—No iré, no me puedo arriesgar a meterlo en más problemas —hablé recordando a su jefe y los conflictos con Marco, los cuales nos orillaron a romper.

—Yo me encargó de eso —ella se encogió de hombros —. Investigare si Marco irá, y por nuestro jefe no te preocupes, él sólo se entraría si alguien se lo dice.

Negué con la cabeza, pensando que esto es una completa locura.

—Rebecca, ¿por qué me estás diciendo esto?, ¿es por lo que sientes por Vincent? —pregunté después de un rato.

Ella metió sus manos en los bolsillos del pantalón, luciendo decaída y triste.

—Sólo quiero ayudarlo y ya —dijo cortante —. Me tengo que ir. Te veré en la noche. 

Aún no sé quién soyHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora