Por un momento pensé, que la cerveza que Elías había bebido le había llegado al cerebro. Pero ahora sólo veo, que realmente no busca aprovecharse de mí, si no, esconderme con toda su complexión atlética.
—¿Qué hacemos? —pregunté nerviosa y llevé mis manos hasta la espalda del chico, sólo para que no colgarán a los costados de mi cuerpo.
—No lo sé —murmuró y se alejó un poco para mirarme —. Debemos llegar hasta Anna, traerla con nosotros e irnos de aquí.
—Pero… —abrí la boca para replicar pero nada salió de mi boca.
—Lo lamento, Maya, creo que es demasiado riesgoso seguir buscando a Vince. Al menos aquí —mis hombros cayeron con decepción.
—Tengo una idea —hablé después de un rato —, llama a Anna y dile que nos encuentre en la puerta en cinco minutos. Ella es terca, pero creo que te hará más caso a ti que a nadie.
—De acuerdo —asintió y se alejó un poco más para buscar su celular y quitarle la tapa para llamar a nuestra amiga.
Murmuró un par de cosas, levantó la voz molestó pero terminó colgando la llamada cumpliendo la misión de traer a Anna.
No busqué a mi hermano con la mirada, sentía que si lo veía él sentiría que estaba aquí. Teníamos esa rara conexión de hermanos.
Caminé con la cabeza gacha y las manos de Elías en mi hombros hasta dentro de la casa. Luchamos para salir, pero cuando lo logramos pude respirar con libertad y rápidamente tomé asiento en la primera banca que vi.
—Esto apesta —solté con coraje cuando Elías se sentó a mi lado —. Vine aquí a perder mi maldito tiempo, y para que una chica tratará de ligar conmigo.
—Bueno, al menos alguien trató de ligar contigo. Yo pasé completamente desaparecido —solté una pequeña risa y el me miró ofendido —. No te burles. Me merezco que quieran ligarme, sólo mírame, incluso me peine el cabello.
Está vez, la carcajada salió más fuerte de mi boca.
—¿Entonces para eso te pusiste guapo? ¿Para atrapar a una chica universitaria? —pregunté sin borrar mi sonrisa.
—Pensé que estaba listo para hacerlo —su sonrisa se desvaneció un poco y lo mire confundida.
—¿Listo para qué?
—Para ligar con alguien que no fuera mi novia —me quedé congelada y un brillo de tristeza apareció en su mirada —. Bueno, en realidad es mi ex novia, porque ya no estamos juntos, pero no es porque no queramos. Es porque… —guardó silencio abruptamente. Aunque no terminó su frase, sé exactamente qué quería.
Mi corazón se movió con violencia y todo el humor de la situación se desvaneció.
—Elías, ¿no has estado con nadie más después de ella? —no pude evitar preguntar.
—Con absolutamente nadie —contestó con orgullo y nostalgia —. No es porque no quiera, las oportunidades siempre están ahí, es sólo que… —suspiró y me miró a los ojos —, siento que a ella le dolería mucho verme con alguien más.
—Pero creo que a ella le hubiera gustado verte feliz, aunque no fuera con ella.
—¿En verdad piensas así, Maya? —su voz sonó más ronca.
—Yo pienso así. Pero todos pensamos diferente —hablé nerviosa —. No creo que ella fuera egoísta, nadie es suficientemente egoísta como para atar a una persona a tu lado…
—¿Y si yo quiero seguir atado a ella? —me interrumpió —. Algunos días pienso, que mi destino en está vida es estar con ella, y solamente tengo que esperar para poder volver a estar juntos —confesó —. Pero otras noches pienso, que yo no era el amor de su vida, entonces me preguntó qué demonios estoy haciendo. Me preguntó porqué le sigo siendo fiel…
—Porque la sigues amando —resolví y él guardó silencio.
—No quiero hacerlo. Ya no la quiero amar —sacó un cigarro y lo encendió —. Pero tienes razón, lo hago. Y mucho.
No hablé por un rato para tratar de asimilar la conversación que acabamos de tener. Traté de tragar sus palabras y las mías, pues, hablé cómo si fuera una persona que sabe de amar y de desamores, cuando realmente soy la más inexperta en el tema. A menos qué, en mi otra vida, yo haya tenido todo eso que envidio de Elías y de su relación. Tal vez eso es lo que esconde la caja en el sótano de mi casa, esa parte de mí que sabe amar y querer apasionadamente, pero, ¿por qué está oculta? Y, ¿quién la ocultó?
Abrí la boca para hablar, pero un sonido conocido me prohibió producir alguna palabra . Esa era una voz, la voz que se encargaba de darme descargas eléctricas en todo el cuerpo con sólo decir mi nombre.
Me puse de pie de inmediato y miré a mí alrededor, tratando de intensificar el sentido mi audición para ver de dónde venía la voz de Vince.
Me alejé un poco de la banca, me giré en mi propio eje y el aire me abandonó cuando lo vi. Estaba de pie, con un cigarro en las manos y esa chaqueta de cuero que tanto me gustaba, pero lo que más me sacó de balance, fue que estaba con una chica. Era una chica preciosa, arreglada para la ocasión y a sólo diez centímetros de mí… de Vince.
—¿Qué sucede? —escuché a Elías pero no contesté, sólo señalé el punto que veía fijamente. Él movió la cabeza en esa dirección y habló: —Maya, ve a hablar con él…
—Espera —susurre y lo mire de reojo. Él tenía una mueca de preocupación —. Sólo necesito un momento.
—Sólo ve —Elías me empujó delicadamente y me tropecé con mis propios pies pero no caí al suelo.
Vince estaba en un ángulo en el que no podía verme, pero ella podía ver perfectamente que caminaba hasta ellos, pero aún no notaba mi presencia, sólo tenía los ojos sobre Vincent.
Sólo logré acercarme un par de pasos, cuando me detuve de inmediato para observar la escena frente a mi ojos.
Ella levantó su mano y la puse sobre el cuello del alto y rubio chico que fumaba. Él no se movió, ni siquiera para alejar el toque de la mujer, y eso quemó en cada punto de mi piel. Estaban demasiado cerca, estaban demasiado unidos y en su propia burbuja como para poder soportarlo y no sufrir de celos, y de miedo, pero no hablé ni me acerqué, simplemente retrocedí sintiendo mi garganta arder.
—Espera, Maya —Elías me detuvo cuando pasé a su lado, pero no lo mire.
—Suéltame —solloce.
—No te puedes ir así, necesitas hablar con él. Necesitas una explicación…
—¡¿Cuál explicación, Elías?! —perdí el control —¡Él está con otra mujer y ya! ¡No estaba desaparecido, solo estaba evitándome! ¡Sólo quiere sacarme de su vida como todas las personas que conozco!
Mi respiración era irregular, mis mejillas estaban mojadas y la sensación de la traición me apretaba el corazón. Elías no habló, pero sus ojos y su agarre se suavizó.
—Maya, tal vez las cosas no sean así —me reí amargamente.
—No me tienes que mentir para hacerme sentir mejor —hablé molesta —. Incluso hay días en los que tu me ignoras…
—Maya —me interrumpió pero ya estaba cansada y harta.
—Sólo quiero irme —lloré y bajé la vista al suelo.
—Maya, déjame hablar…
—¡Sólo quiero irme! —me zafe de su agarre.
Di un paso hacía atrás y después otro, y trote rápidamente a cualquier lugar que no fuera éste. A cualquier lugar que me quitará el dolor. A cualquier lugar que me ayudara a desaparecer.
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Aún no sé quién soy
Ficción General¿Sabes quien eres? Imagina despertar un día sin saber quién eres, sin recordar quién fuiste o tener alguna día de quien serás. Imagina un día tener las ganas de empezar de nuevo y sólo descubrir que tu pasado siempre te arrastrará, que tu pasado sie...
