—¿Cómo te fue en la preparatoria? Papá me dijo que ayer fue tu primer día —Eric habló acomodando sus agujetas.
Suspire y me di cuenta del humo que salía de mi boca.
—Pésimo, creo que no volveré a ir jamás —dije y pasé mi pie por el patín —. ¿Por qué me trajiste a la pista de hielo? Pensé que iríamos a comer pizza...
—La pizza es aburrida, esto es más divertido —dijo y se puso de pie. Con los patines puestos era mucho más alto, estaba segura que ahora media más de dos metros.
—Me muero de frío —dije molesta aún apretando las agujetas.
—Quita esa cara y apúrate, en media hora empezará a llegar la gente para ver una competencia.
Camino con cuidado hasta la puerta de la pista y me espero, cuando terminé de ajustar mis zapatos me puse de pie y cuando llegué a su lado lo tomé de la mano.
—¿Estás seguro de que puedo hacer esto? —pregunté nerviosa.
—Vamos, Maya, no tengas miedo —mi hermano me jalo hasta el hielo y empezamos a andar.
Me sorprendió de sobremanera lo fácil que me deslizaba por el hielo y lo divertido que era para mí. Era el primer día de mi nueva vida que sentía que estaba viva. Entre carcajadas, bromas y caídas de Eric, la tarde se fue volando.
—Ya es hora de irnos —dijo mi hermano patinando hasta la salida pero yo no estaba lista para salir de aquí.
—Sólo un rato más —me quejé dando vueltas en mi propio eje.
—Se acabo el tiempo, Maya, venderemos otro día —escuché la voz de mi hermano lejos.
Él ya estaba en el suelo quitándose los patines. Decidí que tenía razón, la pista de hielo siempre iba a estar aquí y a Eric aún le quedaba un día en la ciudad.
—Ya voy, Eric —dije decepcionada y empecé a patinar hasta él.
Deslice los patines por el hielo y mantuve la vista en mi hermano que me esperaba con sus patines en la mano.
Por un momento, por una milésima de segundos, cerré los ojos y cuando los volví a abrir, ya no era Eric quien me esperaba. Una figura alta y atlética me esperaba con los brazos abiertos, me quise detener pues estaba casi segura de que la sombra solo era un fantasma de mi memoria porque no tenía rostro o nombre. Pisé con fuerza los patines contra el hielo pero las piernas me temblaban tanto que perdí el equilibrio y sentí como mi cuerpo resbaló hacía atrás, el golpe helado se sintió en todo mi cuerpo pero llevé la mano a mi cabeza cuando sentí una punzada.
—¡Maya! —gritó alguien pero ya era muy tarde, ya me estaba adentrando en el mundo de la inconsciencia o eso parecía.
Cuando abrí los ojos estaba en una habitación oscura con sólo una luz cálida alumbrando, era pequeña y acogedora pero lo que más llamó mi atención fue la persona que estaba encima de mí.
—Maya, mi amor... —esa voz. La voz que me llamaba la otra vez estaba ahora enfrente de mí —. Maya, te quiero.
Rápidamente miré su rostro pero ahí no había nada más que un manchon borroso, sin embargo, todo se sentía tan real. Todo se sentía como si esto en realidad pasó, como si yo estuviera ante él en verdad.
—Maya, siempre te voy a querer —volvió a hablar con dulzura y su tacto se deslizó por mi rostro.
—¿Quién eres? —mi voz sonó diferente, se escuchaba aguda y tímida.
—Recuerdame, Maya —sus palabras me inquietaron —. Recuerda lo mucho que te quiero...
—¿Quien eres? —volví a preguntar pues me daba la sensación de que él no me escuchaba.
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Aún no sé quién soy
Ficción General¿Sabes quien eres? Imagina despertar un día sin saber quién eres, sin recordar quién fuiste o tener alguna día de quien serás. Imagina un día tener las ganas de empezar de nuevo y sólo descubrir que tu pasado siempre te arrastrará, que tu pasado sie...
