Capítulo 32

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El capítulo anterior fue el de está semana, pero los siguientes dos episodios son parte de un maratón. Los aprecio, gracias por leer. Xoxo.


—¿Entonces todo está bien? —Vince preguntó mientras acariciaba mi cabello.

—Sí, los doctores dijeron que sólo es el estrés. No iré a la escuela por dos días, así que me podré relajar —hablé mientras me acomodaba más en mi escondite, en el hueco de su cuello.

—Me alegro mucho que sólo sea eso, pero aún así debes cuidarte —habló con sinceridad —. Deberíamos celebrarlo, pero algo pequeño. No quiero que salgas y te estreses…

—¿A dónde me llevarás? —salí de mi escondite y lo miré con una sonrisa resplandeciente.

—A dónde más nos gusta ir. A la feria —acomodó mi cabello detrás de mi oreja.

—¿No prefieres quedarte aquí? Estoy realmente cómoda —suspire y volví a acostarme a su lado.

—Claro que estás cómoda, Maya, estás encima de mí —a pesar de que no lo veía, pude dibujar su sonrisa en mi mente mientras hablaba.

—Eres el lugar más cómodo en el qué me he recostado.

—Sí te quieres quedar aquí, está bien —habló después de un rato —. Pero sabes que no me agrada la idea de estar todo el día encerrados en mi habitación, sé que te mereces más que esto. Ni siquiera podemos mirar una película, el DVD se descompuso —habló y la tristeza se filtró por su voz —. Tampoco podemos hacer de comer, ni siquiera tengo un refrigerador…

Con las palabras de Vince, y la manera en la que hablaba, pude descubrir que no es que a él no le gustará estar aquí conmigo sin hacer nada, si no que parece ser que le avergüenza lo poco que tiene pero que, para mí, es suficiente.

Salí de escondite y recargue mi cabeza en mi mano para observarlo desde arriba. Suspire mientras lo observaba y pasé una mano por su poca melena, que ahora estaba más crecida que cuando lo conocí. Él me miró a los ojos con atención, su mano acarició la curva en mi cintura y la piel se me puso de gallina.

—¿Cuándo vas a entender que soy feliz solamente contigo? —susurre.

Su cuerpo se tenso debajo del mío y su mano detuvo su caricia.

—Sólo quiero darte lo que mereces.

—Me merezco muchas cosas, Vince. Lo sé, sé que la vida me debe muchas cosas por tantas cosas que me ha quitado. Pero no las necesito. Sólo necesito lo que quiero, y te quiero a ti.

Una emoción desconocida cruzó por sus ojos, una emoción que me infló el pecho de calidez. Una calidez desconocida, pero que me gustaba cómo para sentirla siempre.

—Dime que eres real, Maya. Dime que realmente estás aquí, encima de mí y con esa sonrisa que me llena el alma de vida —su voz sonó ronca, gruesa y nostálgica.

—Estoy aquí, y no me iré nunca.

Selle la promesa con un beso en los labios. Su otra mano fue hacía mi muslo encima de su cadera, y me acomodó encima de él, por completo. Sé que no soy liviana, pero a él no parece importarle mi peso.

Sus manos no dejaron de moverse por toda mi complexión mientras el beso se hacía intenso. Su lengua buscó la mía sin permiso y solté un jadeo de sorpresa ante la sensación tan placentera que eso provocaba. Vince se dio cuenta de eso, pues intensificó el beso empujando mi cabeza hacía él, desde mi nuca.

—Pensé que querías ir a la feria —me separé de él un poco para hablar.

—Pensé que te gustaba estar encima de mí…

Aún no sé quién soyHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora