Capítulo 28

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—¿Saldrás? —me escuché como una niña pequeña cuando le pregunté a papá.

—Si, pero vuelvo antes de la media noche —dijo mientras se arreglaba la corbata.

Sonreí al verlo tan arreglado y apuesto. Mi padre jamás a sido un hombre que demuestre emociones, pero hoy se ve especialmente nervioso y no hizo falta que me dijera nada, pues sé perfectamente que saldrá con una mujer.

—¿Cenaras con la doctora Inés? —pregunté en voz baja y él se tenso de inmediato.

—Es una cena de amigos —sus manos temblaron y sonreí de lado.

Al ver que jamás terminaría de hacer el nudo de su corbata, dejé el libro de química que leía sobre el sillón y me puse de pie para ayudarle. Él se quedó quieto mientras yo hacía el nudo de su corbata color rojo.

—¿Sólo amigos? —levanté una ceja.

—Maya, no voy a hablar contigo sobre mi vida amorosa —mi papá habló avergonzado y solté una pequeña risa.

—Está bien, papá. Sólo quiero saber si ella te gusta, no estaría mal invitarla a la casa un día a cenar y conocerla —hablé terminando mi tarea.

Mi papá se quedó callado, tal vez pensaba mis palabras o estaba demasiado nervioso como para poder pensar en algo más que no fuera su cita.

Regresé a mi asiento y tomé el libro, lista para absorber todo eso que necesitaba aprender para mi examen de mañana.

—Hija —la voz de mi padre me obligó a quitar mi vista del libro. Él suspiró con tristeza y se sentó a mí lado en el sillón —. Muchas gracias.

Lo mire sorprendida pues no sé realmente de qué habla. Se acercó a mí y me abrazó.

—Gracias por entender —murmuró y yo le di dos palmadas en la espalda.

—Papá, sé perfectamente que los problemas con mi madre son muy difíciles, pero también sé, que te mereces una nueva oportunidad —lo mire a los ojos y sonreí —. Sólo haz lo que tu corazón te dice.

—Lo haré —sonrió y se puso de pie —. Se me hace tarde. Estaré en un restaurante cerca, si sucede cualquier cosa sólo llámame. Te dejé la cena en el microondas.

—De acuerdo —asentí a todas sus indicaciones —. Suerte, y diviértete.

Me besó la frente antes de salir por la puerta de entrada y escuché el motor de su auto ser encendido, para después acelerar. Suspire y dejé el libro a un lado para cerrar los ojos y descansar mi mente de tantos problemas que corren en ella.

Es jueves por la noche, y estoy completamente sola y con él corazón roto.

Después de lo que sucedió ayer, no me he sentido bien. Simplemente no puedo dejar de pensar en Vincent y en esa chica. Él apareció hoy, me mando un mensaje de un número desconocido pero sólo decía “Hola, soy Vince”, los demás textos ya no los leí, no quería ver sus excusas o seguir torturándome de ésta manera.

También, eh estado evitando a Anna y a Elías. Después de la fiesta, ya no tuve contacto con ellos, ni siquiera para saber si habían llegado con bien a sus casas. Sólo sé que necesito mi espacio, necesito respirar sin sentir que me ahogó y necesito dejar de llorar. Volví a tomar el libro, decidida a retomar mis estudios que, en estos momentos, es lo más estable que tengo, a pesar de que no pasé con diez ningún examen parcial.

No sé cuánto tiempo duré leyendo, haciendo notas y memorizando datos, pero ya mi estómago gruño de hambre y ese fue mi pase para ponerme de pie y buscar la cena.

Aún no sé quién soyHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora