El jadeo de sorpresa fue colectivo e instantáneo. Incluso yo solté uno pues, jamás he golpeado a nadie y jamás he sido una persona abusiva. Supongo que, si me provocas, me encuentras.
—¡Acabas de cavar tu propia tumba!
Y entonces, empezó el desastre.
Sus manos volaron hasta mi cabello y las mías hasta sus muñecas para quitarme de su agarre. La gente empezó a gritar para motivar a la pelea y la música dejó de sonar, alguien gritaba que nos debíamos detener, pero ya no era yo la que golpeaba.
En un momento, sus manos se aflojaron y tomé esa iniciativa para hacerme para atrás, en ese movimiento la gorra salió volando y me quité el cabello de la cara.
—¡No he terminado contigo! —gritó la mujer y levantó las manos para regresar hasta mí.
Me preparé para el golpe, me erguí en mi lugar para demostrar que no tenía miedo e hice mis manos puños para poder protegerme. Tomé una respiración profunda y la chica se abalanzó, pero jamás cayó sobre mí.
—Ella ya ha terminado contigo.
El cuerpo del hombre se interpuso entre ambas y me daba la espalda, pero no necesitaba ver su rostro para adivinar que era a quién vine a buscar.
—¡No te metas en donde te importa! —gritó la chica con los ojos desorbitados del coraje.
—No permitiré que le pongas una mano encima —sus palabras me obligaron a deshacer mi guardia.
—Pero...
Ella se detuvo cuando Vincent le dio la espalda y se giró a verme. Sus grandes ojos color ámbar examinaron mi rostro, como si estuviera tratando de asegurarse que estuviera entera.
—Vámonos —dijo, me tomó de la mano y me jaló entre la gente con brusquedad.
Sus movimientos, hoscos y rápidos, me lastimaban, pero no dije nada.
Cuando salimos al aire libre, él no se detuvo. Siguió caminando por la calle hasta llegar a una esquina y dar la vuelta. Se detuvo abruptamente, me acorralo contra la pared y me miró con las cejas fruncidas.
—¡¿Es qué acaso estás loca?! —di un respingo en mi lugar ante su voz fuerte y demandante —. ¡¿Qué haces aquí, Maya?!
—Y-yo...
—¿Sabes el peligro que corres al estar aquí? —no me dejó continuar.
—Vincent...
—¡No puedes venir, así como así, sin pretender que nada ha pasado entre nosotros!
Sus palabras me hicieron guardar silencio.
El suspiró con frustración, se pasó una mano por el cabello, ya crecido, y se alejó un par de pasos de mí, para inhalar y exhalar con exageración.
Me quedé un momento embobada, viendo su silueta grande y fuerte contorsionarse debido al enojo. Jamás lo había visto así, tan molesto y tan... vulnerable.
—No vine aquí a meterte en problemas, y si lo hice, lo lamento —hablé después de un rato y sus ojos volaron hasta mí rostro.
—¿Entonces qué haces aquí?
—No lo sé —mi confesión lo descolocó un poco —. Realmente no sé qué hago aquí. Es decir, lo sabía al principio, pero ahora ya no...
Me tropecé con mis propias palabras.
—Te llevaré a casa —dijo sin más.
Sacó las llaves de tu escarabajo y se giró para abrir la puerta, ni siquiera note qué aquí estaba su coche. Me abrió la puerta del copiloto y me hizo una señal con la mirada para que subiera, y le hice caso, sólo porqué no sé qué más hacer.
ESTÁS LEYENDO
Aún no sé quién soy
General Fiction¿Sabes quien eres? Imagina despertar un día sin saber quién eres, sin recordar quién fuiste o tener alguna día de quien serás. Imagina un día tener las ganas de empezar de nuevo y sólo descubrir que tu pasado siempre te arrastrará, que tu pasado sie...
