Capitulo 33

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La canción se había terminado, y lo único que se escucha en la habitación son nuestras respiraciones irregulares. Nos quedamos así por lo que parecieron minutos, sintiendo el corazón de Vince sobre mi pecho calmarse poco a poco y mi cuerpo relajarse.

Él alejó su mano de mi interior y tomó mi muñeca para sacarla de su ropa interior.

-Te he ensuciado -su voz sonó tan roca que mi cuerpo reaccionó de manera inmediata a ella.

Por un momento no comprendí lo que decía, hasta que sentí ese líquido en mi mano y sonreí avergonzada.

-Claro que no -negué con la cabeza y me besó la mejilla con dulzura.

-¿Estás bien? -preguntó mirándome a los ojos.

-Excelente -confesé aún sonrojada.

Él sonrió y me acomodo detrás de las orejas el cabello que se me había pegado a la cara debido a mi sudor. Mi mirada cayó en una marca en su hombro e hice una mueca de inmediato.

-Te he marcado -hablé en voz baja y pasé la yema de mi dedo por encima de las marcas de mis uñas en su piel.

-Me gustan -habló mientras veía con orgullo su hombro. Solté una risita nerviosa y él me volvió a besar la mejilla.

-Necesito una ducha fría -habló después de un rato -. ¿No quieres acompañarme?

Sonreí con vergüenza y volví a esconderme en el hueco de su cuello.

-Ve tu sólo, aquí te espero -susurre.

-De acuerdo -asintió y se enderezó, sentándose por completo entre mis piernas -, pero primero vayamos a limpiarte.

Se puso de pie y se acomodó la ropa interior, me tomó de la mano y me ayudó a ponerme de pie para caminar hasta su baño. Tomó algo de papel higiénico y me limpió con cuidado la mano, observé con atención sus movimientos y la manera tan familiar con la que lo hacía. No parecía avergonzado, y honestamente, no debería de estarlo.

Lavé mis manos después de eso y él se giró para abrir el grifo del agua. Salió un momento del baño, y yo aproveché ese momento a solas para admirar mi rostro. Me veía diferente, más feliz, más colorida y un poco atontada aún. Me cepille el cabello para no parecer un desastre y también me acomodé la blusa de tirantes.

Vince regresó al baño con una toalla y ropa limpia y me miró a través del espejo.

-Aún sigue en pie mi propuesta -me guiño un ojo.

-Tomar un baño contigo significa que me veas desnuda -hablé mirándolo con vergüenza.

-¿Te incómoda eso? -preguntó seriamente y yo negué de inmediato.

-No. Es sólo que no estoy lista -admití y él pareció entender mi mensaje.

Dejó las cosas sobre la tapa del baño y caminó hasta quedar en mi espalda y abrazarme. Deje caer mi cabeza sobre su hombro y entrelace nuestras manos encima de mí abdomen.

-No tiene qué pasar nada si no quieres, Maya -susurró y besó la parte trasera de mi oreja -. Sólo te estoy ofreciendo un baño y ya. Quiero lavar tu cabello, enjuagar tu cuerpo y hacerte sentir cómoda a mí alrededor. Solamente eso.

Mi corazón se aceleró y dio un vuelco nervioso al escuchar la manera tan dulce y gran tranquila con la que decía las cosas.

Tomé una de sus manos y besé el dorso de ella. Me gire para poder verlo a la cara y sonreí. Me alejé un poco, sólo para poder quitarme la blusa, y después me volví a girar y quité el cabello de mi espalda.

-Está es la cicatriz más grande que tengo -hablé, mostrándole la línea rozada que devoraba parte de mi espalda y desaparecía en mi cabello -. Y está es otra -le señalé la pequeña cicatriz justo debajo de mis cosillas -, por aquí me alimentaban.

Solté mi cabello, y cubrí la desnudez de mis pecho con mis manos.

Él tomó mi cabello y lo hizo a un lado, no dejó de observar la cicatriz de mi espalda, y por un momento pensé que le daba asco, que se arrepentía de haber hecho lo que hizo conmigo sólo por esa maldita cicatriz. Pero después de un rato, note a través del espejo cómo se inclinaba y besó mi nuca, bajó un poco más y beso justo donde inicia mi espalda, y fue dejando una estela de besos hasta que cubrió toda mi cicatriz.

-Eres hermosa -susurró encima de mi piel.

No pude evitar sentir ganas de llorar. Sólo porque nadie, jamás, me había admirado de la manera en la que Vince lo hace. Jamás me habían mirado así, jamás me había hecho sentir así de segura con tan sólo decirme unas palabras.

-Tú también lo eres, Vince -la voz me tembló, debido a la cantidad de emociones que sentía ahora mismo.

Él sonrió. Se enderezó y me abrazó nuevamente por la espalda. Su mano derecha fue a mi cicatriz en el abdomen y acarició la piel rosada y borda.

-Gracias a esto pude conocerte. Gracias a esto, siento que puedo ser feliz para siempre, incluso cuando no tengo nada. Tu me das esa seguridad, de que todo estará bien, incluso en los días más negros -hablo en voz baja, mirándome a través del espejo -. Gracias por vivir, Maya. Eres el ser de luz más bonito que he conocido en mí vida, y tengo la dicha de tenerte a mi lado todos los días. Te quiero.

Una lágrima traicionera bajo por mi mejilla, y la limpié de inmediato. Sólo porque no quiero que Vince vea lo sentimental que puedo llegar a ser.

-También te quiero -dije con la voz apretada y él me apretó entre sus brazos.

-Mira lo que me haz hecho. Un romántico empedernido, qué confiesa sus sentimientos justo después de que me provocaste una eyaculación.

Solté una carcajada que sonó en todo el lugar, y él me siguió en mi risa.

-Tienes un don para arruinar los momentos sentimentales -hablé sin dejar de cubrir la desnudez de mi torso.

-Tengo muchos dones, Maya -me guiño un ojo -. Ahora vamos a quitarte ese sudor, empieza a oler más y no sé si eres tú o soy yo-solté una carcajada.

-Definitivamente eres tu -hice una mueca falsa cuando me incliné a oler su cuerpo.

-¿A sí? -alzó una ceja, retadoramente.

-Si. ¿Acaso no sabías que las mujeres no sudan? Y cuando lo hacen, huele a rosas -obviamente mentí, porque soy la primer mujer en la lista que es normal y qué obviamente suda, obviamente huelo mal cuando no tomó una ducha.

-Lo sospechaba -habló como un investigador profesional -. Ahora sé porqué siempre hueles tan delicioso.

Intentó acercarse a mí, pero lo detuve de inmediato.

-Apesto -confesé con una sonrisa y la suya creció.

-Claro que no, Maya -me abrazó y hundió su nariz en mi cabello -. Hueles a rosas, a perfume de lavanda y a fresas.

-No. Huelo a sudor, un poco de tu perfume y a shampo que usé cuando me bañe antes de venir -hablé alejandome de él y de su nariz.

-Patrañas. Hueles cómo los mismísimos ángeles.

-¿A qué demonios huele un ángel?

-A ti -me guiño un ojo y abrió la cortina de la regadera -. Ahora ven, quiero enseñarte mis mejores técnicas para lavar el cabello y el cuerpo.

Aún no sé quién soyHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora