La noche había avanzado mientras sólo reposaban y se acariciaban con roces de los dedos, la temperatura había bajado sin que se dieran cuenta, por lo que al bajarles la temperatura de la adrenalina vivida, Betty sintió escalofríos en la piel desnuda. Armando tomó una manta ligera del sillón cercano que servía más para decorar que para abrigar, y tapó un poco la desnudez de su mujer.
- Doctor... - Armando la miró con ojos aparentemente enfadados y luego sonrió de lado. Ella también sonrió y continuó. - Creo que no debemos demorarnos más, ponernos más cómodos me creará un problema con mis padres.
- Tiene razón Betty. - contesto él. - Ahora que su papá está al tanto de lo que siento por usted, no puedo empezar con mal pie. Yo sé todo lo que cuida a su pequeña. - Sonrió y rozó su nariz con la de ella. - Pero me preocupa que no cenó nada, Betty... ¡Venga! - Dijo mientras se incorporaba poniéndose apenas el pantalón para luego ayudarla a incorporarse. - Vamos a la cocina...
- Do... Armando... - Dijo esforzándose un poco. - De verdad no se preocupe, estoy bien, no me hace falta cenar. - La verdad es que su cuerpo se sentía satisfecho en muchos niveles. - Lo que me preocupa es mi papá.
- Bueno, veamos qué puedo ofrecerle y después llama a su casa para avisar que vamos saliendo para allá, ¿si?
Le pasó la manta por sobre los hombros y la levantó, pero Betty sintió que la pequeña manta apenas cubría parte de sus caderas, por lo que la dejó deslizar por debajo de sus hombros para cubrirse un poco más. Armando la observó reprimiendo una sonrisa que le hacía ver los labios finos y los pómulos hinchados, Betty nuevamente sonrojada, viendo hacia abajo y tratando de estar más presentable con esa pequeña manta... le parecía tan dulce, pero por sobretodo le parecía irreal. Betty era como un regalo que no se explicaba, después de lo bruto e inmaduro que fue, ahí estaba ella, entregada, dulce, tímida... ¡un ángel! No podía permitirse ser menos de lo que ella merecía, no podía permitirse tratarla menos de lo que merecía. Sintiendo esa felicidad que lo acompañó casi todo el día, la tomó por la cintura y la condujo hasta la cocina para sentarla en una de las sillas de su pequeño juego de desayuno. Abrió la nevera para decepcionarse, ¿qué esperaba encontrar?, era el apartamento de un soltero por donde no pasaba el cuidado de una mujer desde hacía semanas, Marcela a veces lo ayudaba a tener algo en la nevera para que se alimentara medianamente decente, pero él no necesitaba de tanta comida en casa porque por lo general comía fuera en restaurantes, en cenas de negocios o salidas casuales, además no era que hubiese sentido su apartamento como suyo en los dos o tres últimos años, más era su hogar el apartamento de Marcela, donde dormía regularmente, que su propio apartamento. Pero después de tantos días que había recogido sus cosas del apartamento de ella y se había venido solo en las noches al suyo, no era que hubiese tenido mucho tiempo o mente para saber cómo llenar su nevera. Lo que vio aún en buen estado fueron unas manzanas, y con un poco de pena se dio cuenta que era lo mejor que podía ofrecerle. Tomó una, la lavó con agua, la secó puliéndola y sentándose a su lado se la acercó.
- Betty, ¡qué descuido mi casa! Vea, disculpe que no le pueda ofrecer un poco más, debimos haber cenado en verdad... - le dijo con una sonrisa apenada.
- Armando, no se preocupe, ya le dije que me siento bien, lo que estoy es preocupada por mi papá.
- ¿Segura Betty?... - le pregunto tratando de leer su mirada, por lo que finalmente resolvió. - Esta bien Betty, déjeme traerle el teléfono inalámbrico para que lo llame, nos arreglamos y salimos para allá.
Salió de la cocina y de inmediato le trajo el teléfono, salió nuevamente al salón y recogió las ropas de Betty, las llevó a la habitación de visitas, las arreglo sobre la cama y volvió a salir al salón a buscar las suyas, mientras escuchaba en la cocina a Betty excusándose con su papá y calmándolo diciendo que ya estaban saliendo para allá. Volvió a sonreír, recogió su ropa y fue a la cocina nuevamente al escuchar que Betty ya había quedado en silencio. Al entrar, Betty seguía con el teléfono en una mano y observando la manzana en la otra.
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Finalmente Juntos
FanfictionArmando finalmente puede demostrarle a Betty su amor, esta dispuesto a arrancar de su mente todo el dolor que la hizo vivir. Ya sabía que la amaba, pero no sabía todo lo que podía hacer y sentir por amor. Betty se deja guiar y se da cuenta de cómo s...
