39.- Nerviosismo.

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Al finalizar su almuerzo, tuvieron que salir a la realidad. Y la realidad implicaba todas aquellas cosas que les preocupaban, Ecomoda, las franquicias… los papás de Armando. Betty empezó a ponerse nerviosa.

Esperó a entrar ambos en el auto, como si ese habitáculo fuese la cabina de teletransportación a esas realidades menos cómodas.  Mientras Armando encendía el auto, Betty no sabía si preguntar ni cómo preguntar sobre sus padres. Don Roberto siempre fue muy amable y cordial con ella, al menos como empleada, le había mostrado aprecio por sus cualidades y funciones en Ecomoda, al menos. Pero Doña Margarita era otra cosa, nunca la había tratado mal, aunque sí algo distante, sabía perfectamente sobre su cariño por la que iba a ser la esposa de su hijo, una hija más, siempre ilusionada con esa boda, algo le decía que ella aún estaría esperando una reconciliación entre su hijo y Doña Marcela… la vería como una intrusa? Armando se dio cuenta del silencio de Betty, en contraste a la risueña que tuvo frente a él en el restaurante, era imposible no darse cuenta...

- Betty, que le preocupa? – le preguntó sin rodeos y sin darle la opción de negarlo.

- Ehhhh… - Betty, no quería aún hablar sobre eso, eran sus padres, ella estaba recién empezando con él… - bueno, estaba pensando si ahora si le podría preguntar sobre los detalles de lo que hablo con el Dr. Muñoz… - terminó disimulando con otra de sus preocupaciones.

- Betty… relájese, no vaya a terminar neurótica como yo por trabajo… - se río Armando tocando su mentón.

- Pero fue grave? – lo tanteó.

- No, Betty, no se qué tan en problemas estemos, pero tal como me pediste, le hablé francamente, y bueno… me dijo que iba a consultar lo que decidieran los socios de la franquicia y que se comunicaba conmigo en lo que tuvieran sus exigencias.

- Tranquilo, ya verá que podrá resolver… - le dijo tomando su mano y dándole ese voto de confianza.

- Si… bueno... decidí dejarlo fluir, no hay caso en que me explote la cabeza pensando en qué pasara si dependo, por un lado, de Marcela, y por el otro, estoy a la espera de lo que los socios decidan. Igualmente los procesos los está llevando a cabo Marcela aunque sean desde el principio y sé que se que ella se asegurará de que se estén adelantando… pero vea, en verdad no quiero decepcionarla, Betty, esta es mi responsabilidad, me siento comprometido… y si a eso le suma el estrés de esta mañana…  casi muero!

- Me di cuenta… hacia tiempo no veía esa pelota anti estrés… - le dijo Betty con cara de ternura.

- Ve? Sólo hay algo en este mundo que me reconforta…

- Cariñitos en el cabello? – lo interrumpió Betty.

- Ayyyy, pero que bien me conoce!! – y ambos sonrieron. Aunque Armando mentalmente se refería a “otras cosas".

Beatriz se acurrucó en su abrazo y lo rodeó con el de ella de forma que su mano alcanzaba sus cabellos, los que con caricias peinó con sus dedos haciendo caricias con sus uñas en su piel. De esa forma podía escapar de su mirada, no fuese a seguir notándose su preocupación. Pero no iba a quedarse ahí el resto de la tarde, tendrían que salir del auto… con suerte podría disimular hasta llegar a la oficina.

Sin embargo, o Betty había perdido la habilidad de disimular, o Armando se había vuelto muy perceptivo, pensó ella. A penas se pararon frente a las puertas del ascensor en el estacionamiento para subir al piso 2, Armando le volvió a preguntar.

- Betty, sigo notándola tensa. Sigue preocupada por la franquicia o es algo más? – Betty abrió los ojos queriendo notarse como sorprendida.

- No, no, todo bien. – Pero para Armando no fue sorpresa sino una mala actuación.

Finalmente JuntosDonde viven las historias. Descúbrelo ahora