—No te ofendas, Hinata, pero te ves horrible. ¿Tuviste problemas para dormir o algo?
La voz de Hanabi sonaba como si viniera del fondo de una piscina. Hinata se dio cuenta de que se estaba quedando dormida y despertó lo suficiente como para levantar la cabeza y meter un bocado de cereal en su boca. Se preguntó si el halo de luz borrosa que se veía tan bien alrededor de la cabeza de su hermana sería consecuencia del sol que entraba por el tragaluz o de su casi total falta de sueño.
Decidió no contarle sobre lo que había averiguado en la Guardia, porque temía que sonara extraño o que lo hiciera parecer extraño. Estaba empezando un nuevo día y no quería empezar a arruinar las primeras horas.
—Shikamaru ronca como si se hubiera tragado un sapo. O un león.
—¿Tanto?
—Sí, y ademas se levantó a la mañana para entrenar, imagínate. Dice que tiene que estar lo suficientemente en forma para protegerme de cualquier amenaza. No hace falta decir que no creo que pueda dormir mucho este verano.
—¿Estás segura que no estás agotada por la noticia de ayer? —Hanabi no se andaba sin rodeos. A Hinata no le gustaba eso.
—Supongo que fue bastante intenso —dijo Hinata.
Realmente había parecido que Hanabi se había enterado de las noticias que ya rondaban en las primeras planas. Había pasado ya una semana desde que Naruto partió de casa junto con las Temuri, y nunca más se volvió a hablar de ello.
Ni Mina ni Ino, podían mencionárselo sin que entrara en una crisis emocional y se pusiera a llorar. Hanabi ahora se estaba instalando en su hogar y había sido de gran ayuda con Boruto. Hinata era incapaz de cuidarlo con la atención que necesitaba sabiendo que su otra hija estaba en quien sabe que lugar, seguramente en las manos de un desconocido.
Aún así, lograba alimentar a su hijo, mimarlo e incluso darle ella misma los baños de agua caliente sin que tuviera que pedírselo a alguna de las criadas de la casa.
De todas maneras, aquello de lo que tanto hablaba Hanabi era una noticia que le había devuelto la sensación de vértigo y desconsuelo.
Un desconsuelo que nadie era capaz de llenar. Ni siquiera Ino era capaz de mencionarlo sin que hubiera una pelea. Ya habían tenido una pelea a causa de eso.
Hinata frunció el ceño: no quería recordar que los periódicos hablaban de un supuesto romance de su marido con la sobrina menor de la condesa.
Un fuerte dolor de cabeza la hizo cerrar los ojos. Estaba molesta.
—Maldición. No quería sentirme así justo hoy.
Hinabi empujó una taza de té hacia ella.
—Prueba esto. Está tan fuerte que haría funcionar hasta una podadora.
Giro la taza con cuidado para esquivar la pequeña mancha rosada que Hanabi había dejado en el borde. Bebió un sorbo y sintió un sabor que era una mezcla entre líquido para encendedor y jarabe de arce. Se apuró a tragar para no escupir la bebida dulzona.
—¡Ahs! Cómo puedes beber eso.
—En realidad detesto el sabor de este té, pero el azúcar ayuda a disimularlo —admitió Hanabi—. Y no puedes ser artista y no beber café. Simplemente... no se hace. En todos los lugares a los que me han invitado siempre sirven este té de hierbas secas y vino, así que, hay que aceptarlo y aguantarlo.
Hinata río. Hanabi nunca había sido la clase de persona que le interesaba ser aceptada: aunque todos hacemos algunas concesiones de vez en cuando.
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|Latidos|
FanficHinata Hyuga era conocida no solo por su belleza y su extraordinario físico, sino también por su personalidad tan atrevida, lo que hacía otorgarle un asiento elevado entre las más deseas chicas de la ciudad. Le resultaba cómico ver hasta dónde era...
