Capítulo 12. Normas

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Estaba sola con Naruto. Mierda, mierda, ¿que podría decirle? Debería de disculparse por haberle mencionado a Sasuke. Podría ser de clase alta, podría ser lo que fuese pero no era una maleducada.

—Lo siento —susurra ella, mirándose fijamente las manos que no deja de frotar con fuerza.

Qué difícil es.

—¿Por qué? —le pregunta, la observa con ojos perversamente azules y brillantes.

—Pues por todo por...

—¿Que sientes, Hinata? —la interrumpe, se detiene y se vuelve hacia ella. Hinata podía notar la ligera inclinación con la que se acerca a ella. Incluso creía que sus cuerpos ya estaban tocándose de nuevo.

Maldita sea, quiere su recompensa.
—No haberte dicho nada. Estar triste. Uf, la lista es interminable —murmura sintiéndose completamente roja.

Quería que se la tragara la tierra.
—A todos nos ha pasado alguna vez, quizás no de manera tan dramática como a ti —le contesta secamente—. Sé que aún sientes algo por ese chico, pero es cuestión de conocer lo que quieres, y lo que necesitas. Enfocarte en ti, Hinata.

Hinata le mira desconcertada. ¿Y realmente le importaba? Parecía un hombre maduró riñéndola como si fuera una cría idiota.

—No —le dice arrepentida— La verdad que es que fue un error haber estado con él y ahora no quisiera repetirlo.

El corazón le palpita con violencia. Todavía está demasiado agitada y cansada, lo suficientemente exhausta como para sentirse mareada por la privación del sueño. El descanso merecido después del sexo.

¿Por que Naruto todavía estaba ahí? Ahora que lo pensaba, quizás ella no le importaba. Quizá solo había sido algo de momento.

Hinata siente que se va a caer, pero él se da cuenta y la sujeta antes de que se caiga y la apoya contra su pecho como una niña.

—Vamos, te llevaré a la cama —murmura.

—Tengo que ir a la cena. Mi padre...

Hinata vuelve a estar entre sus brazos.

—Mikoto puede avisarle a tu padre.

—¿Qué?

—imagine que estaríamos ocupados, charlando, pero no me imaginé que... en fin. Le avise que pasadas las nueve le avisará que no llegarías a tiempo.

—¿Cómo? —le preguntó, confundida. No lo entendía.

—Estaba enterado de que me reuniría contigo.

—¿En la cena de ayer?

—No. Antes de encontrarnos acá.

¿Pero cómo? El don perfecto siempre estaba en todo.

—¿Tendrás la cama alistada? ¿Prudie te habrá dejado él té?

—Si, siempre lo hace. Naruto, por favor, debo ir con mi padre. Se molestara...

Aprieta los labios y suspira ruidosamente.

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