Capitulo 48. Un cuento perfecto.

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Los tres comieron en relativo silencio. La carne estaba exquisita, la ensalada había quedado espectacular y lo había seguido un pastel de manzana casero con una pizca de canela. También tomaron café solo, que parecía anunciar que les esperaban horas que requerían energía.

Estaban hambrientos y emocionados por igual. Por primera vez en lo que parecían haber sido semanas, recordaron los almuerzos familiares que tomaban siempre en casa.

Naruto retiró los platos y los amontonó en el fregadero. Se llenó la taza del amargo café por segunda vez e hizo un gesto a Sai para que se sentara en el sillón de gamuza y cuero. Le sirvió un té de manzanilla a Hinata pero esta le rechazó pidiéndole mejor un whisky.

—¿Otro vaso? —inquirió él con una ceja levantada.

Hinata asintió.
—Si, por favor —le pidió, con vehemencia—. Esta noche me provoca relajarme más de lo normal.

Se levantó de la mesa y se sentó en el sofá junto a Sai aunque con la suficiente distancia para no rozarse.

Naruto se encogió de hombros.

—Yo quiero uno también —dijo Sai con una sonrisita felina.

El rubio frunció el ceño con gesto divertido y al final terminó por llevarles a su amigo y su mujer un par de vasos con whisky, siempre lo llenaba con un dedo de licor, no demasiado para ponerte mal de un trago, pero si lo justo y necesario para causarte sed y terminar como Sai y Hinata, pidiendo más.

Cuando les pasó las bebidas, Naruto le dedicó una mirada de advertencia a Hinata.
—No deberías tomar tanto... —su enfado era un poco notable.

Sai lanzó una carcajada.
—Vamos, amigo... —su voz era relajada—. No seas tan duro. Mañana igual tendremos que seguir bebiendo.

Hinata contuvo el aliento ante el carácter esquivo de su marido. Se movió en el sillón sintiéndose como una niña a la que riñen injustamente.

Sai los miro, y Naruto supo que su amigo era consciente de todos los sentimientos que los invadían, con la misma habilidad de un adivino en feria.

—A ver, chicos, ¿por qué tan ansioso?

—Por lo mismo. Tendremos un montón de invitados mañana y no sabemos ni por donde comenzar a decorar —masculló Hinata un poco frustrada.

—Es su familia —dijo Sai como si fuera lo más obvio del mundo—. ¿Qué más da si la casa no es tan grande como la anterior o si no queda espacio suficiente para que se queden a dormir? Ellos lo entenderán. Estamos hablando de no más de seis personas.

—Tienes razón —musitó Naruto, tomando asiento en el sillón frente a ellos.

Hinata dudo un poco, pero decidió guardarse lo que tenía en mente. A lo mejor tenían razón. Seguramente no iba a ser tan malo.

—¿Sabes algo de Ino? —pregunto Hinata, tomando de un solo trago a bebida.

Sai se removió incómodo.

—Tengo mucho tiempo sin verla, pero siempre le mando cartas... cuando puedo.

—¿Ah, si? —Hinata enarcó las cejas—. Recuerdo que tienen mucho sin verse, ¿no estás nervioso por mañana?

—Sí, es así. Hace un montón que no nos vemos. Estoy nervioso, si.

—Sera un momento bueno —dijo Naruto—. Mañana no solo celebraremos nuestra nueva casa, también el reencuentro de ustedes.



Por lo general, era así. Tardaron al menos unas tres horas más comiendo y divirtiéndose sin darse cuenta que ya era demasiado tarde. Haciendo un maximo esfuerzo Sai se levantó del sillón con mucha pereza y algo inestable por el alcohol y se despidió con una enorme gratitud.

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