Capitulo 45. Despues de ti.

322 28 8
                                        

Ya eran casi las tres de la tarde cuando Hinata había aparecido de la nada en el despacho de Erika y fue solamente para encontrarlo. Mirándola sorprendido cuando vio que tenía los puños cerrados y a cada lado de su cuerpo, a punto de pegarle.

—No puedo creer que haya venido aquí por nada.

—Hinata, por favor, cálmate —le dijo, cautivado por la brillante luz fiera de sus ojos.

La observo con su vestido de corderita que se ajustaba en la cintura y la blusa suelta de seda en la parte de arriba que llevaba metida por dentro. Llevaba zapatos planos, cosa que la hacía casi treinta centímetros más bajitos que él. El pelo corto le caía hasta los hombros, alrededor de la cara, que llevaba lavada y sin maquillar.

Lanzó su antifaz sobre el sillón orejero de la habitación.

—Habías dicho que te ibas a portar bien.

—Bueno, teniendo en cuenta que aún no te he besado, hasta ahora me he portado bastante bien.

—Es demasiado tarde para eso.

—¿Estás segura? No he hecho absolutamente nada para que te enfades conmigo.

—Es cuestión de tiempo —soltó furiosa.

Mudo, vio cómo ella todavía seguía con los puños cerrados y empezaba a impacientarse todavía más.

—Te estás poniendo muy agresiva —replicó él.

—Es por tu culpa.

—No lo es. ¡Pareces loca!

—Sí que lo es. ¡Y tu pareces un lacuache!

—¿Qué coño es un lacuche? —ahora su mirada era incrédula.

—No lo sé... ya no se nada.

El se quedó mirándola.

—No parezco ningún lacuache. Solo dime cual es tu problema ahora. Ya te dije que no pasa nada.

—Bien —le dio una patada a la mesita de noche, haciéndola trastabillar—. Estoy celosa, muy celosa, y enojada.

—No pasó nada —repitió.

Ella lo miro con un poco más de serenidad.

—Entonces, explícame por qué Shion te dejo su pintalabios en tu camisa.

—Ya te dije que no lo hizo con mala intención.

—Llevamos separados un mes —apoyó la espalda en la pared y le lanzó una mirada de lo más furiosa—. Y viéndonos ahora, te consigo con un beso pegado a la camisa. Y tu todo... todo semi desnudo.

Él se quedó mirándola.

—Hinata —se acercó a ella solo unos centímetros mas, los suficientes para que sintiera su cercanía—. Jamas sería capaz de lastimarte de ese modo. Solo quiero volver a casa contigo, y mis hijos. Es todo.

Ella relajó los hombros al instante, bajo la guardia aunque fuese un instante.

—Te juro que si me llego a enterar que algo paso... —rechinaba los dientes, y su mirada estaba oscurecida por un brillo malévolo—, voy a dejar a Erika como una berenjena.

Naruto evitó soltar una carcajada, aunque fue imposible mantener la sonrisa que se dibujaba en sus labios. ¡Sí que era una fiera! Su esposa nunca se había comportado tan violenta.

El poder de los celos. Te hacía cambiar mucho.

—¿Comó dejaste a la pobre Shion? —mencionó, con un gesto burlón—. Amor, estás bastante violenta últimamente. ¿Qué pasa?

|Latidos|Donde viven las historias. Descúbrelo ahora