"Es del oro de Oshùn que se hace la armadura que protege mi cuerpo"
Luego de que salieran de aquel lugar, ya en el taxi Valentina para seguir en el mood armonioso en el que estaban después de poner a Brenda en su sitio, evitó cualquier tema relacionado con la conversación que había mantenido con la gorda, no quería darle detalles de su estado físico, si la mulata le preguntaba ella le respondería con la verdad, pero de momento ella no lo había hecho así que ahí estaba, en pleno taxi metiéndole mano a su esposa, escuchar lo que le había dicho a Brenda y de la manera en que lo había hecho la había encendido, aunque para ser sinceras, no había ni un momento del día en que la turista no se sintiera caliente con semejante mujer a su lado, esa mujer ahora era su esposa, no solo ante los ojos de Dios sino ante los ojos del mundo y del registro civil, pues ya le habían llegado esos papeles a su casa gracias a que también tenían un contacto miembro del movimiento que trabajaba en el registro civil de la Habana, el cual agilizó el papeleo y no permitió que el régimen metiera las manos en su certificación de matrimonio.
Juliana-que hace escritora?, respete—dijo con seriedad y haciéndose la ofendida. Iban solo ellas en la parte trasera del auto, adelante alguien más y por supuesto el chofer. Valentina ya había logrado llevar su mano a la entrepierna de Juliana y estaba jugando con sus pliegues. Era fácil porque la mulata llevaba una falda de mezclilla puesta, el acceso estaba garantizado. Valentina disimuladamente se acercó a su oído y antes de hablar se lo lamió
Valentina-eso... eso que dijiste de que tu no hacías amarre ninguno, que tu solo cogías bien rico y ya, me dejó pensando—le mordió el lóbulo de la oreja y Juliana en un movimiento rápido logró sacar su mano de su centro, tenía deseos pero no era el momento, estaban en un auto con dos tipos que la estaban mirando raro, solo que la turista no se estaba dando cuenta porque en ese momento no le estaba llegando la sangre al cerebro
Juliana-enferma, cuando lleguemos a nuestra casa te demostraré una vez más que lo que dije era cierto, la brujería la tengo aquí escritora—dijo señalando con su mirada su entrepierna y se mordió los labios, acción que no pasó desapercibida para la turista que también se mordió los labios, conteniendo las ganas de volver a llegar con su mano a ese lugar y apresurando los segundos en su cabeza para ver si así el tiempo corría más rápido y llegaban a su casa cuanto antes. Quería hacerle de todo a su dulce esposa, sin duda el resto de la tarde y gran parte de la noche lo tendrían totalmente ocupado, demostrándose cuanto se amaban a base de sexo duro, de ese sexo caro que solo ellas podían hacer con amor.
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Estaban a inicios de octubre, sus movimientos en contra de la dictadura no habían cesado, ahora tenían mayor libertad, a pesar de que las comunicaciones o acceso a internet seguían siendo nulas, el régimen no podía hacer nada en contra de ellos, el mundo entero los reconocía, la presión de Lauren como periodista de élite en ese momento gracias a que tenía la mejor información del movimiento Patria o Muerte, un tema de interés mundial, con ese tema tenía paralizada a la maldita dictadura. Su visita a la Casa Blanca estaba a la vuelta de la esquina y debía prepararse muy bien, pues esa junto con la que le había hecho a Habana, eran las entrevistas más importantes no solo de su carrera si no de su vida. Muchas personas la seguían y admiraban el grandioso trabajo que estaba haciendo, brindando una información que muy pocos tenían acceso. Estaba abogando porque la Unión de Naciones Unidas que bien poco había hecho hasta ese momento, le exigiera al gobierno cubano poder entrar nuevamente a la isla y dejarla ejercer su derecho primero como cubana, ese de poder entrar y salir de su país de nacimiento cuántas veces ella quisiera, y segundo ejercer su derecho a cumplir su labor como periodista.
Eloy no se equivocó cuando le dijo a la turista que la dictadura había utilizado su mejor carta al llevarlos a las peceras y hacerla elegir. Ahora ellos estaban por delante y tenían muchas cartas ganadoras, la primera era la turista, como bien había vaticinado el chico, nadie se iba a volver a atrever a ponerle una mano encima a la esposa de la niña del pueblo. Esa noticia estaba haciendo pedazos a la dictadura, pues nadie en el mundo entendía que una chica supuestamente criada y adoctrinada por ellos, una chica que había crecido con los supuestos valores de la revolución había acabado casada con la líder de un movimiento que estaba en total desacuerdo con las ideas que el régimen le había inculcado a la niña del pueblo.
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HABANA (Juliantina)
FanfictionDicen que en la guerra y en el amor todo se vale, pero como vivir amando en medio de la guerra? Cómo se pueden hacer las dos cosas al mismo tiempo si no tienes tiempo? Cómo entregarle hasta tu alma a una persona que está buscando la suya a través de...
