SERÁS LIBRE

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  A falta de solo una semana para el juicio, era el momento de que Alicia Floreck cumpliera con su palabra, ella le había prometido a Juliana que haría lo posible para que antes de que el juicio comenzara ella pudiera visitar a Eloy. Alicia lo había conseguido y Juliana iba camino al hospital psiquiátrico donde lo tenían desde hacía casi un año, siendo escoltada por más de veinte oficiales como si ella pudiera ser capaz de acabar con ellos en tan solo cinco minutos, como si fuera la más peligrosa de las asesinas. No fue sola, su abogada estaba con ella, era la responsable así que era su deber acompañarla y que su defendida no se saltara la ley en ningún momento.

  Entrar al lugar llevaba su proceso así que se demoraron un poco, logrando con esa demora que la ansiedad en Juliana creciera mucho más, se imaginaba en las condiciones que debía encontrarse su amigo, ella se había preparado durante días para ese momento pues sabía que no sería fácil, pero en cuanto le dieron acceso al salón de visitas y lo vio el corazón se le comenzó a romper en pedazos, una vez más pues aunque este dolor era diferente al que sintió y estaba sintiendo por estar lejos de Valentina, ver a su amigo en las condiciones que estaba era demasiado doloroso.

  La maldita dictadura le había quitado la vida sin necesidad arrebatarle él aliento. Eloy estaba muerto en vida, los medicamentos que le estaban suministrando estaban acabando con él a toda velocidad. Sí de por sí era delgado, ahora lo era mucho más, estaba peludo y desaliñado, su mirada perdida en algún lado de ese salón, la boca torcida y babeada producto a la falta de movilidad en ese sitio, el inquieto movimiento que no dejaba de hacer debido a la ansiedad que le provocaba la abstinencia de llevar días sin consumir las pastillas que le daban y que por razones obvias pues sabían que sería visitado pues no le habían dado. Lo más que el chico hacía de vez en cuando era dibujar, Camila le había llevado su caja de lápices y colores para que pudiera hacerlo cuando quisiera y así era, habían momentos que lo hacía y casualmente ese día lo había estado haciendo antes de que Juliana llegara.

  Juliana fue consiente de todo eso en tan solo segundos que se demoró en llegar hasta él. Ella no sabía ni que decirle, estaba parada frente a él y no podía decirle ni una sola palabra porque ya sabemos como es y, aún en momentos de máxima tensión como esos ella seguía creyendo que si hablaba perdería el poco aliento que le quedaba y moriría por falta de aire.

  Eloy ni siquiera había notado su presencia, él estaba en un mundo al que ni Juliana ni nadie tenía acceso. Ella se agachó para quedar a su altura, logrando ver que escondido entre sus brazos y la mesa habían varias hojas con algunos dibujos o garabatos pintados. Intentó agarrarle un mechón de su cabellera rizada pero este reaccionó y le apartó la mano rápidamente, sorprendiéndola pues él en su sano juicio nunca hubiera sido capaz de tratarla así, pero es que él ya no era él mismo y vivía desconfiando de todo y de todos.

Juliana se recompuso y tomó asiento frente a él, debía soportar lo que viniera porque ella se sentía la principal culpable de que él hubiera acabado de esa manera. Eloy evitaba mirarla, la ansiedad se hacía cada vez más pesada, logrando impacientarlo poniéndolo más nervioso. Ella tragó en seco y agarrando más valor del que creía tener, volvió a intentar agarrarle el mismo mechón de pelo de antes, obteniendo como resultado que él se pusiera más incómodo y levantándose con enojo de su silla.

Floreck pidió ayuda rápidamente pues temía que las cosas se pusieran peor, pero Juliana con su mirada le hizo saber que no era necesario y que se mantuviera al margen y ella así lo hizo. Juliana fue hacía él que se había sentado en el suelo abajo del marco de la única ventana del lugar. Una vez más se puso a su altura y decidió hablarle en vez de agarrarle el mechón de pelo.

Juliana-Eloy... soy yo... soy la fla...—él negó con insistencia y sin mirarla le habló también
Eloy-no... no me digas así, así solo me dice ella... así solo me dice la flaca, para todos los demás soy Emilito, no me digas así—a Juliana se le detuvo el corazón al saber que aunque no era capaz de reconocerla, al menos la recordaba
Juliana-soy yo niño, yo soy la flaca... tu amiga, intenta recordar, nos conocemos desde que éramos así—hizo un gesto con su mano indicando que se conocían desde pequeñitos y Eloy seguía negando. Él se atrevió a mirarla pero no a sus ojos, aún sentía desconfianza así que la miró de arriba abajo como estudiándola pero seguía sin tener el valor de mirarla a los ojos. Ella se dejó observar y le dio el tiempo que él creyera necesario. Pasaron unos segundos más y por fin habló
Eloy-tu no puedes ser ella, estás fea y desaliñada, mal vestida, no sonríes y... y... hueles mal—eso último lo dijo muy bajito y avergonzado, pero provocaron en Juliana una sonrisa que él por un momento pudo identificar—lo siento—ella hizo un gesto con su mano haciéndole saber que no le importaba
Juliana-tu recuerdas a que olía la flaca?—él sonrió mientras asentía—a que olía?
Eloy-bueno... ella olía... ella olía muy rico, pero tenía un olor único, siempre olía a miel—Juliana acalló un sollozo mordiendo su mano y elevó la vista al techo intentado calmarse, respiró profundo y habló
Juliana-cómo están tan seguro que yo no soy la flaca si no me has mirado a los ojos?—él quiso hacerlo pero no lo consiguió, ya no se sentía tan tenso como antes pero no confiaba del todo. Como respuesta se puso de pie incitando a Juliana a hacer lo mismo dirigiéndose hacia la mesa donde estaban sus dibujos.

HABANA (Juliantina)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora