Dicen que en la guerra y en el amor todo se vale, pero como vivir amando en medio de la guerra? Cómo se pueden hacer las dos cosas al mismo tiempo si no tienes tiempo? Cómo entregarle hasta tu alma a una persona que está buscando la suya a través de...
Juliana y Valentina habían salido a la hora pactada, habían hecho algunas fotos en lugares importantes de la Habana, tenían bastante material para escoger. Eran más de las cuatro de la tarde y no habían comido nada desde el desayuno que amablemente Juliana había preparado para todos. Estaban solas, ninguna de la chicas las quiso acompañar, siempre estaban junto a ellas, habían demostrado que la cosas habían cambiado y que no se tirarían los trastos a la cabeza, ya habían superado esa etapa y no había razón para seguirla a todas partes.
Se sentaron a comer en un restaurante muy famoso que estaba situado frente al Capitolio Habanero "Los Fornos" era una mezcla de comida cubana y española y siempre estaba lleno de personas por lo bien que cocinaban. Valentina nunca había ido así que no podía saber que el sitio estaba decorado de forma rústica pero muy romántico a la vez, habían velas en todas la mesas y hasta un violinista y pianista que no paraban de tocar.
En lo que la cena llegaba se acercaron para poder observar las fotos que hasta ese momento habían tomado, la cercanía era tan placentera como tortuosa para ambas, sus olores las seguían enloqueciendo, sus corazones seguían latiendo con la misma o mayor intensidad.
Prefirieron enfocarse en las fotografías, las dos tenían sus favoritas pero coincidían en que de todas las que habían hecho hasta el momento, había una que sin duda sería la elegida para el reportaje que Lauren hora sobre Habana en el momento que Habana decidiera revelar su identidad.
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
La cena fue en silencio, no estaban incómodas pero les hubiera gustado a ambas disfrutar de un restaurante como ese como lo que realmente eran, dos mujeres enamoradas, de hecho Valentina le compró una rosa amarilla a Juliana pues habían varios vendedores y cada cinco minutos pasaba uno por su mesa insinuando que las compraran. Sabía que a Juliana no le agradaba que le regalaran flores, mucho menos rosas, no se volvería loca con ese tipo de regalos, pero la rosa era amarilla y el amarillo era la debilidad de su mulata.
Juliana le agradeció el gesto, estaba encantada con la turista, no es que había cambiado porque Valentina siempre fue así con ella, pero estaba sorprendida de lo bien que iban la cosas entre ellas a pesar de no ser parejas, pues Juliana imaginó que no podría perdonar nunca a Valentina y que Valentina nunca la perdonaría a ella. Por las manera en que se estaban tratando parecía que si, y que todo se resolvería para bien, lo que una cosa era querer creerlo e imaginar que así iba a ser a que así fuera en realidad.
Sobre la seis de la tarde llegaron al vecindario, no habían terminado la sesión de fotos, faltaban unas cuantas más. Juliana se dio un baño, estaba muy sudada de tanto caminar. Valentina quería hacer lo mismo pero Juliana le dijo que tomara el baño en su casa, que no se fuera porque pronto oscurecería y las fotos no saldrían iguales, fue entonces como la turista volvía a bañarse en el baño donde tantas veces lo hizo acompañada de Juliana, recuerdos pasaron por su cabeza, ideas para nada castas también. Se terminó rápido de bañar y salió a toda prisa de ese baño solo para entrar en otro lugar que le traía muy buenos y calientes recuerdos, se volvería loca si seguía en esa casa, aunque eso no fue lo que la impactó en realidad, si no la mulata, la mulata siempre era la culpable de sus pequeños infartos y faltas de aire.