La pena y el dolor que infringes volverán forzosamente a ti como un boomerang, para golpearte con la misma intensidad que usaste al lanzarlos. No es castigo: es enseñanza. No es capricho: es moraleja. No es venganza: es justicia. Llegó el turno del...
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Área 10: Peace Road
17 Años
Altura: 1.88
Peso: 79
Voluntario
Arma: Sable
Fortalezas: Inteligente, Afable, Proactivo
Debilidades: Magnánimo, Idealista, fobia a los insectos
Amuleto: Medalla de honor
"Cain, no hagas nada precipitado."
Las últimas palabras de Madre antes de despedirme de ella para ir a la Gran Cosecha resuenan en mi cabeza. Ella como tantas otras veces, supo intuir lo que estaba pensando. Nuestra despedida, más emotiva que de costumbre, la hizo sospechar. Pero era la última vez que la iba a ver posiblemente, y debía ser así.
Desde que se anunciaron los Juegos del Hambre ella ha sido quien se ha llevado la peor parte. Nuestra madre ha probado su eficiencia más de una vez como miembro del ministerio de economía y finanzas de Panem. Pero cuando se hizo el cambio de gobierno, fue degradada a una simple contable en el mismo ministerio. Tal vez no ha sido despedida por eso a pesar de su apellido. Hubo un juicio contra todos los altos cargos tras la revolución, pero ella salió absuelta. Eso fue ya en época de Paylor. Aún tengo mis dudas de si hubiese tenido la misma suerte con Alma Coin, y "La Purga". Aún contando con el hecho de que mi difunto padre siempre apoyó la causa rebelde. El número de sentencias culpables se redujo a más de la mitad tras su corto período al mando del país.
En cuanto a mi hermano Abel, él tampoco lo ha pasado bien. Está muy afectado desde que perdió su empleo. La caída del Cetrero cambió algunas cosas. En el ministerio corría el rumor que mi hermano estaba cooperando con él, y por eso decidieron prescindir de él. Ver a mi hermano tan afectado, hizo que la ira surgiese en mí, y al día siguiente fui a Capitol Hill dispuesto a hablar con quien hiciera falta para hacer justicia por él. ¡Era absurdo! Lo despidieron sin hacerle un juicio justo ni tener pruebas. ¿Cómo podía mi hermano colaborar con el Cetrero después de lo que nuestro padre luchó por la causa rebelde, incluso dando su vida por ella?
Hablé con el jefe directo de mi hermano. El cual me dijo que la decisión venía de arriba.
—Pareces un buen chico, pero el nuevo gobierno no puede permitirse más fallos. No podemos tener a un potencial agente doble contratado.
—Nadie conoce mejor a mi hermano que yo —le dije—. Él jamás haría algo así. Jamás.
Y ahí terminó nuestra conversación, porque no estaba dispuesto a aguantar más tonterías. Volví a Peace Road furioso, con la sensación de haberle fallado a Abel y dispuesto a conseguir pruebas para limpiar su honor. También le mandé al vicepresidente Lovell varios mensajes, pero solo obtuve como respuesta uno diciendo que se había estudiado el caso y la decisión no se iba a cambiar.