La pena y el dolor que infringes volverán forzosamente a ti como un boomerang, para golpearte con la misma intensidad que usaste al lanzarlos. No es castigo: es enseñanza. No es capricho: es moraleja. No es venganza: es justicia. Llegó el turno del...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Área 6: Star Valley
18 años
Altura: 1.73
Peso: 56
Cosechada
Arma: Sable
Fortalezas: Popular, Atrevida, Sensata
Debilidades: Muy exigente consigo misma, Llama la atención, Lesión en hombro
Amuleto: Anillo de plástico
¿Quién iba a decir que iría a encontrar un poco de paz en un día como hoy? Aún siento como si fuese ayer cuando el vicepresidente Lovell emitió un comunicado para anunciar las medidas que iban a tomar cuando las revueltas en el Capitolio se salieron de control.
"Por fin" Pensé al principio. Se estaba empezando a poner peligroso salir de casa. Ya había víctimas inocentes por estar en el lugar equivocado y el momento menos oportuno en otras partes de la ciudad. Aquí en Star Valley todo eso se veía como un mundo aparte. No por nada tenemos a los mejores vigilantes de seguridad, cobrando un sueldo astronómico para mantener intacta nuestra burbuja de calma y monotonía. Cuando mencionó la celebración de una última edición de los Juegos del Hambre con chicos del Capitolio, el corazón se me paró por un segundo.
Di por hecho que viviría una vida larga, seguir mi rutina tal y como se espera de mí, escapar de ella ocasionalmente hasta que algún día como otros suelen decir, "sentar la cabeza", conocer a un chico, casarme y tener niños a los que moldear a mi imagen y semejanza para que sigan mis pasos... Tal y como mi madre hizo conmigo. Sin embargo, aquel anuncio me hizo ser consciente de lo fácil que mi futuro podía hacerse añicos. Podría morir. No una de esas muertes que ya me ha tocado interpretar en más de una película o serie televisiva. No. Una muerte real, tangible y eterna, que borrase de la faz de la Tierra todo lo que soy, lo que pienso y lo que planeo.
Sorprendentemente, fue mi madre la que se lo tomó peor de las dos. Estuvo días sin hablarme, como si fuese yo la culpable de lo que iba a ocurrir. Como si me hubiese tenido para nada, dejado su carrera cinematográfica de lado para nada. Y como si ahora, por vez definitiva, me fuera al único sitio que me desviaría de mi trayectoria donde ella no podía alcanzarme, arrastrarme de vuelta y fingir que no ha pasado nada.
La etapa culminó unas noches más tarde, conmigo saliendo en taxi a las cuatro de la mañana a buscarla. La encontré en su club nocturno favorito, ebria como un marinero en su día libre acompañada de sus amigas: un puñado de viejas glorias que como ella se niegan a ver lo evidente del efecto del paso del tiempo. El viaje de vuelta debió de ser un espectáculo digno de ver. Yo gritaba como una histérica y ella me replicaba como si la madre fuera yo y la adolescente fuera ella. Tras eso hubo un silencio incómodo en el que ella rompió a llorar y me abrazó, repitiendo mi nombre y "mi bebé" cuando los sollozos se lo permitían.