Día 3 (parte 1): Confesiones

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Bilo Earlgrey, 27 años

Ex-coordinador de eventos programados, mentor de Wintertown

Esto es lo más desesperanzador que he visto en mucho tiempo.

Una lágrima se me escapa mientras veo a Melody muy quieta, agarrando la mano de su aliado recién fallecido.

En su cubículo personal, Puddin también llora tapándose la cara con las manos. Dicen que Effie Trinket perdió su toque mágico pero yo creo que en realidad nunca lo tuvo. Los planetas se alinearon aquel año cosechando a Primrose Everdeen y no hay más. Me apena que Candyfloss Square esté ya fuera de la competición, Puddin me cae bien y la voy a extrañar en la sala, es como un dulcecito relleno de chili. Uno no se da cuenta de eso hasta que no le da un bocado, pero de un momento a otro ese genio suyo va a salir. Todos aquí lo sabemos como ex colegas vigilantes de ella.

Bueno, todos excepto uno, el cual suelta una carcajada en este mismo momento. Precisamente lo que más podría enfurecer a Puddin. Que el mentor responsable de la muerte de su tributo se ponga a fanfarronear.

Saco mi pañuelo violeta de hojas y flores del bolsillo y me seco los ojos.

—¿Por qué razón alguien proferiría una risa tan intrigantemente salpicada de ironía en un momento así? —pregunto sin mirar a nadie en particular.

Ruttiger se da por aludido pero no parece dispuesto a contestarme.

—Qué éxito de juegos. Una chica coaccionada para presentarse voluntaria, un chico que ni siquiera debía estar ahí y un chico muerto que ni siquiera era tributo.

—Pareces nuevo —dice Miss Trigger con indiferencia—. Los Juegos no son un juego sino una herramienta, antes la usaba el presidente Coriolanus y ahora la usa tu hermano el vice presidente Ibrahim.

—Exacto —interviene Soul—. Abel acabó ahí porque él le hizo esa promesa a Johanna que se vio truncada por la buena fe de Cain. Ya has visto que lo han mencionado como un accidente. Oficialmente él se metió donde no debía. En cuanto a la chica... ¿Qué te hace pensar que eso no pasó antes en la historia de los Juegos del hambre? ¿Qué me dices de todos aquellos dudosos voluntarios de distritos periféricos que aparecían de vez en cuando? Alguien tenía que salir. ¿Qué más da?

—Eso —comenta Ceylon—. Ya no se puede hacer nada al respecto.

—Sólo me pregunto. No creo que la familia de Melody ni la señora Delfos estén contentas —contesta Ruttiger.

—Le van a ofrecer una indemnización —dice el señor Blitz, el mentor de Peace Road—. Y en unos días los tabloides estarán a rebosar del escándalo sobre Abel como agente doble del Cetrero que hubiera sido juzgado por sus crímenes de traición de todos modos. Se le va a hacer difícil llevar el terreno a su favor.

Ruttiger no responde a eso. Es un todos contra él. Me da algo de lástima. Él no me cae mal, me fascina su estilo vagabundo chic, creo que le va prefecto.

—Qué bien está aprendiendo tu hermano a jugar al juego del poder. Cualquiera diría que Snow se ha reencarnado —murmura Miss Trigger con una media sonrisa.

Él se pone en pie, es evidente que le ha tocado la fibra sensible.

—Mi hermano es un necio. Y temo que cuando se recupere Paylor va a perder esa bonita cabeza que tiene... Pero él se lo habría buscado. Eso no quita que esta edición de los Juegos sea una soberana chapuza.

—Eso es porque no estamos nosotros ahí para hacerla inolvidable —dice Trigger, como si fuera la cosa más obvia del mundo.

Algunos no están llevando bien haber dejado de estar al mando, controlando el destino de los tributos desde el holograma. A mí me da igual, es una experiencia distinta a lo habitual, mi manera de decir adiós al que ha sido mi trabajo durante los últimos catorce años.

Causa y EfectoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora