¡Sorpresa de quinto aniversario!
Emerson Cullay, 16 años
Emerald Gardens
Mi corazón se salta varios latidos cuando me doy cuenta que Francine está yendo hacia nosotros con su monstruosa arma en alto. Me muevo lejos de ella hasta resguardarme al otro lado de Roselia.
—¡Hey! —la aviso—. Te dije que primero debíamos ocuparnos de ella.
Roselia se detiene, mirando a mi compañera de área antes de saltar en el aire y arrojarle una flecha. Francine la esquiva fácilmente con un golpe de lanza pero algo sucede. La hoja en forma de una afilada letra omega queda cubierta en hielo, haciéndola ahora mucho más larga que antes. Cuando veo que se va a estrellar contra mí, intento saltar hacia atrás, pero Francine la consigue mover a demsiada velocidad. Un gruñido de dolor brota de mi garganta cuando la helada lanza me golpea el brazo. Debo dar gracias al cielo porque no me haya alcanzado la hoja.
Salgo despedido varios metros, estrellándome contra la cornucopia una vez más. Mis ojos se cierran con fuerza debido al golpe. Me obligo a abrirlos una vez dejo de deslizarme hacia abajo, solo para ver a Francine a punto de empalarme con el pedazo de hielo puntiagudo. Ruedo por el suelo en el último segundo para salvar mi vida. Tras el impacto, el hielo se hace añicos y varios fragmentos me alcanzan. El dolor me hace gruñir otra vez, y unos molestos destellos aparecen en mi campo de visión. Mañana voy a tener unos bonitos hematomas en la cara.
Antes de que mi vista haya podido volver a la normalidad, me aparto. No puedo con ella en estas condiciones. Necesito a Roselia y su arco si es que quiero llegar a matarla y robarle la lanza. Atala no me preocupa tanto. Ella parece estar aprovechándose de que toda la atención está en los ataques desquiciados de Francine para mantenerse al margen y dejar que nos matemos.
Roselia tiene otra flecha en la mano. Noto que está evitando moverse mucho, tal vez para que nadie se de cuenta de lo de su pierna. La tomo de la cintura y doy un salto, ella grita, sorprendida y comienza a agitarse.
—Te estoy poniendo a salvo. ¿Vale? Eres la única en esta habitación que tiene una posibilidad de acabar con Francine. Déjame protegerte.
—Si soy la única que puede con ella no veo por qué te necesito.
—Porque no estás en la mejor forma física y lo sabes. Ambos lo sabemos —digo. No quería ponerla al corriente de mi conocimiento sobre su vulnerabilidad, pero necesito hacerla ver que le hago falta—. Vamos a hacer algo. Iremos a por ella tal y como yo sugerí al principio. Yo la entretendré, y mientras esté ocupada conmigo, tú le disparas.
En el momento en que Francine quede fuera de combate, le quitaré la lanza e iré tras Roselia. Preveo que ella intentará hacerme caer justo después de que quedemos tres. Ser un señuelo me dejará vulnerable, tanto por un lado como por otro, pero es algo que ya he tenido en cuenta. Roselia intentará matarme en cuanto Francine caiga. Lo sé, pero voy a tener que jugármelo todo al doble o nada ahora, dada mi desventaja. Atala no debería costarme mucho, pero no puedo quitarle la vista de encima. Ella la tiene clavada en mí, y es la única aquí que tiene algo en contra de mí. No está siendo sutil, pero no necesita serlo porque yo lo sabría igual.
—Ve. Te cubro —dice, mientras toma otra flecha.
Superpuesto a la ansiedad que revuelve mi estómago, surge algo de entusiasmo. Mi plan va funcionando, pero aún dista mucho de tener éxito. Corro hacia Francine, desviándome hacia el lado izquierdo. Mi intención es rodearla para que Roselia pueda dispararle, pero ella no gira conmigo, sino que no pierde de vista a mi aliada improvisada. Es entendible, son demasiados frentes. Y ella debe estar pensando que no perder de vista a una persona con arco es preferible a matar a un blanco fácil. En ajedrez, el ahogado se produce cuando al jugador de ese turno no le quedan jugadas legales que hacer y el rey no se encuentra en jaque. Por un lado o por otro, Francine pierde.
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Causa y Efecto
FanficLa pena y el dolor que infringes volverán forzosamente a ti como un boomerang, para golpearte con la misma intensidad que usaste al lanzarlos. No es castigo: es enseñanza. No es capricho: es moraleja. No es venganza: es justicia. Llegó el turno del...
