Presente:
El teléfono principal de la casa suena, su sonido embriaga el sepulcral silencio que reinaba en aquella sala, Angela se pone de pie rápidamente y no duda en levantar el ruidoso pero importante aparato. Piensa en su hija y nieta, ambas deberían ver llamado hace más de una hora. Ahoga un grito de emoción y pone el aparato en su oído.
—Hija —la emoción en su voz y cuerpo desaparece al escuchar que la voz que le habla del otro lado de la línea no es la de Amanda.
—Señora Angela, la llamamos del hospital, su hija Amanda acaba de tener un accidente y en este momento está siendo atendida de urgencias.
Se deja caer en el sillón, la vida ha dejado de correr por sus venas y todo ha quedado en suspenso. Una vez que desean que sus instintos fallen estos no lo hacen, lleva una mano a su pecho e intenta relajarse, por el momento está viva, eso es algo que tiene que agradecer a los seres divinos.
—¿Cómo está? ¿Cuál es su estado? —pregunta con un poco de esfuerzo.
—En estos momentos se encuentra en salón de operaciones, es lo único que le puedo informar.
—La niña, la niña que iba con ella es su hija. ¿Cómo está ella?
—Señora, por teléfono no le podemos dar mucha información, deberá presentarse aquí al hospital.
Cuelga la llamada y se detiene a pensar en los ojos de su Amanda, esos ojos azules que trasmiten confianza y seguridad, esa mirada limpia, pura, autentica, capaz de derrumbar y levantar los más inquebrantables muros. Como toda una persona con experiencia, con tantos tropiezos dados, con tantas huellas sobre su piel y sobre su respiración, hace lo mejor que puede hacer, mantener la calma y rezar para que sus dos ángeles salgan bien de todo esto.
Toma la agenda telefónica y marca a un número de teléfono, el cual nunca pensó que tendría que volver a llamar.
—Señora Angela. ¿Ha sucedido algo para que llame a esta hora de la madrugada? —el hombre que contesta el teléfono luego de varios tonos, sabe que su ex suegra solo lo llamaría en caso de que algo para nada agradable haya pasado.
—Mi hija acaba de tener un accidente en su auto —dice la señora tratando de aparentar calmada.
—No entiendo. ¿Por qué me llama, si sabe perfectamente que lo que le suceda a Amanda no tiene importancia para mí?
—Eso lo sé Marcos. Tu hija iba con ella en el coche, no me han podido dar noticias de ella —la voz de la señora se descompone, no puede seguir mostrando fortaleza.
—Oh, Dios —el hombre deja de hablar. Angela conoce de su amor por Lía, la niña los tiene prendado a todos, con tanta inocencia y sabiduría en su edad.
—Necesito saber de ellas, son lo único que me quedan, a esta hora con la nieve que está cayendo no me atrevo a coger el coche, no quiero que ocurra otro accidente más, estoy desesperada.
—Mantenga la calma señora Angela, yo en unos minutos paso por usted y vamos juntos al hospital. Recuerde que Amanda la necesita fuerte. Además, no debe olvidar su cardiopatía.
—Gracias Marcos.
—No agradezca señora, lo hago por mi hija, ella es mi razón para continuar aquí.
—Entiendo. Bueno no te demoro más, por favor, estoy contando los minutos.
Varias lágrimas humedecen su mejilla marcada por los suspiros del pasar de los años, nunca entenderá ni comprenderá porque la vida se entretiene haciéndole mal a personas tan buenas y abnegadas, toda la balanza se inclina hacia el lado que no debe, donde los golpes son cada vez peores, más dolorosos, punzantes, solo espera que todo esto haya quedado en solo un susto, que no haya desastres mayores.
En el hospital toda la paz caduca, todo se reduce a sucesos asustadizos, todo lo que se ha vivido puede terminar en segundos, todo lo que un día fue, deja de ser en un pestañear del alma. Carla observa por aquel cristal impecablemente limpio, a la causante de la muerte de su hermana, ella ha salido libre de ese desastroso accidente, ella le ha arrebatado los sueños a su rubia gemela.
—¿Es familiar? —pregunta alguien a su lado.
—Solo una amiga —contesta sin mirar siquiera a la persona que ha preguntado.
—Muy afortunada eres de conocerla en persona, muchos que lo deseamos no lo vamos a poder hacer nunca.
—¿A qué te refieres? —ahora si mira a la persona que está a su lado, se trata de una enfermera, esta le sonríe levemente.
—A nada —contesta esta al darse cuenta que la chica no tiene ni idea de quien se encuentra en esa cama totalmente vendada.
Carla vuelve a poner sus ojos en la paciente, el dolor que lleva por dentro no se compara con el odio que se ha sembrado en su pecho hacia esa persona, hacia esa mujer que no tiene ni idea de lo que sucede a su alrededor. Observa a la enfermera y sonríe.
—Si, es una bendición conocer sus locuras y arrebatos —la enfermera sonríe aliviada, ya empezaba a desconfiar de la chica.
—Bueno, suerte que has tenido. Trate de descansar, no tiene buena cara y ella va a pasar ahí varios días.
—Gracias.
¿Qué otra cara podía tener? Si la muerte de Keila la había dejado en el suelo, la ha dejado sin ánimos de vida.
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TATUAJES. (Editando).
RomanceSu hermana Keila sufre un accidente tras el cual fallece en el hospital, ese mismo día una periodista famosa corre con la misma mala suerte, siendo la causante de la muerte de la joven y de su amada hija. Carla la hermana de la fallecida buscará v...
