—Me cansé de esperarte toda la noche —dice Gabriela poniendo un vaso de jugo frente a la pelinegra, Carla mira detenidamente su teléfono, buscando en él, algo de esperanzas, para acribillar la gran curiosidad que le invade la mente por saber qué hace su víctima en este preciso momento —¡Carla! ¿Me escuchas?
La chica mueve una mano delante de sus ojos, la joven motorista la mira a los ojos con una sonrisa boba en sus labios. Gabriela la mira extrañada, nunca la había visto sonreír así, con un aire de felicidad infinita, como si hubiese logrado alcanzar sus más desastrosas y anheladas metas.
—Si, te escucho Gabi. Te dije que no vendría y ya me disculpé por eso.
—No entiendo por qué no llegaste, tú no eres así. Cuando dices voy, es porque ya estás ahí —Carla sonríe.
—Créeme tenía muy buen motivo.
—Algo que incluye mucho el tema femenino. Por tu cara, tuviste una noche con un muy buen sexo o alguien borró todo lo que te hace ser mi más divertida amiga.
—Ninguna de las dos. Solo te diré que fue fenomenal, aun lo estoy asimilando.
Gabriela no dice nada y sonríe con sinceridad, Carla la está pasando muy mal con la muerte de su hermana y que esté así de feliz es lo mejor que le pueda pasar. Camina hasta la puerta, el timbre ha sonado y no tiene idea de quien pueda ser tan temprano, la ojiverde sigue sus movimientos con la mirada.
—¿Qué haces aquí? —la pregunta de Gabi, hace que la morena se ponga de pie y vaya hasta donde está ella.
—Hola Joel, ya empezaba a extrañarte —dice apareciendo a la espalda de Gabi, que se tensa al sentirla tan cerca, que sus sentimientos no sean correspondidos, no quiere decir que hayan desaparecido.
El rostro del hombre palidece al verla, él tampoco esperaba encontrársela, de hecho, lleva huyendo de sus encuentros lo más que pueda, tener roces con la hermana de su difunta novia no es para nada agradable, su relación siempre fue fría, caótica, inexplicable.
—Hola Carla —ver su perfilado rostro le hace recordar a Keila y una sensación de temor se instala en su estómago, la culpabilidad le está comiendo las entrañas y cada día es peor aceptar que es un asesino.
—¿Qué te trae por aquí? —pregunta Gabriela, dándose cuenta que el ambiente entre estos dos es tenso, sus diferencias van a mayores.
—Vine a traer las cosas de Keila —responde titubeando, la mirada fija de la ojiverde lo está poniendo nervioso, Carla sabe cómo intimidar a una persona.
—¡Responde como un hombre! ¿Por qué a Gabriela y no a mí?
Carla se pone delante de él arrebatándole la mochila que lleva en sus manos, la reconoce, pertenecía a su gemela.
—Tú no estabas en casa y la opción más cerca era Gabriela.
—Obvio, mejor eso que presentarte ante mí. ¡Me crees estúpida!
—Yo—Joel da un paso hacia atrás.
—Carla, por favor —la detiene Gabi poniendo una mano en el hombro de su alta amiga.
—Desaparécete Joel. Porque mis instintos me dicen que tras el accidente que causó la muerte de mi hermana hay mucho más oculto y tú no me conoces.
—No sé de qué hablas —se defiende el chico.
—Yo solo te informo que en ese accidente hubo dos muertos y una de ella estaba involucrada a la persona que conducía, la cual está con vida.
Joel traga saliva y trata de aparentar estar calmado, pero sus ojos muestran lo contrario y esto no pasa desapercibido por Carla, la joven entra y cierra la puerta en su cara, dos segundos más mirándolo y se lanza encima de él a golpes.
—Fuiste muy dura con él Carla, no debiste.
—Gabriela, Joel es de las personas que muestra todo lo que no es, no te dejes engañar por su cara de angelito, solo tienes que mirarlo a los ojos para saber que miente casi en todo lo que dice.
El teléfono de Carla suena justo en el momento que su amiga la iba a corregir, Gabi como siempre viendo cosas buenas en todas las personas. El número que la llama es desconocido, duda en contestar, pero termina haciéndolo, no habla, sonríe tras el silencio prolongado del otro lado de la línea, su corazón golpea fuerte su pecho, pero sufre una decepción al escuchar que la voz que habla, no es la que esperaba.
—Hola.
—Diga —suspira frustrada.
—¿Es la señorita Carla?
—¿Quién desea saber?
—La llamamos del departamento de policía, es sobre la investigación que se está llevando a cabo tras el accidente que provocó la muerte de su hermana. Mi nombre es Alma, la oficial a cargo del caso. Ya que usted es su único familiar, le hemos contactado para tomarle declaración.
—¿Por qué declaración a mí? Yo no iba detrás del volante conduciendo sin control, esa noche estaba yo en mi casa. ¿Qué más quiere saber, oficial? —piensa en Amanda, no se imagina a una mujer como ella en presión, mueve su cuerpo para aligerar el malestar que se adueñó de él.
—Precisamente por eso, necesitamos hacerle algunas preguntas.
—Esas preguntas hágasela a la persona que chocó y causó la muerte de mi hermana, no a mí.
—Créame señorita, ya lo hemos hecho y se asombrará de la información que nos ha dado. Es algo que no le puedo decir por aquí, mañana a las 10:30 AM, preséntese sin falta a la estación central, ya le hemos mandado la citación impresa, tenga buena tarde.
Carla queda en silencio varios segundos tras colgar la llamada. Echa una furia se pone de pie.
—¿Qué pasa Carla? ¿Por qué te has puesto así? —Gabi la mira alarmada.
—Me acaba de llamar la jodida policía —mira a su amiga—. Resulta que la muerte de mi hermana no fue tan accidental como parece. Solo una persona me puede sacar de dudas y eso voy a investigar —dice dirigiéndose a la puerta.
—¿Qué persona Carla? —Gabi se preocupa, la pelinegra no suele medir sus actos cuando está alterada, ni los daños que estos puedan causar, teme por el bienestar de esa persona.
—Amanda Gutiérrez —responde antes de cerrar la puerta, solo unas horas han pasado desde que la vio y ya extraña sus azules ojos.
Gabriela queda en chock. ¿Qué tiene que ver la periodista con la muerte de Keila?
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TATUAJES. (Editando).
RomanceSu hermana Keila sufre un accidente tras el cual fallece en el hospital, ese mismo día una periodista famosa corre con la misma mala suerte, siendo la causante de la muerte de la joven y de su amada hija. Carla la hermana de la fallecida buscará v...
