Tener a Amanda temblando bajo su cuerpo es lo mejor que ha vivido y ha experimentado su organismo. La periodista se entregó sin vergüenza ni pudor, no había duda en lo que sentía y en lo que añoraba y ambicionaba. Sus sexos se saludaron y un sentimiento caliente le embargó completamente la conciencia y si aún quedaba algo de control, este desapareció al sentir como la pelinegra clavó las uñas en su espalda al alcanzar su primer orgasmo con tan solo un roce. Su grito de placer la envolvió y se juró que no la dejaría escapar, esa mujer era, es y será su perdición. En ese camino incorrecto ella es capaz de sobrevivir.
Carla la mira y sonríe embriagada por la belleza que solo ella es capaz de disfrutar en este momento, tan femenina y delicada que duda en emplear mucha fuerza sobre ella, teme lastimarla. Desciende recorriendo su cuello con la lengua y detiene su tránsito en sus senos, deja sobre ellos varias mordidas y tiembla al sentir los gemidos descontrolados de la ojiazul. La excitación le nubla la vista, es tanta que teme alcanzar el clímax sin siquiera empezar a memorizar el cuerpo de la periodista, igual que le pasó a ella.
Continua su paso por esa piel suave que la llena de lujuria, la enferma tantas ansias. Suspira y pone un poco de lentitud a sus movimientos. Que no estén cómodas, no quiere decir que no sea especial. Su lengua traviesa y curiosa recorre su abdomen, construyendo un camino sin obstáculos. Con ganas de más, sigue bajando hasta tropezar con los primeros bellos de su sexo que empiezan a salir, perfectos para una ocasión perfecta. Carla muerde sus labios y levanta la mirada, Amanda la observa desesperada, ve como lleva una mano hasta su pecho y los acaricia, traga saliva, es una vista única, demasiado adictiva para ponerse a pensar.
Se sumerge entre sus labios mayores hinchados y húmedos, probándola, gime ante la exquisitez de sus jugos y la lame con desenfreno. La lengua aplaude ante el manjar que está devorando, se mueve con destreza entre los pliegues y deja varias lamidas sobre el clítoris hinchado de la periodista. Amanda ya no gime, grita y jadea exasperada, y eso da ventajas a Carla que, al verla así en ese punto alto de excitación, le mete la lengua y la mueve con rapidez, la periodista se mueve en busca de liberarse, de dejarse ir. Sus manos van hasta el hombro de la joven y clava sus uñas, la ojiverde sonríe, con que te gusta aruñar. Detiene sus movimientos y observa los gestos de la pelinegra, pasa la lengua de abajo hacia arriba por todo su sexo, arrastrando sus fluidos y sube hasta su boca dándole a probar su propio sabor.
El dulzor de su sexo la tiene desquiciada, decidida a recibir el segundo orgasmo de su amante en su boca, toma el camino de regreso a él, pero Amanda la detiene. Se miran unos segundos, respirándose una a la otra agitadamente. La ojiazul abre sus piernas y atrae a la joven. Sus sexos unidos, brotando calor y humedad, es la gloria disfrazada de placer. Abre más sus muslos y se siente desfallecer cuando Carla empieza a moverse, haciendo fricción entre sus mojadas carnes. Sus cuerpos marcan un ritmo perfecto. Sus sudores no demoran en aparecer. Entre jadeos, gemidos y gritos se entregan, se funden en la otra. Amanda presiona sus senos a los de Carla y la lleva a ella, la abraza, la toca, la marca, siente que no demora en llegar otra vez al orgasmo. Sus bocas dialogan en un idioma sincronizado de lenguas universales y corporales que las empuja a querer devorarse.
Carla marca más fuerte sus embestidas y Amanda grita, se aferra a su espalda y deja inconscientemente, un surco rojo al pasar las uñas sobre esta al llegar al orgasmo. Su pecho agitado recibe al de la joven que se ha dejado ir en esta entrega, no pudo resistir tanto erotismo en los gestos y gemidos de placer de la mujer que se recupera debajo de ella, pero quiere más, su hambre por esa fémina es descomunal.
Baja hasta su sexo y hunde su boca en él, bebiendo todo el jugo y saciando su sed por unos segundos, Amanda tiembla, sus piernas intentan cerrarse, pero Carla lo impide. Observa los palpitantes labios y relame los de ella, vuelve a sumergir su lengua en ese lago de lujuria y agarra las caderas de la pelinegra para que no se aleje, ansía sentir un orgasmo de esta mujer en su boca.
—Sigue así, por favor —Amanda suplica al borde del colapso.
—Me encanta tu sabor, después de hoy no podré vivir sin él.
—Sube, necesito que me beses.
La ojiverde obedece, es un sacrificio separarse de donde está, pero la mirada brillante de esos ojos azules vence a sus ganas. La besa y siente un calor diferente en este beso, la conexión tan perfecta la perturba. Descubre que la periodista prefiere tenerla pegada a ella y eso la desconcierta.
—Quiero que llegues en mi boca —Carla muerde el lóbulo de la oreja luego de pronunciar las palabras y une sus sexos nuevamente.
—Yo también quiero llegar con esa lengua dentro de mí, pero ahora necesito sentir tu cuerpo junto al mío, no te has dado cuenta lo que causas en mí.
Amanda empieza a moverse y se separa para mirarla, sonríe bajo los efectos del placer, para Carla esa imagen es perfecta. Borra su sonrisa con un beso lento y muerde su labio inferior. Tener a la pelinegra moviéndose debajo de ella es cataclísmico, es tocar el cielo con un suspiro, es desgarrar los latidos del corazón. La embiste con violencia, tomando ella el control nuevamente.
—¡Oh, Dios Carla!
Amanda se estremece bajo de ella dándole otro orgasmo y grita su nombre como le dijo que lo haría. Continúa moviéndose, volviendo a provocar otra ola de calor en el cuerpo de la ojiazul.
—Me enloqueces, eres tan mujer.
Carla la mira y besa sus labios, la periodista abre al máximo sus piernas y sus cuerpos perfectamente unidos, crean un ambiente sexual embriagante.
—¿Cuántos orgasmos puedes tener? Me vas a matar.
Carla habla sofocada, sintiendo su cuerpo entrar en erupción, Amanda lleva una mano hasta el sexo de la joven e introduce dos dedos de una estocada, la ojiverde grita y se endereza para empezar a cabalgar eso dos largos dedos que han sabido tocar su punto más placentero. Amanda se incorpora con ella sentada a horcajadas y chupa sus senos mientras entra y sale de la joven. Busca su boca y la besa con fogosidad, Carla se mueve con soltura, buscando llegar al clímax, su carne lo necesita.
—Amanda —gime su nombre bajito y tiembla encima de las piernas de la periodista.
Amanda retira sus dedos unos minutos después y los lleva a su boca.
—Mm, delicioso —sonríe y abraza a una agotada Carla que le acompaña la risa.
Continúan abrazadas por varios minutos, dejando sobre sus espaldas fugaces caricias, hasta que los toques en la puerta las interrumpe.
—¡Carla! —la voz de Gabriela se escucha detrás de la puerta.
—Por lo menos no nos interrumpió antes —dice la periodista sonriendo.
—¡Dime! —contesta la empresaria empezando a vestirse. Su compañera hace lo mismo.
—¡Es urgente! ¡Abre!
—¿Qué pasó? —ambas mujeres se visten rápidamente— Me gusta tu tatuaje —Amanda la mira sonriente.
—Me quiero hacer otro, algo delicado —la joven asiente.
—Yo te lo haré.
—¿Tatúas?
—Si.
—¡Han atacado a Angela y a Adriana!
A Amanda se le corta la respiración, sus piernas le fallan. Va hasta la puerta y abre sin importarle que aún está abotonando el short, Carla la sigue de cerca y ve que la situación es grave al ver el rostro demacrado de su amiga.
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TATUAJES. (Editando).
RomanceSu hermana Keila sufre un accidente tras el cual fallece en el hospital, ese mismo día una periodista famosa corre con la misma mala suerte, siendo la causante de la muerte de la joven y de su amada hija. Carla la hermana de la fallecida buscará v...
