Angela se pasea por los alrededores de la cama donde se encuentra su hija, la observa detenidamente, su estado ha mejorado considerablemente, algo que la ha mantenido más tranquila. Su cabello oscuro se muestra revuelto y el color que va recuperando su piel, dejan ver que la mujer lucha por salir de donde se encuentra.
La señora posa sus ojos grises en la ventana mirando hacia el exterior y suspira, lo que le falta por enfrentar a su hija, no es ni la mitad de lo que está pasando ahora mismo, la muerte de su pequeña y única nieta ha dejado un vacío que va a ser difícil de llenar, difícil de superar y aceptar. La vida ha plantado las garras más duras en el camino de Amanda y ella debe de estar fuerte para soportar el peso del dolor que le tocará enfrentar.
Sus ojos deparan en la persona que se encuentra detrás del cristal, la joven no ha dejado de venir un solo día y su presencia ahí la inquieta, pero tampoco ha impedido que lo haga y es algo que se está planteando hacer. No le gusta que miren a su hija de esa forma tan nefasta, llena de odio y pesimismo, como queriendo arrancar su alma con una mirada. Su instinto como madre le dice que Amanda nada pudo hacer para evitar lo sucedido, que todo se salió de control tanto para la joven fallecida, como para su hija.
—¿Qué hace aquí? —pregunta acercándose a la joven que la mira cautelosamente, sin perturbarse con sus palabras, es como que no sintiera ningún tipo de emoción.
—Lo mismo que usted, visitarla —contesta Carla un poco evasiva.
—No tiene derecho a perturbarnos con sus visitas, voy a empezar a creer que tus palabras el otro día son ciertas —la señora se acerca amenazante a la joven.
—¿Qué le hace pensar que no lo dije con sinceridad? Su hija pagará por todo el daño y dolor que me ha causado, no tiene ni idea de lo que se siente al perder el único familiar que tenías vivo.
—No tienes idea jovencita, solo te digo que la venganza no te aliviará en nada, más bien duplicará lo que sientes.
—Ella tiene que sufrir, lo que sienta yo no importa —Carla mira a la señora y hace silencio, es su madre, siempre la defenderá.
—Tú no tienes idea de lo que le espera a mi hija cuando despierte.
—Su hija no sabe lo que le espera de mi parte cuando despierte señora.
—El dolor que tú sientes, te tiene ciega y con sed de venganza, no se compara con el que sentirá ella, jamás se comparará.
—Me importa una mierda lo que ella sienta o no, la muerte de mi hermana no quedará impune, ella tiene que pagar.
—Pues no me queda de otra que informar a las autoridades. ¿Ya sabes quién es mi hija? —pregunta Angela con dudas en la respuesta.
—No sé quién es su hija, para eso tendré tiempo, en cuanto a las autoridades, haga lo que usted haga, señora Angela, su hija recibirá su merecido.
Carla observa a la paciente, aún no logra verle el rostro, la venda que cubre gran parte de este y la minerva en su cuello, ayuda a ocultarlo casi en totalidad de su mirada. La joven siente que su corazón late desesperado, una energía extraña se apodera de su piel y su sangre revoluciona por sus venas todas las terminaciones nerviosas de su cuerpo.
—Estaré tras tus pasos, niña —Angela suspira cansada.
—Y yo, detrás su hija —la señala—, la cual acaba de despertar.
Angela entra a la habitación con una euforia estremecedora, Carla no dudó en hacerlo también, detrás de ella, pero a una distancia prudente, necesitaba ver a su víctima de cerca, o fue su cuerpo el que se tomó el atrevimiento de hacerlo, ella no sabe, pero la sensación caliente que quema en su interior, nunca la había sentido y eso la ha alterado demasiado como para controlarlo.
—Hija —la voz ahogada de la señora la hace pestañear varias veces, observa cómo esta toma la mano de su hija y sonríe ampliamente, muy empalagoso para su destrozado corazón, estas escenas la desequilibran y es algo que ella misma no se puede permitir.
—Mamá —la palabra salida por la boca de su víctima sale ronca, irreconocible, apenas audible, tantos días sin hablar le han entumido las cuerdas vocales y eso impide que la joven pueda conocer su suave y delicada voz.
_ No trates de hablar mi amor. Oh Dios, cuanto recé para que despertaras.
Los ojos azules de la periodista tropiezan con la mirada fría de unos ojos verdes, que la observan desde la parte atrás de su madre, apenas dos segundos se miran y la mayor de las tres interrumpe el leve contacto visual que tuvieron las dos mujeres.
—Salga de aquí —Angela mira a Carla, esta seguía contemplando a Amanda que había aparatado su mirada y observaba a su madre con ansiedad, esos ojos ella los había visto en alguna parte, pero no recuerda donde, ese azul perfecto la había dejado estupefacta, sin ideas, sin palabras.
—Solo quería verla de cerca —dice después de unos segundos y poniendo sus ojos en la señora.
—Mamá —la voz de la ojiazul se escucha lenta, débil—. ¿Dónde está Lía?
Angela no mira a su hija, no lo puede hacer, no tiene fuerzas para enfrentar su dolor. Sus ojos se humedecen y traga en seco, Carla frunce el ceño, ve a la señora temblar y se acerca a ella.
—¿Quién es Lía? —pregunta sin dudar, pero Angela no responde, solo busca ayuda en aquella joven, ayuda que sabe, no obtendrá.
—Mamá —la voz de la periodista se vuelve a escuchar, un poco más fuerte—, ¿Dónde está mi hija?
Carla entiende todo, entiende cuando aquella mujer mayor le dijo que el dolor que sentirá su hija no se iba a comparar con el de ella. Todo se distorsiona, ahora mismo desea ser solo ella la que sufre y no una madre por la pérdida de un hijo, eso es injusto y ver sufrir a aquella desconocida la ha hecho vulnerable por unos minutos.
Un nudo se instala en su garganta y da dos pasos hacia atrás, sin dejar de mirar a la de mayor edad que la mira con dolor, pero Carla comprende que ese es un dolor que nadie puede aliviar, sale de la habitación con pasos rápidos, huyendo de toda esa tormenta, pero aun así logra escuchar el grito ronco de aquella mujer, como su corazón se rompe en pedazos, puede sentir como el cuchillo de doble filo corta sus sentimientos y la deja en un abismo de sufrimiento.
Solo dos segundos se miraron y se siente conectada a esa desconocida, se recarga de la pared regulando su distorsionada respiración y los golpes alocados de su corazón, observa a dos enfermeras corriendo hasta la habitación de aquella destrozada pareja de madre e hija, suspiró y se alejó lo más rápido que pudieron sus pies, no soportaba escuchar un segundo más, el llanto desgarrador de aquella mujer.
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TATUAJES. (Editando).
RomanceSu hermana Keila sufre un accidente tras el cual fallece en el hospital, ese mismo día una periodista famosa corre con la misma mala suerte, siendo la causante de la muerte de la joven y de su amada hija. Carla la hermana de la fallecida buscará v...
