Capítulo 35.

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Angela toma un té de tila bien cargado, Leticia la observa desde una esquina de la cocina, entendiéndola, ver a su hija siendo acorralada y conducida a la fuerza, por una persona que la ha amenazado desde la muerte de un familiar, no debe ser fácil, y mucho menos aceptarlo.

—Ellas se entienden —Gabriela habla con seguridad, pero mostrando dudas en las palabras, no es capaz de imaginar lo que puede hacer su amiga a la periodista en un estado de descontrol emocional causado por una alteración de carácter.

—No estoy muy segura de eso, Carla siempre ha mostrado rencor y odio hacia mi hija.

—Carla nunca ha odiado a nadie, señora Angela, solo es una joven que busca refugiar en otros su dolor, en este caso ha escogido a su hija.

—Por eso la ataca constantemente.

—Angela —Leticia decide intervenir—, Carla y Amanda son adultas, saben cómo resolver sus problemas. Nos hemos dado cuenta de su amor hacia su hija, para que esté tranquila. Le hago saber que la ojiverde de mi amiga, nunca la lastimará, ella es incapaz de lastimar a alguien, menos a una mujer.

—¿Por qué estás tan segura?

—Porque Carla se ha enamorado de Amanda y en esa faceta, nunca se perdonaría lastimar a esa persona.

—Usted trate de calmarse —Gabriela se coloca al lado de la señora y mira a Leti. Carla te va a matar.

—Muchas gracias —Angela mira a la sala—. ¿Quién es él? Recuerdo verlo visto en algún lugar —miente, obviamente es el abogado que represento a Carla el día de la declaración.

—Pedro, su abogado —responde Leti—. Carla tiene orden de alejamiento hacia su hija, por eso su presencia aquí. Hay que tener mucho cuidado a la hora de hablar, no sabemos quién puede escuchar e informar, por el momento nadie, absolutamente nadie debe de saber que Amanda está viviendo aquí.

—Sabía que venir aquí iba a ser un problema. No debimos venir.

—Este es el lugar más seguro que pueden ver escogido, usted solo debe de calmarse, no le hace bien preocuparse por algo que no lo amerita. Su hija está bien, es lo que importa y ninguna de las personas que estamos aquí va a permitir que le pase algo, incluida Carla.

—Carla es una mujer inteligente que sabe mover sus piezas en el juego. Es una persona que no teme a nada, ni a nadie —Leti habla orgullosa de su mejor amiga.

De pronto la reina de la conversación entra por la puerta de la cocina, provocando que todas las presentes en dicho lugar hagan silencio. La joven aparece con el rostro contraído por la seriedad, pero sonrojada, mostrando los efectos que provocaron en ella, el beso con la periodista.

—Gabi, tráeme dos cafés a la oficina, por favor —pide la recién llegada, bebiendo un vaso de agua.

—No soy tu empleada doméstica —refunfuña esta.

—Pero si una de mis mejores amigas, ya sabes cómo me gusta y a Pedro también.

—Voy a ver a mi hija —Angela pasa por su lado.

—Esta en mi habitación, primera puerta a la derecha —la joven no se inmuta al darle la información.

—Gracias.

—Señora Angela —Carla la toma del brazo y sale con ella de la cocina—, a usted y su hija no les va a pasar nada, no mientras estén bajo mi techo.

—Gracias Carla, espero que entre ustedes se arreglen los mal entendidos, porque resumiendo las cosas, queda demostrado que han sido víctima de todo esto que ha pasado.

—Ya veremos que sucede, por el momento quiero que se quede tranquila. Al final no soy una jovencita del todo desequilibrada —la joven sonríe de lado contagiando a la señora.

—Pues yo, lo sigo pensando —Carla ríe.

—Pedro, vamos al despacho, ustedes dos vienen conmigo —señala a sus amigas—, no piensen que se han librado de lo que les espera.

—Nada de esto saldrá positivo —Gabriela se expresa en voz baja.

—Tú te callas Gabriela —Carla la reprende, mientras esta besa a su novia antes de alejarse de ella—, no sabes en el lio que me has metido.

—En el fondo te encanta, no sé de qué te quejas tanto —Leticia le deja caer al pasar a su lado.

—No sabes cuanto —sonríe la chica, recordando y saboreando los movimientos de los labios de la periodista sobre los de ella, los movimiento de sus lenguas entremezcladas, mostrando una resistencia y unas ganas que no demoraran en presentar.

Angela entra a la habitación de Carla y se sorprende al ver a su hija sentada en una esquina de la cama, con la mirada fija en una foto donde se encuentran las dos hermanas.

—¿Qué ha pasado? —pregunta sentándose a su lado.

—Nos hemos besado, no sé cómo pasó, pero cuando me di cuenta lo estábamos haciendo, no te puedo decir más, solo que ha despertado una mujer distinta dentro de mí.

—Oh —Angela se sorprende—. Pensé que su encuentro iba a ser más violento, yo estaba preocupada. Eso cambia las cosas.

—Yo pensaba lo mismo, que ella me iba a agredir, no físicamente, pero si verbalmente. Todo ha sido lo contrario y eso no cambia las cosas, mamá, las empeora. Carla lo único que ha demostrado, es que tiene control y poder sobre mi persona.

—Y eso no te gusta —su madre la mira riendo, Amanda la empuja contagiada por la picardía de su madre.

—No, no me gusta. Me debilita.

—Después de todo, no es tan malo haber venido aquí.

—Porque no eres tú quién la tienes que soportar.

—¿Desde cuándo no tienes un roce carnal con alguna persona?

—Por Dios mamá. ¿Qué pregunta es esa?

—Es una pregunta normal, no entiendo por qué te avergüenzas tanto. Eres humana después de todo y tienes necesidades, sexuales para ser más específicas.

—Señora Angela —Amanda ríe—, una semana antes de la muerte de Lía, un ligue de una noche, para liberar estrés.

—Pues tienes a disposición una mujer. ¡Y qué mujer! ¿Has mirado bien a Carla?

—Si mamá, desde que la vi por segunda vez en el cementerio.

—No la dejes escapar. Arreglen sus problemas y arránquense la piel si es posible, pero gózala. Te lo mereces hija.

Amanda ríe y observa a su madre. Tal vez no esté equivocada del todo. Tal vez sea la hora de avanzar hacia otro nivel en su no tan rutinaria vida.

TATUAJES. (Editando).Donde viven las historias. Descúbrelo ahora