La mezcla de luces, el constante parpadeo de estás y la alta música que hace vibrar las paredes de aquel local, le favorecían a los tragos que circulaban por su sangre y estaban haciendo estragos en su cabeza, todas sus razones para sonreír y hacer travesuras se encontraban distorsionadas, sin ápice de energía para florecer frente a la humanidad.
—Carla —una chica se pega a su espalda y la toma con un poco de posesión por la cintura.
—Sigamos bailando Gabriela, por favor, necesito desconectar y olvidar mi existencia por unas horas.
—Carla, has bebido demasiado, deberías irte a tu casa, vamos, yo te acompaño.
—Si Keila estuviera aquí, bailaría conmigo hasta no poder sentir sus piernas, ¿Por qué tu no haces lo mismo?
—Porque yo no soy Keila, solo soy tu amiga, vamos, no seas testaruda.
—Solo dos tragos más y nos vamos. Te lo prometo.
La pelinegra da un beso en sus dedos cruzados frente a su amiga y se dirige hasta la barra, aguanta más, mucho más, no entiende por qué Gabriela insiste tanto en marcharse, con lo bien que lo están pasando. De eso se trata, de dejar a un lado todos esos pensamientos que le han estado maltratando la mente sin piedad, sin control de emociones.
Mete una mano en uno de los bolsillos del pantalón que lleva puesto y saca de este una pequeña pastilla azul, lleva semanas sin hacerlo, meses podría decir, pero hoy es débil, hoy la necesita, lo necesita, para evitarse hacer una locura, para evitarse presentarse en esa casa y acabar de una vez con mujer, esa mujer de la que solo conoce el timbre de su sensual voz, más nada y tanta agonía la está empezando a agobiar.
Hace seña a la barman y esta pone un trago delante de ella.
—Que sean dos, guapa —la chica la complace, Gabriela que estaba detrás de ella la miraba fijamente, Carla nunca cambiaria, la ve llevar la pastilla hasta la boca y ya es tarde para reaccionar, no le da tiempo a detenerla.
—¿Qué coño crees que haces, Carla? ¿Te piensas matar?
—Es lo que necesito, ¡morir! —grita tras beberse el segundo trago de tequila.
Gabriela la toma bruscamente y la saca del local casi arrastrándola entre el gentío, el frio que hace fuera le ayudará a frenar los estragos del alcohol en el organismo de la pelinegra, pero sabe que el efecto de la pastilla no demorará en aparecer.
—Te provocas el vómito o lo hago yo —dice contundentemente, sin vacilar en las reacciones que pueda tener Carla ante estas palabras.
—Pero no tendría gracia, bastante cara me costó la pastillita, que aguafiestas eres.
—Me importa una mierda lo que te haya costado esa mierda de pastilla. Te provocas el vómito o lo hago yo.
Carla retrocede al ver las intenciones de su amiga, nunca la había visto tan alterada.
—Ya una no se lo puede pasar bien. Te estás volviendo una aburrida —dice antes de meterse dos dedos en su boca, hasta lo más profundo de la garganta, provocándose las primeras arcadas.
—Una aburrida que se preocupa por ti, una aburrida que empieza a cansarse de tus niñerías —Gabriela la mira, se le acerca un poco para ayudarla en caso de necesitarlo.
—Pues vete y déjame sola, nadie te obligó a venir —la chica ignora sus palabras, la ve meterse otra vez los dedos y no tuvo que hacer más esfuerzo, el vómito llegó y con el alivio de ella. Gabriela le recoge el cabello y la sostiene, mientras Carla saca todo de su estómago.
—No podría dejarte nunca, Keila siempre me pidió que cuidara de ti. Aunque hayas escogido a Leti antes que, a mí, no me importa, loquilla de mierda, siempre estaré aquí dispuesta a cuidarte.
—Gabi —Carla se recupera, sintiéndose mucho mejor luego de vomitar todo lo que había ingerido, tal vez tomarse ese éxtasis no fue buena idea.
—Dime.
—Ojalá un día pudiera verte como lo haces tú a mí.
—Aunque lo hicieras, no me permitiría que sucediera nada.
—¿Por qué?
La pelinegra se reincorpora, acepta la botella de agua que le pasa su amiga, no sabe de dónde la sacó, pero seguro esta sabia la que le esperaba en el momento que aceptó salir en ella esta noche. Se enjuaga la boca y suspira, mira a Gabriela esperando su respuesta.
—Porque terminarías lastimándome.
Carla sonríe, Gabi tiene razón, terminaría lastimándola y ella no lo merece. Acaricia su mejilla y deja un beso sobre esta, la abraza fuertemente y tal vez en otro lugar, en otra vida, aceptaría los sentimientos de esta extraordinaria chica.
—Tienes razón, eres demasiado buena para mí.
—No he dicho eso —Gabi sonríe.
—Pero lo digo yo. Mereces mucho más que un alma vacía, Gabriela.
—Bueno, aclaremos algo, vacía del todo no eres, amabas a tu hermana de una manera obsesiva, pero una obsesión buena, de esas que cuidan y acaloran.
—Aún la amo, pero es diferente, me entiendes bien.
—Ya conocerás a alguien que te cambie la vida y trastorne tu mundo —no entiende porque esas palabras la hicieron pensar en la voz de su futura victima—, por el momento disfruta de tu soltería.
—Mientras sea como Amanda Gutiérrez —ríe al escucharse a ella misma, en la que menos pensaba era en la periodista.
—¿Cómo Amanda? No jodas Carla, te sacarías cinco loterías seguidas, esa mujer es la tentación puesta en cuerpo humano.
—Raro que no la conocía, hasta hace unos días que Leti me la enseñó por televisión. Había revuelo por un accidente que tuvo —ambas jóvenes caminaban lentamente por la calle, la casa se encuentra a pocas cuadras del lugar donde estaban y coger coche no fue necesario.
—Escuché que ya le han dado el alta, susto que se llevó, pasó varios días grave.
—Bien por ella —Carla se queda pensativa, piensa en la mujer que no la deja dormir con tranquilidad, esa mujer a la cual no le ha visto el rostro y cada día que pasa es mucho más misteriosa. No dicen nada más y llegan al apartamento de la pelinegra con el mismo silencio.
—Gabi, ya sabes que hacer, donde están las cosas, acomódate y descansa —la chica la mira extraño, es raro ver a Carla así de inquieta.
—¿Qué vas a hacer? ¿Estás bien?
—Estoy bien, no te preocupes. Voy a hacer lo que llevo haciendo varias noches y hoy no será diferente. Gracias por hacerme vomitar, con esa pastilla no hubiese podido ir.
Gabi la mira y no dice nada. Observa que toma la llave de su moto, el casco y sale por donde mismo entró hace unos minutos.
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TATUAJES. (Editando).
Roman d'amourSu hermana Keila sufre un accidente tras el cual fallece en el hospital, ese mismo día una periodista famosa corre con la misma mala suerte, siendo la causante de la muerte de la joven y de su amada hija. Carla la hermana de la fallecida buscará v...
