—¿Pensando en cómo matarme?
—Déjame en paz, Carla. Ya bastante tengo con verte todos los días.
—Apenas notas mi presencia, ¿tanto mal te hace verme?
—Más de lo que tu ego puede aceptar.
—¿Quién dijo que a mi ego le afecta eso? —la joven empresaria se acerca invadiendo su espacio personal.
—¿Podrías alejarte? Me distraer del trabajo —Amanda suspira, se siente agotada mentalmente.
—Impediste que fuera por Joel, ahora me aguantas.
—Actuar con impulsividad no es bueno, hubieras salido perdiendo. ¿Qué te hace pensar que ellos no están esperando a que alguna salga de casa?
—De ese día han pasado tres. Tu madre sale cada rato en compañía de las chicas y hoy no es excepción, hasta ahora no les ha ocurrido nada, ¿Por qué me tendría que pasar algo a mí?
—Porque Alma te odia, Carla.
—¿Te afectaría que llegaran a lastimarme?
—No. Lo que me afectaría es no poder ver tu cara de exasperación al tenerme cerca.
—Así que te distraigo —la periodista se sorprende por el cambio brusco de conversación.
—Si —Carla sonríe.
—Tienes unos ojos preciosos, seguro te lo han de decir seguido. Pero muchos desconocen algo que yo si conozco.
—Tus cambios de tema me van a volver loca —Amanda empieza a ponerse nerviosa.
—¿No tienes curiosidad de saber qué es lo que yo sé que otros no?
—¿Qué? —Amanda se echa un poco hacia atrás.
—Que tus labios son dulces, adictivos. Una droga imposible de dejar y muero por volverlo a besar.
—Sabes que eso no volverá a pasar, ese día me sorprendiste con las defensas distraídas.
—O las ganas alborotadas —la ojiverde acaricia su mejilla—, ¿tan difícil se te hace corresponderme?
—No eres el tipo de persona que me atraiga.
—Esa respuesta está lejos de la reacción que muestra tu cuerpo cuando me acerco a él y de tus labios cuando mi boca te besó.
—Eso fue un error. ¿Por qué no aceptas mi rechazo?
—Nunca acepto un no por respuesta y tu —Carla la levanta de donde se encuentra sentada y la atrae a ella sorpresivamente, uniendo sus cuerpos—, me vuelves loca, me tiembla la mente solo de pensar todo lo que puedo hacer a tu cuerpo.
—Joder.
Amanda devora con la mirada los labios de la joven que la tiene presa entre sus brazos. Tan cerca, húmeda, tan carnosa.
—Mueres por besarme, Amanda. Pensé que eras una mujer decidida. ¿Qué te detiene a hacerlo?
—Tú.
—¿Yo?
Carla une sus bocas. Una calidez las embriaga y un sinfín de emociones recorren sus cuerpos, ninguna de las dos es capaz de aceptar todo lo que causan una a la otra, pero si se dejan llevar por el deseo y la necesidad de encontrarse más allá de los problemas. Un beso violento, demandante, sus bocas se devoran, se reconocen nuevamente, dando paso a un cataclismo de calor en sus pieles, incapaces de frenar todo lo que sus cuerpos empiezan a necesitar.
Amanda gime descontroladamente y Carla la une más a ella, sus manos recorren la espalda de la periodista con ahínco, queriendo dejar su poder sobre esta. Pero la tela le estorba, le urge sentir y conocer la suavidad que sabe, tiene la piel de la ojiazul. Sus respiraciones agitadas se vuelven más demandantes de oxígeno cuando Carla logra situar sus dedos directamente sobre la piel de la periodista, esta se estremece y enreda una mano en el cabello de la más joven y tira de estos.
—Amanda.
La joven gime su nombre, separando sus labios un poco, pero la periodista los vuelve a atacar, sus lenguas danzan en su humedad y reencuentro. El deseo es tan potente que sienten que sus sexos demandan atención. Carla lleva sus manos sin pudor alguno hasta las nalgas de la ojiazul, los aprieta y acaricia con posesión, con fuerza. La empuja hacia atrás haciendo que esta, choque con el buró en el que desempeña su trabajo. Sus manos se empiezan a tocar por encima de sus ropas, deseando aplacar un poco el fuego y el hambre que ha despertado en sus entrañas la otra mujer.
La lengua de Carla se aventura por el cuello de la ojiazul y Amanda en respuesta abre sus piernas para que la joven se coloque entre ellas. Las manos de la ojiverde se adentran entre la ropa superior de la mujer que tiembla pegada a ella y suben por el abdomen, llegan a sus senos sin detención, los acaricia, los venera unos segundos.
—Carla —la voz entrecortada de Amanda la hace detenerse.
—Dime que no te gusta y juro que nunca más me acerco a ti. Estás temblando al igual que yo de deseos, Amanda, no nos hagas esto.
—No es el momento ni el lugar.
—Estás en mi casa, tu madre ha salido con Gabriela y Adriana. Estamos solas —Carla la vuelve a besar—, muero de ganas por hacerte mía, no sabes la de sueños que he tenido contigo.
—Así no por favor, no en este momento —Amanda busca las palabras adecuadas para que la joven no se sienta mal, ni rechazada, pero no las encuentra.
—Entiendo —la joven se aleja—. Antes de irme, te pido disculpas, no por esto que ha pasado ahora, sino por lo que sucedió el otro día, cuando te lastimé, fue algo que no planifiqué, no fue intencional.
—No te preocupes —la periodista busca sus ojos, pero no los encuentra.
La joven se dirige a la salida, es más de lo que puede lo que puede soportar.
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TATUAJES. (Editando).
RomanceSu hermana Keila sufre un accidente tras el cual fallece en el hospital, ese mismo día una periodista famosa corre con la misma mala suerte, siendo la causante de la muerte de la joven y de su amada hija. Carla la hermana de la fallecida buscará v...
