—Tienes que controlarte —Alma pone una mano sobre el hombro del joven.
—No me pidas que me controle, no fue a ti a la que intentaron matar.
—Tal vez iban borrachos, suele pasar muy seguido a esa hora de la madrugada, además, no sabes nada de esas personas.
—La moto de Carla la puedo reconocer entre millones, solo hay cinco como esa en este país.
—Que ella estuviera en ese lugar, no la involucra directamente. Sé lo que te digo Joel, no llegarías a nada enfrentándote a ella sin pruebas.
—¿Por qué lo dices?
—Porque ella tiene muy buenos defensores, un estatus social muy alto. Resumiéndolo, es una de las personas más millonarias del país, no llegarías ni a la esquina si haces algo en su contra.
—¡Mierda! Te dije que las amenazas no aportarían nada, solo ha complicado más las cosas.
—No ha salido tan mal, tenemos a la periodista donde queremos.
—No estemos muy seguro de ello, Alma, esa mujer es muy inteligente, no demorará mucho tiempo en sacar conclusiones y darse cuenta que estás involucrada.
—De eso me encargo yo, tú, lo único que tienes que hacer es levantarte de esa cama y acompañarme, es hora de que salgas de este hospital.
—Pero no estoy bien del todo, aún me duelen las heridas.
—Deja de llorar tanto y sé un hombre de una puta vez.
Pedro sonríe ampliamente. Los tiene. Acaba de confirmar sus sospechas y eso es algo que los pone en ventaja. Carla estará muy feliz al saber que ya tienen las pruebas que necesitan. Nada le molesta más que quebranten la ley y esa policía lo va a escuchar.
—¡Lo tengo! —dice con energía a Carla, tras esta levantar la llamada.
—¿Qué tienes?
—Las pruebas de que la policía está relacionada con Joel, ahora mismo los estoy mirando y escuchando hablar. Solo falta una cosa.
—¿Qué? —Carla camina eufórica por su despacho.
—Mostrarle una foto del hombre a Amanda, ella podrá reconocer si es o no, el que empujó a tu hermana, con eso podríamos el punto final a todo este enredo.
—Eso haré cuando salga de aquí de la oficina. Todo este tema de las amenazas me tiene estresada y no ayuda en nada a desarrollarme como requieren los temas de la empresa.
—Yo me encargaré de todo, tú concéntrate en lo que te interesa. Porque Amanda no te interesa, ¿verdad?
—No, Pedro, no me interesa —la joven responde segura, con remolino de emociones en su interior, el abogado ríe.
—Si tú lo dices, te creeré.
—No entiendo porque todos se empeñan en que la periodista me gusta.
—¿Qué pasó en tu habitación el día que fui a tu casa? Ella estaba ahí. Había mucha tensión en el ambiente, llegué a pensar que hasta en mal momento toqué a tu puerta.
—No sucedió nada, Pedro, deja de imaginarte cosas. Hablamos luego.
—Si cariño, cuídate.
Carla observa a Gabriela detenidamente. Después de la charla en el despacho de su casa con sus amigas, junto a su abogado, las cosas entre ellas no estaban del todo arreglado. Gabriela aparta la mirada y suspira, enfrentar a Carla no le es difícil, pero reconoce que en este instante todo gira a favor en torno a la ojiverde.
—¿Vas a seguir enojada conmigo? —Gabi pregunta con un poco de recelo, no está preparada para la respuesta positiva de su amiga.
—No estoy enojada contigo, Gabriela. Pero lo que has hecho me podría meter en serios problemas.
—Después de lo que te ha informado Pedro, dudo que así sea.
—Esa no es la cuestión, la cuestión es que, me tenías que ver contado las cosas.
—¿Hubieras aceptado? —Carla duda, no, no hubiera aceptado.
—No tienes respuesta porque sabes que no lo hubieras hecho, pero eso tiene solución. Esta tarde cuando llegue a casa, les digo y nos vamos, no las voy a abandonar ahora que me he involucrado.
—Esa no es la solución.
—¿Dime tú cuál es entonces? —Gabi la mira y sostiene sus dudas.
—No sé, pero que se vayan no es la solución.
—No me das opciones, Carla. Creo que en el fondo lo que temes es a involucrarte más con Amanda. Temes sentir lo que nunca has experimentado.
—No sé de qué hablas —Carla le da la espalda.
—Lo sabes bien, antes andabas de cama en cama como una demente, castigando tu cuerpo en placeres, pero no con sentimientos. La presencia de la periodista te distrae —Gabi ríe.
—No digas estupideces, Gabriela.
—Si fuera lo contrario no te pondrías así, conócela, tal vez estén destinadas. Lo que les quitó la vida, lo devolvió el accidente, puede que sea una señal de tu hermana.
—¿Ahora eres clarividente?
—No, pero esa mujer te pone nerviosa, tu cuerpo solo envía las señales.
—¿Saldrán hoy? —Carla corta en tema y desvía el contenido de la conversación, su amiga no está del todo equivocada.
—Si, solo Leticia y Adriana con la señora Angela, yo estaré en casa trabajando, esta empresa empieza a quitarme tiempo.
—Si no estuvieras todo el tiempo, metida entre las piernas de tu novia, no sería así. Responsabilidad es responsabilidad, querida.
Carla la mira y sonríe, va hasta ella y la abraza.
—Gracias.
—Gracias a ti motera.
—Creo que ese mote ya no me pega, he cambiado la moto por este traje.
—¿Qué le gustará más a Amanda, la motorista o la empresaria?
—Gabi —Carla se carcajea—, tus ocurrencias, son las mejores.
—¿Cómo besa?
—¿Perdón?
—¿Cómo besa? No te hagas la tonta.
—Demasiado bien para mantenerme consciente. ¿Contenta?
—Te has enamorado.
—No, pero no es una más de la lista, ella es una mujer que no permitirá ese tipo de juegos —Gabi sonríe.
—Espero que le expreses lo que sientes, no la dejes escapar, así podrás pasarte días entero bebiendo de su sexo, tus palabras, no me mires así.
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TATUAJES. (Editando).
Roman d'amourSu hermana Keila sufre un accidente tras el cual fallece en el hospital, ese mismo día una periodista famosa corre con la misma mala suerte, siendo la causante de la muerte de la joven y de su amada hija. Carla la hermana de la fallecida buscará v...
