—Amanda —murmura en voz baja, apenada porque lo que no quería que pasara, acaba de pasar, la periodista la ha visto en una de sus peores facetas—. ¿Qué haces aquí?
—Quiero evitar que cometas una desgracia, no puedes hacer esto.
—Ellos son los culpables de la muerte de Keila y Lía —la joven evita mirarla a la cara.
—Lo sé, pero tienes que frenarte. Hay justicia para ellos, no te ensucies las manos, por favor —Amanda acaricia su rostro, pero la joven lo voltea, evita el contacto.
—No quería que me vieras así.
—Es una parte de ti que tarde o temprano llegaría a conocer —la periodista le voltea el rostro, sus ojos se encuentran—. No quiero perderme nada, te quiero conocer completa, por dentro y por fuera.
Carla observa a Alma inconsciente en el suelo, pone dos dedos en el cuello, tiene pulso. Mira a Joel, este, aparta la mirada con temor.
—Por favor —Amanda toma su barbilla y hace que la mire.
—Joel —la ojiverde habla con voz aguda—, solo preguntaré una sola vez. ¿Qué fue lo que pasó esa noche?
El hombre levanta el rostro, sabe que no tiene nada que perder, ya no hay salida.
—Alma y yo llevamos más de un año de relación. Keila esa noche nos sorprendió. No discutió, no hizo nada, solo se marchó y yo la seguí. No la iba a perder
—Egoísta —Carla se tensa.
—Sí, fui un egoísta. No tienes idea de cuanto me arrepiento.
—La mataste.
Varias lágrimas humedecen el rostro de Carla, Amanda aprieta sus manos. Joel sigue contando todo lo que sucedió esa noche, él no esperaba que muriera, la impulsividad y descontrol le hicieron cometer tal atrocidad. Nunca vio cuantas personas iban en el coche, él solo salió huyendo. La joven empresaria luego de escuchar todo, de cómo la policía lo ayudó en sobrellevar las cosas, las amenazas a la periodista y todo lo demás, se puso de pie, la ojiazul la sostuvo de un brazo y se puso a su lado.
Carla mira a Pedro y este asiente, ha grabado todo.
—Mataste a mi hermana, a la hija de Amanda y estás vivo gracias a ella, mal nacido.
—Perdón —pide el joven de rodillas.
—¿Crees que con pedir perdón puedes devolver a una hija? Para tu información, no, no la puedes devolver.
Carla da la espalda y se aleja, siente que está perdiendo nuevamente el control. Amanda observa al hombre arrodillado y opta por seguir a la empresaria.
—Encárgate de todo, Pedro, por favor. Necesito descansar, todo esto empieza a darme dolor de cabeza, nos vemos mañana en casa.
—Ve tranquila, mi niña. Ya te daré detalles.
—Ya que no lo pude hacer yo, háganle saber a este asesino que su peor error fue haber conocido a mi hermana, no por ella, si no por mí.
—Como desees.
Gabriela la espera con los brazos cruzados en su pecho, su mirada es neutra, vacía.
—Yo quería golpearla.
—Gabriela, ya todo terminó —Carla la reprende, la morena la ignora y pasa por su lado dando pasos largos, molesta.
—¿Cómo llegaste hasta aquí? —Carla se dirige a la periodista un poco más calmada.
—Pedro me buscó. Pensó que solo yo podría detenerte, ninguno de ellos era capaz. No se equivocó.
Carla le regala una sincera y dulce sonrisa, el brillo de sus ojos se une a la muestra de afectos.
—Vamos a casa, ¿tu madre está bien?
—Si, lo más seguro es que mañana le den el alta.
—Tenemos la casa sola para nosotras, Gabriela seguro se quedará con Adriana —la joven humedece sus labios, Amanda muerde los suyos inconscientemente—. Aún me debes un orgasmo.
—Mi mente no está para sexo hoy, Carla. Estoy agotada y el cuerpo me pide a gritos una cama para descansar, todo esto me ha dejado desequilibrada.
—No necesariamente hay que tener sexo, créeme que dormir juntas es una muy buena opción.
—Vas muy rápido, aun no conozco tu color favorito —Amanda la mira.
—El negro. Ya has dormido en mis brazos.
—Estaba borracha, no recuerdo nada —miente.
—He pasado mi lengua por tu cicatriz.
—¿Cuándo? —Amanda se alarma— ¿Abusaste de mí?
—No, sería incapaz —Carla se carcajea—. Dios tu cara es adorable.
—Tus manos —la pelinegra cambia el tema. Toma las manos de la ojiverde y observa los nudillos alterados.
—Nada que un poco de hielo no pueda resolver —la empresaria entrelaza sus dedos y la mira—. Dame un beso.
Amanda niega con la cabeza, pero la sonrisa amplia en sus labios la delata.
—Estás toda sudada y hay manchas de sangre en tu ropa.
—Aún huelo a ti —Carla la atrae hacia su cuerpo—. Bésame.
Amanda besa su mejilla despacio, un simple roce y se dispone a pasar por su lado, Carla la detiene y une sus labios.
—Nunca me niegues un beso, porque sería lo único que te obligue a hacer. Lo haces muy bien, besas de maravilla.
—Chicas —Gabi las interrumpe—, que suerte tengo para interrumpirlas, pero esto es importante. Adriana despertó.
—Tú y yo vamos en moto.
—Yo no me monto en ese animal —Amanda se queda parada.
—Eso es algo que no se discute, Amanda.
No es que imponga, es la manera en que lo hace, la periodista siente sus piernas temblar y muerde sus labios con fuerzas. Carla la toma por la cintura y la besa, se coloca a su espalda y pega su vientre al muy bien moldeado trasero, besa sus oídos y susurra.
—¿Segura que esta noche solo dormirás?
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TATUAJES. (Editando).
RomanceSu hermana Keila sufre un accidente tras el cual fallece en el hospital, ese mismo día una periodista famosa corre con la misma mala suerte, siendo la causante de la muerte de la joven y de su amada hija. Carla la hermana de la fallecida buscará v...
