La joven empresaria entra hecha un huracán a su oficina. Gabriela la sigue de cerca, observa todos los movimientos excesivos que hace la joven y teclea rápido a Leticia, la necesita. Carla ha llegado en muy mal estado, demasiado alterada y ellas saben que esos descontroles le pueden provocar una recaída y es lo que menos le conviene a la chica en esta etapa de su vida.
—Cálmate Carla, por favor —pide la castaña temiendo escuchar su respuesta.
La pelinegra se pasea por el despacho como un león enjaulado, furiosa, ignorando el grito en su interior que le pide buscar algo para calmar el fuego que arrasa con su pasividad y todo gracias a Amanda, esa mujer ha llegado para levantarle la maldad y trastornarle la existencia, hasta su propio sueño le perturba.
—Necesito un cigarro.
Mejor eso a que sea otra cosa. Piensa Gabi que le ofrece uno, la chica conoce tanto a su amiga, que ya venía preparada.
A los minutos llega Leticia, que se detiene y observa detenidamente el ambiente, para saber que palabras usar con Carla. Detrás de ella va una mujer que hace sonreír a Gabriela, de las tres amigas, la única que no conoce a Adriana es Carla y duda que en este estado lo pueda hacer.
—Adriana —Gabriela se acerca a ella.
Leticia camina hasta donde está Carla que se encuentra de espalda, distraída fumando, calmando las ganas de salir y coger a la periodista y hacerle gritar su nombre y no de una forma placentera.
—Gabi. ¿Interrumpo algo? —Adriana se siente incómoda, de todos los escenarios que imaginó donde conocería a las amigas de la mujer que le gusta, este es el que menos pensó.
—No, pero es bueno que hayas llegado. Carla es muy impulsiva y en ocasiones no podemos con ella, suele perder el control pocas veces, pero esta es una de ellas. Realmente no sé qué le pudo pasar para que esté así.
—Oh —susurra Adriana viendo a Leti interactuar con la joven sin pronunciar palabras.
—¡Me demandó! ¡Me puso una jodida demanda! Es increíble.
Carla ríe, pasa varias veces una mano por su pelo, alterada. La impotencia es algo que ella no puede tolerar, ni aceptar, pero en este caso se la tiene que aguantar, todo por no cometer una locura con cierta periodista. Leti entrelaza sus dedos trasmitiéndole sosegad.
—Respira, cálmate y me cuentas. Sabes que no te hace bien alterarte, puedes sangrar por la nariz y será mucho peor.
—¿Cómo pudo hacer eso Leti? —Carla no entiende por qué esa acción de Amanda le duele tanto— Yo no hice nada, esa mujer va a sufrir toda la vida por la muerte de su hija, no soy capaz de plantar más sufrimiento en ella, no lo merece.
—Que haya hecho eso, indica que tiene miedo. Lo ha hecho para resguardarse en la policía, después de todo solo tiene a su madre, tú misma me dijiste en una ocasión.
—Yo me alejé de Amanda, la empresa me envuelve tanto que ni tiempo para pensar en ella tengo, ni siquiera para follar, ¡joder!
—¿Cómo terminó todo? —pregunta Gabriela al ver que su amiga se ha calmado un poco.
La pelinegra se voltea y la mira, luego sus ojos caen en la persona que está al lado de su amiga. Ambas se observan. Adriana está embobada, Amanda sería muy idiota se deja escapar a semejante mujer, Carla es de la que corta el aliento con una mirada y la acompañante de Gabriela no es ajena a ese efecto.
—Ella es Adriana, la mujer que te comenté, nos estamos conociendo —Gabi se adelanta a la presentación, liberando a su compañera del poder que ejerce su amiga con la mirada.
—Un gusto conocerte, Adriana. Espero me disculpes por este teatro dramático que me he montado, pero es que la obra lo precisa, si no, exploto.
—El gusto es mío, no tienes que preocuparte, cada quien tiene sus motivos para hacer dramas.
—Ya me caes bien, bienvenida al grupo —Carla sonríe y Adriana reza para que su amiga, la periodista, vea esa sonrisa algún día.
—Gracias —Adriana devuelve el gesto y toma la mano de Gabi.
—No me has respondido, Carla —Gabi interviene al ver que ya la presentación no lleva más dialogo.
—Orden de alejamiento, como si me le acercara tanto.
—Te dije que eso te traería problemas, no debiste acercarte a ella, no de la manera que lo hiciste.
—¡Gabi, si le hubiera querido hacer algo, desde que estaba en esa puta cama en el hospital, lo hubiese hecho! Perdona por eso, Adriana, mis amigas me conocen, si no grito, siento que no me desahogo.
—Tú desahógate —responde la chica quitándole importancia.
—¿Te enamoraste de ella?
La pregunta de Leticia, las deja a las cuatro en un profundo silencio, no incómodo, pero si extenso.
—¿Perdón? —Carla ríe.
—Te perdono. Si esa periodista no te importara, no estarías así, temblando por la impotencia que sientes al no atreverte a hacerle nada, porque lastimarla a ella te afectaría tanto como para no perdonártelo nunca.
—Leticia. ¿Has fumado algo?
—Carla, Amanda Gutiérrez te tiene en sus manos y tú no te has dado cuenta. Creo que ella tampoco, porque dudo que una mujer como esa te deje escapar tan fácilmente.
—No digas estupideces, Leticia.
Adriana observa la escena sonriendo, si Carla supiera el efecto que tiene sobre su amiga, las cosas serían diferentes, pero es un camino que se debe dejar libre, no inmiscuirse en eso, es lo mejor que puede hacer.
—No son estupideces, Carla. Deberías de buscarla y hacerle pagar lo que te ha hecho, pero en una cama, no en un rin de boxeo.
—Necesito un trago, Gabi —Gabriela sonríe, todo lo negativo se ha disuelto y ahora solo queda un ambiente relajado y agradable.
—Eso, tu huye —Leti la empuja riendo—, tu misma dijiste que te pasarías días completo metida en su entrepierna.
—¡Leticia! ¿Qué va a pensar Adriana de nosotras?
—Adriana es lesbiana, Carla. Admítelo, estás loca por llevarte a ese bombón de periodista a la cama.
—Amanda me parece una mujer físicamente irresistible.
—No te has visto tú —dice Gabi pasándole un vaso con whisky, Carla la ignora.
—Le pondría los miles de millones que poseo en su cuenta, solo por un beso, pero no es para tanto, lo que tiene de bella, lo quita su arrogancia. No la soporto.
—Facilítame su número, estoy segura que a esa periodista no le vendría nada mal uno cuantos millones.
Leticia la abraza y besa su mejilla. Adriana sonríe, después de todo, las amigas de su pareja no son del todo normales y eso las hace perfectas.
ESTÁS LEYENDO
TATUAJES. (Editando).
RomanceSu hermana Keila sufre un accidente tras el cual fallece en el hospital, ese mismo día una periodista famosa corre con la misma mala suerte, siendo la causante de la muerte de la joven y de su amada hija. Carla la hermana de la fallecida buscará v...
