—No te martirices más, Carla. Apenas han pasado tres días desde que se fueron y andas como un gánster moribundo sin saber dirigir y coordinar tus sentimientos. Necesitas ver a esa mujer con urgencia, estás insoportable.
—No es tan fácil como lo mencionas, Leti, Amanda dejó claro que sucedido entre nosotras solo fue sexo y sabes que no soy de las que va persiguiendo a mujeres.
—No las persigues porque estás acostumbrada a que ellas te busquen a ti. Amanda es diferente, tiene su orgullo y se da el lugar que no acostumbras a ver en otras. Coge el casco y ve a verla de una jodida vez.
—He bebido demasiado, tal vez no es el momento —Leticia ríe.
—A ella no le importará el alcohol que has consumido, le importará que en este estado de embriaguez pensaste en ella y no en otra, los borrachos siempre dicen y actúan con la verdad.
—Si me vota de su casa por tu culpa ya te enterarás.
—No es su casa, es la de su madre y dudo que la señora Angela se ponga en contra.
Carla se pone de pie y camina decidida bajo la atenta mirada de sus dos amigas, Gabriela no ha pronunciado una palabra solo sonríe, cómplice con Leti.
—Solo no la hagas gritar tanto, Adriana descansa en esa casa, por favor —Carla la fulmina con la mirada.
—¡Gabi!
Media hora más tarde la ojiverde detiene su moto frente a la casa de Angela, o al menos es la que indica en la dirección que le dio la señora. Once y media de la noche, la mayor estará durmiendo ya, pero no se molestará en atender al teléfono, y si lo hace, ya es su problema.
—Diga —Carla suspira al escuchar la vos adormilada, tal vez no ha sido buena idea despertarla.
—Señora Angela —la joven habla apenada.
—Has visto la hora que es, Carla. Lo del infarto es real, mi muerte caerá sobre tus hombros —la empresaria ríe.
—Estoy frente a tu casa. No puedo soportar las ganas por verla.
—¿Quién te dio mi dirección? —Angela se asoma por la ventana y confirma lo que dice la joven.
—Tengo mis medios de información. Eso no es lo que importa ahora, lo que interesa es, si me va o no, dejar pasar a su casa.
—Amanda me va a matar mañana.
—Gracias.
..
Carla se queda unos minutos observando a la periodista dormir, ajena a todo lo que se le está por venir. Se deshace de su ropa quedando solo con la interior, camina sin hacer el menor ruido y con mucha precaución se mete debajo de las sábanas. Se queda quieta unos segundos, Amanda se ha movido y teme despertarla de esa manera.
Puede sentir el calor que emana el cuerpo de la pelinegra, suspira entrecortadamente y se acerca a ella evadiendo su organismo con necesidad. Pega sus tetas a la espalda desnuda de la ojiazul y esta se estremece, pareciera que estuviera despierta todo este tiempo. Su pelvis se une al bondadoso y exquisito trasero que tiene a su disposición y una de sus manos se aventura entre sus piernas. Amanda abre los ojos y gime al roce, solo con el contacto sabe de quien se trata.
—Demoraste demasiado —susurra en voz baja.
—Lo suficiente como para que me necesitaras —Carla muerde el lóbulo de su oreja y lo lame.
Siente el calor que resguarda la entrepierna de su amante a través de la escasa ropa que la cubre y ahoga un gemido. Amanda abre las piernas para facilitarle el acceso, un gimoteo nacido desde el fondo de su garganta es detenido a tiempo al sentir el roce posesivo sobre su sexo. Se mueve para profundizar el contacto, pero Carla no lo permite. La joven lleva su mano hasta sus senos, los aprieta con efusividad y de forma intensa los masajea. Las ansias y la excitación aparecen de manera violenta y ambas bocas se buscan a la vez, pero la más joven evita el contacto, la periodista gime con desesperación.
—Por favor.
Carla le da la vuelta y se coloca encima de ella, las manos de la ojiazul van directamente a las caderas de la empresaria y la mantiene quieta mientras ella se mueve restregando sus pelvis por encima de la ropa que ya les estorba. Amanda da el primer paso y en pocos minutos quedan las dos desnudas, Carla se posesiona entre sus piernas y atrapa sus labios con un beso hambriento. Todo el alcohol que le dio la valentía para hacer lo que está haciendo se ha evaporado, tanto calor entre ellas la hace casi convulsionar.
Sus lenguas se acarician, se succionan, la más joven teme lastimarla, pero es que, esa boca la ata tanto a la poca cordura que lo único en lo que piensa en es perderse en ella y beber de sus profundidades más exquisitas. Un beso húmedo que en segundos sube en intensidad. Amanda lleva sus manos a los glúteos de Carla y empuja hacia ella uniendo sus sexos mojados y calientes.
La empresaria no se desprende de su boca, es imposible hacerlo, sus labios son tan suaves, dulces, apetecibles que pasaría toda la vida en ese cálido encuentro de salivas. Retina las manos de la periodista de su cuerpo y las pone por encima de su cabeza. Se mueve con más ritmo, marcando un vaivén de caderas perfecto, donde sus sexos son los principales protagonistas, la empresaria se ha dado cuenta que esta es la parte de la intimidad que más gusta a Amanda y ella no tiene problema en hacérselo. Se mueve con más destreza y ahoga los gemidos de su amante con sus besos.
—Carla —susurra la de los ojos azules en medio de sus labios.
—Dime.
Los dientes de la joven dejan una mordida sobre su cuello provocando un agudo gemido que es silenciado por dos dedos dentro de su boca.
—¿Cómo lograste entrar?
—¿Eso es lo que realmente te interesa?
Carla besa sus senos y los muerde suavemente, mientras sus caderas continúan moviéndose.
—Si.
—Estás en casa de tu madre, puedo entrar cuando quiera.
La joven no la dejó continuar hablando, invadiendo su boca con la lengua, baja nuevamente hasta sus senos y los devora con unas ganas descontroladas, los convence de que tiene el control sobre ellas. Lleva dos de sus dedos hasta la entrepierna de la mujer que tiembla bajo de ella y los introduce lentamente dentro de su lubricada vagina. Sus miradas conectadas brillan, la intensidad de la excitación les nubla la mente y los sentimientos hacen acto de presencia. Tener a Amanda desnuda a su disposición es un sueño, es recibir aire en los pulmones, es líquido vital para su existencia.
Recorre con la lengua desde sus muslos, alternándolos, hasta su ingle y saborea el olor de sus fluidos. Observa los movimientos del pecho agitado de la periodista y sonríe. Pone la mirada en los pliegues de su sexo y sus dedos entrando y saliendo entre estos con facilidad. Amanda grita al sentir el roce de la lengua en su clítoris y Carla se maldice mentalmente.
—Tu madre me va a matar.
—Que se abstenga, ella te dejó entrar.
Amanda tira de su cabello y guía el beso cuando sus bocas se unen. Todo es cálido y sediento entre sus cuerpos. El apetito sexual florece entre sus pieles y hace que fluyan, volcanes y junglas salvajes donde se recorren deliberadamente. Sus manos expertas, reconocen y memorizan cada parte de sus cuerpos, al igual que sus bocas. Sus gemidos se mezclan y liberan las ganas sin temor a cometer algún error. Todo es limpio entre sus respiraciones, ya tendrán tiempo para enfrentarse, para soportar las garras de la humanidad.
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TATUAJES. (Editando).
RomanceSu hermana Keila sufre un accidente tras el cual fallece en el hospital, ese mismo día una periodista famosa corre con la misma mala suerte, siendo la causante de la muerte de la joven y de su amada hija. Carla la hermana de la fallecida buscará v...
