Se detiene en el umbral de la puerta, tratando de asimilar una vez más lo que le toca enfrentar y dirigir. Nunca fue mala para los negocios, ni a la hora de hacer grandes cálculos, mucho menos en tomar difíciles decisiones, pero carece de experiencia, algo que llevará un buen tiempo en adquirir. Todo sea por cumplir los sueños y metas de su gemela, eso es más que suficiente para que no dudara en aceptar todo lo que le corresponde.
Luego de salir de la casa de Gabriela, Carla recibió una llamada del abogado de la familia, un señor mayor con un carácter que más que respeto mostraba confianza y sabiduría. Esas características en una persona es lo que ella necesita, alguien que le sepa cuidar las espaldas de tantos buitres que hay en las grandes industrias, alguien en quien depositar todas sus dudas sin miedo, sin temor a fracasar.
Las pequeñas preguntas que tiene para que Amanda le responda quedarán para después, es algo que no demorará en resolver. El extraño accidente que provocó la muerte de su hermana es algo que llevará siempre tatuado en los huesos. A no ser que la policía se le adelante y consigan lo que ella quiere, conocer las verdaderas razones que provocaron aquel trágico incidente.
No lo piensa más y entra al gran edificio forjado de grandes ventanales y cristales azules, dándole un aspecto elegante y modernizado. Muchas miradas se detienen en ella, no le extraña, es la cuarta vez que entra en este sitio, su hermana era muy respetada y querida y ella solo estaba como apoyo, pero escondida entre las sombras, no le gustaba mezclarse con esos medios que te roban cualquier tipo de privacidad y vivencia.
Una mujer que luce un traje algo exuberante se le acerca, la recorre con la mirada a cuerpo completo, déspotamente, gesto que hizo reír a Carla, muchas cosas iban a cambiar tras su llegada. Lo primero que deben mostrar sus empleados es respeto, sin importar clase social a la que pertenezca dicha persona, tal vez el vestimento que lleva le favorece al egocentrismo que muestra la señora.
—Buenos días —saluda la joven sin dejar de mostrar su sonrisa.
La señora no devuelve el saludo, Carla opta pasar por su lado, ignorándola. Más adelante logra ver a Pedro, el abogado, que espera por ella, hablando con algunas personas, estás se fijan en ella y sonríen ampliamente.
—¡Carla! —el señor se acerca y estrecha su mano en modo de saludo, la abrasaría, pero frente a los empleados este tipo de confianza queda descartado por completo.
—Hola, Pedro. Ya extrañaba tu energía.
—Y yo tu picardía, jovencita —dice en voz baja para que solo ella pueda escuchar.
—Dime que con ella puedo mantener todo esto y llevarlo a mucho más.
—Tu hermana se encargó de ello. Ella dejó parte de tu plan adelantado, tu deber es mantenerlo y no defraudarla.
—Eso tendré presente, debo cumplirle, ella siempre confió en mí —sonríe la joven levantando las cejas.
—Llegó la hora de poner a funcionar esa inteligencia que posees, Carla.
—Lo sé, y por eso estoy aquí —dice segura de sus palabras—. Solo necesito a alguien de confianza como tú a mi lado, por lo menos el tiempo necesario para adaptarme a todo esto. No es cómodo romper mi vida, para empezar otra.
—Estaré aquí siempre que lo necesites. Ahora vamos, te mostraré el lugar donde derrocharás muchos minutos de tu agitada y divertida vida, tu futura oficina.
—Primero déjame preguntarte algo. ¿Quién es ella? —señala a la señora que no se molestó en saludarla.
—jefa de recursos humanos. ¿Por qué preguntas?
—¿La puedo despedir?
Pedro la observa asombrado.
—Es tu empresa, eres la dueña, puede despedir a quien desees, pero te aconsejo, ella es muy buena.
—Yo soy mejor y respeto, eso es algo que tiene que resaltar en este lugar.
—Veo que tu hermana no se equivocó. Se debe estar sintiendo orgullosa.
—¡A usted! —habla en voz alta, señalando a la señora que la desafía con la mirada, varias personas detienen lo que hacen para ver que sucede—. La quiero fuera de este edificio en menos de cinco minutos.
—¿Quién lo pide? —pregunta la señora llena de rabia.
—La dueña de esta empresa.
Sonríe y se dirige a recepción, una mujer joven la saluda cordialmente.
—Señorita Carla, sea usted bienvenida.
—Gracias, Virginia —dice tras leer el nombre en la placa que adorna uno de los bolsillos de la camisa que lleva puesta la chica.
Pedro la guía hasta el penúltimo nivel, dejando el ultimo para después.
—Tu hermana hizo las cosas como si supiera de antemano lo que iba a pasar. Ella cuadró todo, los socios con proyectos de más de cinco años, donde de querer dejarlo, tienen que pagar una gran suma a tu empresa, hablo de millones.
—Keila siempre fue premeditada, espero no decepcionarla.
—Toma estas llaves, solo tú tienes acceso a ese lugar —el abogado cambia el tema al ver el rostro afligido de la joven.
—¿Qué lugar es?
—El ático. Ya es decisión tuya si empezarás o no, a vivir ahí. Tiene acceso tanto por aquí, dentro del edificio, como por fuera, si deseas que nadie sepa, lo tienes asegurado.
—Oh.
Carla no dice nada y se acerca a la gran ventana, observa la perfecta vista que la acompañará desde este instante, hasta que el destino así lo que quiera. Una lágrima humedece su rostro y sonríe, Keila siempre la supo guiar y aquí está, sobre sus propios pasos.
Mira a Pedro y le regala una sonrisa. Se despiden y queda sola, acopla sus pensamientos, pero el pitido de su móvil la hace apartarse de estos. Leti le ha enviado unas cuantas fotos de Joel abrazado a una mujer rubia, incluida varias en donde se besan. No logra ver el rostro de la compañera, solo la mitad de este, pero le es suficiente para entender que estaban juntos antes de la muerte de su hermana y eso es algo que averiguará. Ha llegado la hora de hacerle una visita a su ex cuñado.
Cambio en la historia, pero en algo debe cambiar la vida de Carla....
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TATUAJES. (Editando).
RomansaSu hermana Keila sufre un accidente tras el cual fallece en el hospital, ese mismo día una periodista famosa corre con la misma mala suerte, siendo la causante de la muerte de la joven y de su amada hija. Carla la hermana de la fallecida buscará v...
