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Dentro de la nube tóxica, las fuerzas llevaban ya varios minutos bajo fuego cruzado. El caos era absoluto. Los gritos ahogados se mezclaban con toses carrasposas, las vagas órdenes de algunos soldados  y los estruendos de los proyectiles. Como una extraña mezcla de inquietud e instinto de supervivencia, el capitán ascendió por encima del tumulto.

Suspendido en el aire, avanzó unos metros, intentando encontrar al comandante Erwin con vida, pero su visión era borrosa y la bruma no ayudaba en absoluto. Los gases parecían ser como una muralla implacable en la que resultaba imposible distinguir aliados de enemigos. Desde la altura, Levi forzó la mirada y pudo vislumbrar sombras moviéndose erráticamente de un lado a otro, iluminándose con los destellos esporádicos de los disparos, y, las precarias estructuras, que alguna vez formaron parte de la Ciudad Subterránea, transformadas en un infierno sepulcral. 

Sin embargo, no había rastros del comandante Erwin por ningún lado. 

Levi tosió y se obligó a respirar con normalidad. Un picor, como si miles de hormigas estuvieran caminando por encima de sus parpados, asedian sus ojos. Inspiró hondo, pero los efectos de los gases lacrimógenos no solo lo debilitaban físicamente sino que también nublaban su mente, embotada por los químicos. 

Ya había experimentado algo similar una vez, cuando tenía apenas doce años. En esa ocasión, quedó atrapado en medio de una disputa entre dos comerciantes. La Policía Militar intervino rápidamente, dispersando a la multitud con esos mismos gases. En aquel entonces, logró escapar antes de quedar atrapado por la nube tóxica, pero la breve exposición le bastó para dejarlo jadeante y con la garganta ardiendo.

Pero esta vez no había tenido tiempo para escapar. Todo era un remolino de tierra, pólvora, sangre y alaridos...Muchos alaridos.

Las heridas superficiales, que antes pasaban desapercibidas por el subidón de adrenalina, ahora escocían como brasas al rojo vivo. Cada respiración perforaba sus pulmones con la fuerza de una tenaza.

Levi estaba al límite. Lo sabía.

 Su cuerpo le pedía a gritos que se detuviera, pero no podía hacerlo. 

No sin Erwin.

Por el bien de la humanidad, Erwin tenía que estar vivo.

Y si no lo estaba... si el comandante estaba muerto...

No llegó a terminar su pensamiento. Algo se movió a sus espaldas. Levi giró justo a tiempo para ver una sombra emerger de la neblina y abalanzándose sobre él. Su corazón se detuvo por un instante, pero sus reflejos fueron más rápidos.

El capitán se inclinó hacia un lado, esquivando el ataque, y contraatacó, en un mismo movimiento, derribando a su oponente.

Sin embargo, el fugaz enfrentamiento no pasó desapercibido. Un disparo resonó a la distancia y, desde atrás, Levi recibió el impacto de un proyectil contra su equipo de maniobras. De repente, el golpe desestabilizó por completo el mecanismo, y en cuestión de segundos, todo comenzó a caer por su peso.

Luchando contra el vértigo, Levi ajustó la postura y logró aterrizar de pie, frenando la caída con las cuchillas de su equipo de maniobras. El metal contra la tierra levantó una nube gravilla y polvo con la que luchó para no estornudar. Levi había ascendido lo suficiente como para no quebrarse una pierna,  pero si para para que un escalofrío eléctrico recorriera su columna vertebral tras el impacto de la caída.

Sin embargo, no tuvo tiempo siquiera de ser muy consciente de ello.  Apenas recuperaba el aliento cuando, a la distancia, escuchó pasos apresurados y el murmullo de un par de voces acercándose. Rápidamente, Levi se libró de su equipo dañado, sostuvo las cuchillas por el mango y se agazapó detrás de unos barriles de vino que se apiñaban en un callejón hacia su derecha. 

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⏰ Última actualización: Dec 28, 2024 ⏰

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