Ya es hora

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Capítulo cuarenta y cuatro.

Narra Ninette.

El silencio era horrible, su aroma se estaba desvaneciendo y el calor de su cuerpo ya no estaba a mi lado.

Estaba tan adentrada en mis pensamientos que cuando Laurie apareció frente a mi, solté un grito.

— ¿A caso quieres muera de un infarto? —exclamé tocando mi pecho.

— No, eso no —negó con la cabeza como un niño pequeño.

Solté una risa y él ladeo la cabeza del lado viéndome a los ojos notando que acababa de llorar. Dejó su bolsita de gomitas sobre la mesa y se acercó a mi, subió su mano a mi rostro quitando mi cabello del frente, en camino acarició mi mejilla limpiando una lagrima que se había escapado y me sonrió.

— Aquí estoy... siempre tuyo

Me abalancé a su cuerpo llorando como una niña pequeña. Su mano acariciaba mi espalda mientras yo dejaba salir tantos sollozos como dolor. Tomé una bocanada de aire y dejé que las últimas lágrimas salieran.

— ¿Por qué yo? ¿Por qué yo y no otra chica? ¿Por qué tuvo que haberme visto a mi como presa y no a otra?

Silencio, hubo silencio un largo minuto.

— No pienses así —dijo en voz suave— hay chicas que han terminado muertas y creo que deberías agradecer porque tu no fuiste uno de esos casos... tu llegaste a ser salvada a tiempo, mientras que para otras ya era demasiado tarde —se separó un poco de mi cuerpo para acomodarse mejor— pero no hablemos de eso

Dejé caer mi cabeza en su pecho y cerré los ojos soltando aire entrecortado.

— Me engañó... Payton me engañó con otra mujer mientras estaba en Sidney —solté—... me dolió, ¿sabes?

Una lágrima salió de su orbita y la limpié con rudeza.

— Vino cuando cuando tu saliste hace un par de minutos...

— ¿Y qué pasó?

Me quedé callada buscando encontrar las palabras.

— Le dije que se fuera —cerré los ojos— ni siquiera dejé que me explicara... mierda, debiste ver su cara, jamás lo había visto así y me siento terrible por eso

— Hiciste lo que tu corazón te dictó, ¿no es así? —preguntó suavemente.

— No... —me separé de su cuerpo para verlo a la cara— hice lo que mi enojo dictó

Era cierto. Si yo hubiera tomado las decisiones y no mi enojo, le hubiera dado la oportunidad a Payton de explicarme lo que había sucedido.

— Bueno... tienes tiempo de resolver esto, nada está perdido para siempre

Admiré su rostro y él el mío, sin poder evitarlo sus ojos me hipnotizaron haciéndome adorar ese verde con detalles azules y cafes. Sus labios brillaban y aunque estuvieran resecos, la fuerza magnética de los suyos con los míos comenzaba a aumentar.

Ambos sabíamos que iba a pasar.

— Ninette...

— Laurie...

En un respiro sus labios abrazaban los míos como viejos amantes tan conocidos y extraños a la vez mientras me abrazaba por el torso acercándome su cuerpo. Le dio una pausa a nuestro beso para respirar y volvió a envolverme en sus suaves labios. Lamió mi labio inferior y yo mordí el suyo.

La velocidad del beso de repente incrementó mientras el sonido de la maquina que registraba los latidos de mi corazón lo hacía también.

Laurie rió por lo bajo y sonriente se separó de beso mirándome con diversión. 

Sex Intructor® | 𝐏.𝐌 |Donde viven las historias. Descúbrelo ahora