Capitulo 3: Una puerta entreabierta

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Actualización semanal 🙂

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Aitana Sorní

— ¡Abre la puerta! Joder Aitana no me hagas llamar la policía maldita sea.

Apenas podía abrir los ojos sin sentir que me caería si daba un solo paso. La cabeza quería reventar y lo primero que vi al despertar fue docenas de botellas de vino vacías a mi alrededor y botes de píldoras abiertos por doquier. Había olvidado cuando fue la última vez que estuve frente a una botella de alcohol y pude resistirme a no abrirla y tomarla. Estaba jodida, fallé..., me drogué y la verdad no me importaba una mierda. Soriana seguía tocando la puerta y yo solo miraba la puerta sin intención alguna de responder. Agarré la caja de cigarrillos y tras encenderlo y darle una calada me quedé mirando la puerta deseando que Soriana se cansara de tocar y se largara.

— ¡Joder no te comportes como mocosa y abre la puñetera puerta!

Fastidiada me levanté del sofá y enojada fui a abrirla. Ahí estaba ella con cara de indigno y yo con deseos de gritarle que se fuera al diablo.

— ¿Qué quieres? Te hacía en un un avión de regreso a España.

— ¿Estás bebiendo?

— ¿Qué te importa? ¡Joder que me dejes en paz!

Me hizo a un lado y a fuerzas entró al apartamento mirando las botellas vacías con decepción. No importaba cuando se decepcionara, cuánto me dijera que debía detenerme, nada de eso ya importaba y menos cuando era menos que un trapo inservible. Hasta el espejo me reclamaba cada vez que me reflejaba en él. Antes tenía fuerzas para intentar quitarme la vida, ahora ya ni siquiera para eso tenía ánimo.

— ¿Qué son estas píldoras? Aitana joder, has tirado por la borda meses rehabilitación y todo por...

Soriana se quedó mirando la mesa de centro en la sala de estar y miró sobre ella una revista que no tuve el tiempo de esconder. La agarró y no tardó en atar cabos y yo quedé como imbécil, porque si..., aún los sentimientos seguían traicionándome.

— ¿Todo ha sido por esto? ¿Por esto es que te aliaste del mundo? ¿Por miedo a ver esto es que no tocas un solo periódico o red social?

— Quiero estar sola

— Aitana era cuestión de tiempo que esto pasara. Te fuiste sin decir nada, te fuiste sin al menos explicarle porque lo hacías.

Quería llorar, deseaba hacerlo pero como pasaba siempre, solo sentía el deseo más ninguna lágrima lograba caer de mis ojos. Más que dolor, sentí rabia al ver esa revista. Sentí ira, impotencia y sobre todo, resignación porque ya no era un "tal vez" ahora era una realidad, Salvatore tenía otro amor, tenía la oportunidad de dejarme ir y seguir su vida y fui yo quien lo orilló a eso. Pensé que no me dolería, creí que mi dolor podría consumir mi amor por él pero solo fui una idiota que pensó que podía más que ella misma.

— Déjame en paz, lárgate y deja de joderme la vida.

— No, la vida te la estás jodiendo tú misma. ¡Ya basta de todo esto maldita sea! ¿Crees que ganas algo echándote a perder aquí? Tomar hasta perder el conocimiento no hará que tu realidad sea distinta, drogarte solo hará que seas más vulnerable, que vivas un auténtico infierno.

— ¡Basta! No te he pedido ninguna puta opinión. Anda, vete y déjame sola. Es mi maldita vida y si quiero morir alcoholizada es muy mi problema.

Soriana fue distinta ese día. Creo que nunca me habló como lo hizo esa vez. No solo estaba enojada, estaba dolida y en ese momento yo no podía pensar con claridad. Solo tenía en la mente la imagen de Salvatore con otra mujer en una portada de sociales.

Sin Amanecer Donde viven las historias. Descúbrelo ahora