Capitulo 45: Ante las estrellas

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Capítulo desbloqueado 😊😊😊

Aitana Sorní

Estaba más que nerviosa, asustada. Llevaba meses sin tenerlo cerca, meses donde solo en sueños lo besaba, hacia el amor con el y también hacia meses que me había hecho la idea de que lo perdí. Ahora estaba de camino a no sabía dónde con el corazón a mil sin saber en que iba a terminar todo una vez regresáramos. Salvatore optó por un vuelo en uno de sus jet privados, el vuelo era algo largo y a pesar de que intenté buscarle conversación a Salvatore el se mostró algo distraído. Apenas hablaba y su rostro se veía preocupado. Después de unas cuatro horas el avión aterrizó en un aeropuerto cubierto de nieve, jamás pensé que vendríamos a un lugar frío. No se porque imaginé playa u algo así. El me cubrió con un abrigo calentito y besando mi cabeza susurró.

— Casi llegamos

— Donde estamos

— Islandia

— ¿Que? ¿Que hacemos aquí?

— hey, no comas ansias.

Estaba nerviosa, asustada y pues no se como explicar lo que sentía en ese momento. Subimos a un coche y estuvimos una hora en carretera. Lo miré y algo asustada pregunté si le ocurría algo pero el negó con la cabeza.

— No ocurre nada cariño

— No me mientas, se te nota en la cara.

— Aitana, estoy bien te lo prometo.

— Es por Renata, te sientes culpable

— No, nada tiene que ver con ella— Resopló — Solo necesito algo de paz aunque sea por un segundo.

Asentí con la cabeza sin decir nada más. No se porqué pero su respuesta me hizo sentir como si yo causara la falta de paz en su vida y si..., quizá tenía razón pero nadie quiere ser la falta de paz de nadie, al menos yo no. Después de un largo camino en medio de la nada, llegamos a una enorme mansión de ensueño. Estaba en la cima de una colina congelada apartado de todo con una vista exquisita de la ciudad más cercana. Era de estructura minimalista, sencilla pero elegante. Tenía más vidrio que concreto en su exterior y parecía que a pesar de verse conservada no era visitada en mucho tiempo.

— ¿Quieres entrar? Vamos a congelarnos aquí — Dijo Salvatore sonriendo

— Estamos..., es una casa..., ¿que hacemos aquí!?

Me agarró por la mano y me hizo entrar. ¡Wow! Era jodidamente grande. Sus paredes altas y blancas, el suelo y escaleras estaban hechas de mármol y los cuadros abstractos colgados en las paredes daban un ambiente de serenidad y sutileza encantadora. Los muebles de la sala eran blancos con cojines negros y grises. Una bella fogata moderna encabezaba la sala de estar y a los lados de la misma dos enormes paredes de vidrio que daban una vista perfecta de la nieve cayendo mientras la luz de la luna alumbraba. Mi corazón comenzó a palpitar rápidamente. Estábamos los dos, solos, en una enorme mansión que parecía de película, y yo llevaba meses en los cual mi piel, mi carne no sabía de placer y solo lo soñaba despertando envuelta en mis bragas humedecidas y luego estaba el..., que aunque intentaba actuar normal se le notaba el nervio a millón, las mejillas coloradas, su mirada profunda y ni hablar de su entrepierna que difícilmente podía ocultar la ereccion que constantemente lo dejaba en evidencia. Apreté mis labios y buscando cortarle un poco a la tensión comenté.

— ¿Es tuya esta maravilla?

— La compré hace unos años. Vine por negocios, la alquilé por un fin de semana y quedé enamorado de la casa. Pensé en este lugar como un sitio donde pudiera escapar del mundo.

Sin Amanecer Donde viven las historias. Descúbrelo ahora