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Aitana Sorní
Creo que ya no tenía idea de cómo caminaba por la calle, como hablaba, como seguía y pretendía que todo estaba bien cuando estaba más muerta que nunca. Pensé que París ayudaría pero sólo me ayudó a alejarme de la gente más no de mi conciencia y los demonios que seguían atormentando de vez en cuando. Llegaba a un pequeño apartamento que renté el cual aunque era lujoso apenas podía moverme comparado con el que tengo en Madrid. Cambié de móvil, y con un trabajo a medio tiempo de mesera intentaba al menos sobrevivir. No dejaba de recibir correos de Salvatore y Alicia, Soriana no se rendía y también enviaba correos. Ignorarlos comenzaba hasta ser molesto. Lo único que me mantenía con fe de comenzar de cero era..., era ese último intento que hice para ser mamá. Estuve embarazada, no sabía de quién pero creo que ese es el precio de ser una mujer a medias que tiene que recurrir a intervenciones de fertilidad. No me duró mucho sentirme normal, sentirme feliz. Perdí ese bebé como si hubiera sido algo normal, algo que no era para alarmarse. Desperté con un intenso dolor que tras unos escasos segundos se disipó transformándose en una enorme mancha de sangre en la cama. Fue ahí cuando supe que no solo había perdido otro bebé, sino que había acabado ese deseo en mi de ser madre. Ahí había acabado mis sueños de tener bebés, me convencí que la vida, Dios o lo que fuera, no me permitiría experimentar lo que era ser mamá. Fue como un balde de agua fría sobre más frialdad y desolación en mi vida pero ya estaba acostumbrada al dolor; tanto que ya eran pocas las cosas que podían dañarme. Antes la soledad me dolía, quemaba, ahora era lo único que deseaba. Estar sola, lejos de todo y todos. Huí de los periódicos, de las redes sociales y de cualquier cosa que pudiera hacerme recordar mi pasado y sobre todo a Salvatore. Era extraño, antes sentía dolor, tristeza, pero al menos sentía algo y eso significaba que estaba viva. Luego no sentía nada, no sentía dolor, no sentía tristeza, no sentía amor, mucho menos sentía apego por la vida. Solo me quedaba cargar con la culpa de haber lastimado a Salvatore. Las lágrimas escaseaban, la sensibilidad era algo que hace tiempo había olvidado. Era como si viviera solo porque mis pulmones respiraban y mi corazón latía más no porque mi alma lo anhelara. Las cartas se acumulaban, la contestadora quería estallar de tantos recados de los acreedores y ni siquiera sabía cómo había llegado al punto en que literalmente no sentía miedo ni siquiera por quedarme sin nada. Desde que llegué a París conseguí un trabajo en un restaurante y eso era lo único que me distraía la mente de tantas voces, tantos pensamientos oscuros que solo llevaban a lo mismo, odio.
— Hey..., tu buena para nada. Te dije que limpiaras aquellas mesas.
Me quedé callada y apreté fuertemente los dientes. No respondí, rara vez lo hacía, solo callaba y pretendía que nada pasaba; solo que ese día fue distinto. Ese día, mi jefe terminó despertando de golpe todo el odio e ira que venía acumulando desde hace tiempo.
— ¿Acaso eres sorda? Sirve para algo y ¡limpia!
Quería gritar, quería salir corriendo, deseaba caer pero no..., solo seguía barriendo un rincón sintiendo como había tocado fondo, como mi vida era más miserable que antes y ahora solo me acostumbré a ello. El hombre se acercó a mí y esta vez más amenazante insistió.
— Haces lo que te digo o te corro inútil.
— Aún no me ha pagado la semana pasada. Necesito el dinero.
— oye, eres o muy valiente o muy imbécil, tras de inútil descarada. No te voy a pagar un solo euro hasta que todas las putas mesas estén listas y la cocina este limpia. ¡Muévete! No sirves para nada, creo que para lo único que debes servir es para que te follen. — Carcajeó — Es más hagamos algo, quítate esa ropita, pórtate bien y te pago el triple este mes.
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Sin Amanecer
Storie d'amoreTras la decisión de irse lejos y cortar con todo su pasado implicando renunciar a Salvatore y a la posibilidad de superar sus demonios, Aitana comienza una nueva "vida" en Francia donde superficialmente todo parece irle bien al menos profesionalment...
