Capítulo desbloqueado 🙂
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Aitana Sorní
Calor..., ardor..., miedo y frenesí corrían por mis venas. Mi espalda se arqueó ligeramente al contacto de mis dedos fríos entre mis labios vaginales húmedos y calientes. La piel se enchinó, los pezones estaban endurecidos, tanto que de rozarlos llegaba a sentir dolor, pero del bueno. Mis piernas se separaron tanto que podía recibir una buena empotrada y quedaría perfectamente acomodada en mi vagina. Mis dedos acariciaban mi clítoris suavemente.., ¡joder! El calor emanaba desde mi vientre y corría por todo mi cuerpo hasta aglomerarse en mi rostro. Mis caderas se elevaron, mis dedos ya no solo me acariciaban, me estrujaban hasta que la hinchazón se volvió evidente y sensible. Su olor, sus ojos, sus manos masajeando su polla mientras me miraba como me daba placer me tenía elevada a mil por hora. No dejaba de mirarme y pedirme que me siguiera tocando, que abriera más las piernas y le enseñara cuán exquisito era mi coño.
— Sigue tocándote cariño, quiero verte completa
— Ven — Pedí con un hilito de voz
Sonriendo con morbo se acercó a mí y sentándose justo frente a mis piernas susurró.
— Dime, ¿Qué deseas?
— Chúpame, ¡hazlo ya!
Era suya, cada centímetro de piel, cada rincón de mi cuerpo solo querían entregarse a él. Su boca era la gloria entre mis piernas. Sonreía cada vez que me miraba a los ojos y lograba tenerme a punto de desbordarme en gemidos. Sus uñas se clavaron en mis caderas y fue ahí cuando su lengua se volvió violenta, ruda y jodidamente asoladora. Quería más, necesitaba sentirlo profundo y caliente en mi vagina. Necesitaba sus ojos clavados en los míos mientras sus caderas trabajaban sobre las mías. Pero sobre todo, necesitaba escuchar los latidos acelerados de su corazón y saber que era yo quien ponía al cien a un hombre como Salvatore. Un hombre que disfrutaba follandome hasta que dolía, hasta que el cuerpo no sabía cómo reaccionar, un hombre que con la sola mirada me humedece en segundos. Sus manos tocaban todo mi cuerpo con pasión, con desenfreno al mismo tiempo que su boca causaba estragos entre mis piernas. Chupaba, mordía suavemente y luego volvía a succionar mis labios vaginales deleitándose como si de un manjar se tratase. Temblaba, mi voz tiritaba y aún sentía ese calor rebasándome todo el cuerpo. Salvatore se suspendió sobre mi poniendo sus brazos a la altura de mi cabeza y ¡joder! Bastó con mirar un poco hacia abajo y ver su erección grande, rígida y gruesa colgando entre mis piernas para que esa morbosa que vive en mi se hiciera sentir.
— ¿Te gusta que te ruegue?
Mordiendo mi labio inferior sonrió lascivo
— Me pone que me lo pidas.
— Follame, pero hazlo ya
Abruptamente desperté de algo que sentí tan real, tan vivo que al abrir los ojos y caer sentada toda acelerada en la cama, estaba mojada, podía sentir mi corazón en la garganta. Lo que fue placentero, lo que parecía ser el sueño más excitante que hace tiempo no tenía se convirtió en un sabor amargo en la boca. Reposé mis codos en las rodillas y cubriendo mi rostro me pregunté qué fue la estupidez que había cometido. Inevitablemente comenzaba a arrepentirme de haberme ido. No podía dormir sin soñar con él, no podía leer sin evitar relacionar cualquier cosa con Salvatore. No podía vivir en paz, no era capaz de ver un periódico por miedo a verlo del brazo de Renata. Mi vida después de él se convirtió en un infierno por más que buscaba ocultarlo con una vida en Paris que estaba lejos de ser perfecta. Cometí cientos de errores en mi vida, cientos de estupideces pero la estupidez más grande fue haberle entregado el amor de mi vida a otra mujer. Sería un error que pagaría cada día de mi vida hasta el día en que dejase este mundo. Por imbecil me tocaría ver cómo el hombre que amo era feliz con otra mujer. Ya era tarde para muchas cosas incluidas volver a buscarlo. Ahora me bastaba solo con saber que estaba bien, que sería feliz. ¿Pero qué hago yo? Que hago yo si todo mi ser se aferraba a él, no había día en que no lo pensara, en que no lo deseara de regreso. Ante todos todo estaba aparentemente bien, ante mamá y el mundo otra Aitana estaba surgiendo, estaba por fin saliendo de la oscuridad cuando en realidad solo estaba estacada, continuaba caminando sobre una fina capa de hielo que en cualquier momento terminaría rompiéndose. Me puse en pie y como todas las mañanas me arreglé para dar la mejor versión de mi aunque cada vez era más difícil. Me senté en el comedor y Soriana ya tenía la mesa servida con el desayuno. Esa mañana estaba algo ida, estaba distraída y apenas noté que ella me miraba con suspicacia.
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Sin Amanecer
RomantikTras la decisión de irse lejos y cortar con todo su pasado implicando renunciar a Salvatore y a la posibilidad de superar sus demonios, Aitana comienza una nueva "vida" en Francia donde superficialmente todo parece irle bien al menos profesionalment...
