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Aitana Sorní
No cabía una persona más en el restaurante. Todo parecía ser perfecto, tenía tanto miedo, terror a fracasar que al ver cómo todo salió bien aún se me hacía algo difícil de creer. Estabamos abarrotados los próximos meses y aún así la gente continuaba llamando para reservaciones. Por un lado estaba feliz pero por otro me sentía algo inconforme. Estaba convencida que el éxito en parte era por el simple hecho de ser la hija de Alicia Sorní. Ahora ella era prácticamente una figura de la realeza luxemburguesa y todo lo que estuviera alrededor de ella de cierto modo cobraba cierta popularidad. Estar en el restaurante, recibir a la gente o dar pequeñas entrevistas me mantenía ocupada, sobre todo para no pensar en que a pesar de que mi vida profesional tomaba forma, personalmente seguía sintiéndome como mierda.
— ¿Irás?
Me volteé y Soriana estaba detrás de mi mirándome con intriga.
— ¿De qué hablas?
— La petición de mano de Alicia es en una semana.
Tragué saliva
— No lo sé. Hay mucho trabajo acá
— ¿Trabajo o más bien es miedo a encontrarte con Salvatore?
Le di una revista que estaba leyendo y suspirando profundamente contesté.
— Salvatore y Renata están en su mejor momento. Son digamos..., la pareja de la que todo el mundo habla. No me interesa Salvatore, él consiguió lo que yo quería para él, que continuara con su vida. Más bien es solo que España me trae malos recuerdos.
Soriana se acercó a mí y agarrando mis manos las sujetó con dulzura y sonriendo respondió convencida de que solo daba excusas.
— Debes ir, es tu madre, Alicia te ama y estoy segura que verte allí la hará muy feliz.
Asentí con la cabeza
— Lo pensaré
— Te ves diferente hoy
Ceñuda me miré extrañada
— ¿Diferente?
— Llevas bálsamo en los labios, y eso..., ¿eso es delineador?
Rápidamente me puse roja como tomate y más ridícula no me pude sentir. Inconscientemente buscaba la forma de llamar su atención así como ella llamó la mía desde que la besé. Me sentía distinta, diría que hasta comencé a creer que podía haber más allá de amistad entre las dos. Yo intentaba acercarme pero ella simplemente me evitaba. No comprendía cómo era que tenía tanto aguante, como podía fingir que no se daba cuenta que yo quería volver a experimentar lo que experimenté aquel día con aquel beso. Ella insistía en que solo era confusión, yo en cambio estaba muy asustada porque no era confusión, realmente comencé a sentir que ella tal vez no me era indiferente del todo. Me acerqué a ella para besar sus labios y dando un pequeño respingo ella comentó.
— ¿Hey qué haces?
— Quiero besarte
— ¿Volviste a tomar?
— No, estoy sobria, totalmente sobria.
Soriana se tornó roja, sus cachetes estaban sonrojados y en sus ojos podía ver que además de apenada, se sentía nerviosa y desubicada con aquello que le había dicho. Solo deseaba sentirlo de nuevo, quería darme la oportunidad de conocer algo distinto a lo que estaba acostumbrada. No podía decir que estaba enamorada, tampoco podía decir que me gustaban las mujeres pero si estaba segura que había algo que me hacía sentir feliz y plena cuando Soriana estaba cerca de mi, pocas veces en mi vida me sentí así, era inexplicablemente agradable. Fui yo quien se acercó a sus labios y los besó con miedo, con nervio pero también con ganas de hacerlo. Ella se quedó inmóvil, como si no creyera lo que estaba sucediendo. Justo cuando volvió del trance me detuvo y algo indignada preguntó.
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Sin Amanecer
Roman d'amourTras la decisión de irse lejos y cortar con todo su pasado implicando renunciar a Salvatore y a la posibilidad de superar sus demonios, Aitana comienza una nueva "vida" en Francia donde superficialmente todo parece irle bien al menos profesionalment...
