Capítulo 46: Amargas verdades

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Disculpen por la demora. Se me borró lo que tenía escrito y me tocó escribir todo de nuevo 😑😑.

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Salvatore Bianco

Eran poco más de las dos de la mañana. Aitana dormía desnuda, solo con una fina sábana cubriendo su exquisito cuerpo y yo la verdad es que no lograba conciliar el sueño. Me puse un albornoz y me senté junto a la pared de vidrio panorámica a ver la ciudad pensativo. Habían muchas cosas que no cuadraban, desde el repentino "viaje" de Renata hasta la aparición de una tía que no tenía ni puta idea de su existencia. Nada más ver la cara de Agatha al ver a Serena estoy más que convencido de que algo ocultaban las dos. Aunque honestamente poco o nada me importaba lo que pasara con Agatha. Más me preocupaba las represalias que Fabrizio tendría no conmigo, sino con lo más que me importa en la vida, Aitana. Tampoco dejaba de estar presente en mi mente Renata, era más que obvio que terminaría rompiéndole el corazón pero creo que eran de esas cosas inevitables en la vida que por más que dolieran eran necesarias.

— Hey, ¿estás bien?

Miré hacia el lado y Aitana cubriéndose con las sábanas estaba recostada de la pared mirándome con incógnita. La respuesta predeterminada para su pregunta seguramente era decirle que estaba bien pero no, era inútil que le mintiese cuando seguramente era evidente que el estrés se me salía por los poros.

— No tengo sueño

— El insomnio normalmente lo causan problemas y estrés.

— ¿Cómo sabes eso?

— Hablas con la señorita problemas. Estoy acostumbrada a pasar noches en vela. Anda, dime que te pasa. ¿Es por Renata?

Negué con la cabeza

— No es solo ella. Es..., es qué hay otras cosas que no dejan de darme vueltas en la cabeza.

— ¿Por dinero? ¿La empresa? Creo que eres capaz de crear una empresa igual o mejor que la que tenia tu familia. Tienes el capital, tienes los documentos que te dio tú madre y...

— Es precisamente esos documentos lo que han jodido todo. Resulta que tengo ahora una tía de la que jamás supe de su existencia. Ágatha ahora resulta que se la pasa más ebria que sobria y nada me hace sentido. ¿Porque joderme la vida por tanto tiempo, porque repetirme hasta el cansancio que lo peor que le pasó fue tenerme y al final termina yendo en contra de Fabrizio, en contra de ella misma al punto de quedar en la ruina? Nada tiene sentido y mucho menos lo tiene esa tal Serena. La cara de nerviosismo de mi madre al ver a esa mujer me dejó pensativo.

— Bueno, quizá entonces esa tal Serena tenga las respuestas que tanto buscas. Deberías hablar con ella y tal vez no se..., te quites una duda de encima.

No sabía por dónde empezar, mucho menos tenía idea de cómo hablaría con Renata de tal forma que la lastimara lo menos posible. Más que el problema con mi madre, era eso lo que me estaba carcomiendo por dentro. Y en relación a Renata, también había algo turbio que ella aún no me terminaba de decir y pretendía cubrir o callar con una sonrisa hilarante que en ocasiones parecía más forzada que natural.

— A mi no me engañas. Estar aquí conmigo te hace sentir culpable.

— No, no es culpa, es..., no se ni que es realmente.

Se sentó a mi lado y recostando su cabeza sobre mi hombro luego de quedarse en un silencio pensativo suspiró y respondió algo que ya yo sabía en mi interior pero no terminaba por aceptar.

— A veces hay cosas que no importa cómo las hagas o como las digas, van a doler. Si buscas la forma en la cual ella no salga lastimada lamento decirte que eso no será posible. Al principio pensé que ella solo estaba contigo por interés o algo así pero no, ella realmente se enamoró de ti. ¿Quieres que vaya contigo y hablemos con ella?

Sin Amanecer Donde viven las historias. Descúbrelo ahora