¡Hola! ¡Estoy de regreso! Gracias a Dios el huracán Ian no trajo mayores daños a mi hogar y por fin tengo nuevamente luz e internet. Disculpen por la demora en actualizar 🫠🫠🫠.
Espero sus votitos y comentarios.
Gracias!!
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Salvatore Bianco
Solo esperaba una cosa, que Aitana usara esa tarjeta de crédito y que al usarla me diera una pista de eso que ella se negaba a decirme porque estaba seguro que algo ocultaba. Su mirada, su forma de irse en trance..., era como si su mente estuviera en otro lado. Me estaba mintiendo, pero no tenía ni idea en que podía estarlo haciendo. Lo que tenía claro era que ella ya no era la mujer que conocí. El dolor, el sufrimiento y la crueldad de la vida la habían cambiado y no quería que eso hiciera que se perdiera en una oscuridad de la que después sería difícil poder salir. Llegué a la casa y esa noche había accedido a quedarse a dormir conmigo. Desde que regresamos de Alaska, no ha querido volver a vivir conmigo y honestamente no se si hice algo mal o ella se convenció de que jamás podría tener una vida de pareja normal. Pensé que estaría despierta pero no, se había quedado dormida en el sofá. Me acerqué a ella y al ver una copa de vino a medio tomar y la botella medio vacía suspiré con pesar. Había caído nuevamente en el alcoholismo, no sé que detonó su recaída pero rápidamente tuve al menos una idea. La luz del tocador estaba encendida y tras ir a apagarla me percaté de que en la papelera habían al menos diez cajitas abiertas junto a pruebas de embarazo caseras. Agarré unas cuantas y todas tenían resultados negativos. En ese instante comprendí porque la botella estaba sobre la mesa. Me dolía su desilusión, me dolía no poder hacer nada para que ella sea madre. A pesar de que fingía no importarle mucho, la realidad es que era una de esas cosas que más la atormentaban. Regresé a su lado y solo la miré dormir por unos segundos buscando en mi cabeza cómo lograr darle la felicidad que ella tanto merece. Toqué su rostro y ella asustada despertó desconcertada. Al verme y luego ver la botella con lágrimas en los ojos intentó disculparse llena de pena.
— Lo siento, yo..., joder no se que me pasó. Yo..., te prometo que....
— Hey, mírame — Negó con la cabeza — Hazlo por favor.
Levantó la mirada y secando sus lágrimas suspiré buscando en aquellos ojos grises la mujer de la cual me enamoré. Esa que vi por primera vez aquella tarde en la que mi vida dio un vuelco colosal. Quería volver a ver en su mirada la mujer que desde que hizo que sus ojos se cruzaran con los míos, mi corazón y mi mente no vivieran en paz si no la tenía. Debajo de todo el dolor, de toda la tristeza que llevaba en el alma, aún pude ver a esa niña, a esa dulzura que logró apartar mi corazón del mundo teniendo solo ojos y latidos por ella.
— He fallado nuevamente
— No has fallado, está bien recaer, es normal, es de humanos. Ven, vamos a la cama.
— No quiero.
— Hey, Que está bien, que no pasa nada.
Algo tomada se puso en pie y con su voz fría, más que triste contestó.
— Si pasa, pasan muchas cosas. Pasa que pretendo ser algo que no soy. Pasa que aunque lo niegues, me ves con lástima. Pasa que por más que lo intente no dejaré de ser alcohólica, que por más que busque ser feliz no lo seré y sabes..., creo que he vivido toda la vida frustrada porque intento ser y cambiar mi vida cuando no es posible. Te amo, pero ese amor no me da para ser feliz porque sabes, no lo soy y no hay nada en el mundo que me haga feliz porque la felicidad no existe.
Sin decir más se fue tambaleándose a la habitación y sentí que tenía más trabajo que nunca. Debía no dejarme caer por el regreso de Camila y de mi hermano y también demostrarle a Aitana que el mundo no era gris y sin remedio como ella creía. No tenía idea de cómo lo haría pero de alguna forma lo conseguiría. Caminé hasta la habitación y Aitana estaba tumbada en la cama semidesnuda. Se había quitado la ropa a medias y la ebriedad terminó por vencerla. Caminé hacia ella y sentándome a su lado toqué suavemente sus nalgas. Tenía un culo jodidamente provocativo. Era perfecto, y solo incitaba a azotarlo una y otra vez mientras la follo. Derrochaba sensualidad, desde sus caderas hasta sus pechos firmes y voluptuosos. No pude evitar fantasear y ponerme duro. Un nudo enorme se creó en mi garganta, poner a prueba el auto control cuando se trataba de hacerle el amor a Aitana era algo casi imposible. Estar caliente no era el problema, el problema era tener que dormir junto a ella y tener la polla dura toda la noche. Me puse en pie y lo primero que pensé fue en que una ducha con agua helada ayudaría un poco. Caminé hacia el baño y comencé a desvestirme queriendo entrar en esa ducha y bajarle las ganas. Solo me estaba engañando a mí mismo. Por más fría que estaba el agua, seguía teniendo la misma erección y las ganas de hacerle el amor parecían no ceder. No solo quería hacerle el amor, quería hacer de su cuerpo mi refugio, de su vientre, deseaba hacer un paraíso del cual un bebito creciera en su interior y yo poder ver cómo su cuerpo cambia, cómo sus hormonas la enloquecen y yo estar ahí para cumplirle todos sus caprichos. Ella no lo sabía, pero yo ya me había hecho toda una idea de una vida junto a ella hasta envejecer y morir junto a ella. Quería hacerle el amor, pero también comprendí que en ese momento solo necesitaba afecto pero de ese que es dulce, inocente, un abrazo toda la noche y solo cuidar de sus sueños. Esa noche no fue fácil, tenerla ahí con el culo en pompa y su cuerpo desnudo era la prueba de abstinencia más jodida que había pasado en mucho tiempo. Era un fracaso en la cocina, pero esa mañana pensé en que era tiempo de darle uso a aquella cocina que más bien parecía un lujo en el penthouse. Deseaba hacer al menos que sonriera aunque fuera por unos escasos segundos. Le preparé unas tostadas francesas con zumo de naranja junto a una rosa roja y joder..., había perdido la costumbre de detalles como esos porque cuando los tuve, me jodieron el corazón. Me daba miedo amarla, sentir aquello que sentía porque a pesar de que sabía que ella también me amaba, igualmente se había ido una vez; vivía con el miedo de que un día despertara y no la tuviera a mi lado. Avancé hasta la habitación y besando su frente mascullé.
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Sin Amanecer
Storie d'amoreTras la decisión de irse lejos y cortar con todo su pasado implicando renunciar a Salvatore y a la posibilidad de superar sus demonios, Aitana comienza una nueva "vida" en Francia donde superficialmente todo parece irle bien al menos profesionalment...
