Capitulo 23: Uno de cinco

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Actualización de los lunes 😃 (recuerden votar y comentar de esa manera no solo tendrán más capítulos de esta historia sino que impulsan la creación de nuevas historias de mi autoría.)

Aitana Sorní

Me estaba perdiendo a mi misma. Me hallaba en la nada, estaba por estar y ni siquiera sabía con qué propósito. La mirada de terror de Salvatore me dejó saber que ya no era solo amor lo que sentía por mi. Quería decirle que lo sentía tanto, que por más que intenté conservar a esa mujer tierna y dulce de la que se enamoró, cada día iba muriendo hasta que terminó por desaparecer desde el momento en que secuestré a Adrián Ballesteros. Ojalá sintiera arrepentimiento pero no..., no sentía absolutamente nada. Sonreí, lo miré y sonreí serena pues después de tanta mierda en mi vida, aprendí a fingir tan bien que podía llegar a ser muy convincente. Volví a besarlo y esta vez buscando más que un beso sutil mascullé.

— Estás muy tenso, creo que debes relajarte un poco.

— ¿Ocurre algo?

— Ocurre que me pone que me mires así todo nervioso.

Con seriedad volvió a insistir

— Aitana te conozco, algo te sucede.

— Te dije que estoy bien. — Replique algo mosqueada. — No tienes nada de qué preocuparte amor, estoy mejor que nunca.

Mentiras, más mentiras y menos verdad había en mi mente. Antes lloraba hasta quedarme dormida al ver una prueba de embarazo negativa; ahora al verla solo la tiró a la papelera sin sentir más que frialdad. Recordar las violaciones que mi cuerpo sufrió antes, me causaba tristeza y deseos de matarme, ahora solo me causaba ira y deseos de acabar con todo a mi paso. No se en que momento cambió todo en mi mente. Una parte de mi se hizo fuerte, pero esa fuerza vino acompañada de frialdad y estaba bien, tal vez eso era lo que me faltaba, menos humanidad y más frialdad. Lo único que seguía intacto era mi amor por Salvatore, el deseo, las cosquillas que sentía en el estómago al tenerlo cerca. Eso no cambio ni un poquito. Siempre era él quien buscaba darme placer pero ya era hora de que le diera un poco de pelea. Lo llevé hasta el diván y tumbandolo suavemente me senté a su costado. Besando la comisura de sus labios susurré.

— Que prefieres..., ¿una verdad o un reto?

— ¿Qué?

— Escoge

— Me gustan los retos

Metí la mano dentro de su pantalón y el muy cachondo ya tenía una erección creciendo entre sus piernas. Sus mejillas se tornaron rojas, sus ojos se profundizaron y su boca, esa jodida boca libidinosa solo invitaba a besarla hasta desgastar sus labios gruesos y carnosos. Estaba duro, caliente, rígido y masturbarlo mientras miraba sus ojos fijamente provocaban una sensación loca que no podía explicarme pero me encantó. Sonreí y apenas pudiendo hablar sin tropezar con su nudo en la garganta comentó.

— Estás jugando con fuego, lo sabes

— Tu me enseñaste a quemarme y a que me fascine.

— Eres peligro

Sonriendo con picardía bese sus labios respondiendo con tono meloso.

— Vamos a ver cuánto aguante tienes.

— ¿A qué te refieres, nena?

— Veamos cuánto duras sin correrte, cariño.

Bajé sus pantalones hasta dejarlos caer a sus tobillos y acomodándome entre sus piernas tenía ante mí aquella polla colosal, venosa, gruesa y goteante en instantes provocó un mojadero en mis bragas. Acerqué mi boca a la punta de su erección y rozando sumamente mis labios sobre ella susurré.

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