Actualización de los lunes ( tarde porque andaba en exámenes en la uni 🫡)
Salvatore Bianco
Tenía dos jodidos problemas y no sabía por cuál de los dos empezar. El primero, un anillo en mis manos y la incertidumbre de no saber dónde estaba Aitana y no saber si podría tenerla a mi lado sin respetar un día, mirar hacia el lado y encontrarme otra carta diciendo adiós. El otro problema..., la culpa y el remordimiento de romper un corazón aún sabiendo que eso era inevitable. Renata era esa culpa constante que tenía en la cabeza y no tenía idea de cómo hacer para mirarla a los ojos y decirle que todo esto fue en vano, que nunca pude amarla, que aunque sentía algo por ella no era lo suficiente como para pasar una vida entera junto a ella. Quizá podía amarla algún día, pero mientras Aitana estuviera viva, mientras ella existiera eso no sería posible. Comencé a creer ese mito del hilo invisible entre dos personas. Ese que dice que no importa cuánto lo estires, enredes, e intentes romperlo seguía uniendo a dos corazones hasta que uno de los dos deje de latir.
— Renata, huir y pretender que nada pasa no cambiará nada.
Ella me miró con serenidad, una serenidad que no lograba comprender, mucho menos podía razonar. Se acercó a mí y aferrándose a una fantasía de la cual no lograba despertar respondió.
— No estoy huyendo de nada. Solo quiero que estemos bien, que todo sea como antes..., soy tu novia y siento que no confías en mí.
— Renata por favor..., tenemos que parar esto. Sabes muy bien que no estamos bien.
— Qué te parece si cenamos hoy, en un lugar tranquilo y hablamos de lo que quieras. Pero ahora no por favor, ahora solo quiero que me abraces muy fuerte.
La abracé y por unos minutos estuvimos callados abrazados uno del otro. En mi mente solo buscaba la forma de terminar mi relación con ella sin que Renata terminara hundida en lo profundo.
— Ya me tengo que ir. Tengo una sesión de fotos en la tarde y pues..., ya luego en la noche hablamos. ¿Vale?
Miré el rostro de ella y palidecí. La nariz de Renata estaba sangrando profusamente y preocupado agarré un pañuelo intentando detener el sangrado.
— Estás sangrando, ¿te duele?
— Ah no, es normal. Me pasa de vez en cuando. Me limpio, un poco de maquillaje y listo. No te molesto mas.
Renata salió de la oficina casi corriendo y ese sangrado me descolocó por completo. A pesar de que según ella, era "normal" nunca la vi sangrar. Me senté en la silla suspirando cansado y cuando creí que aquel día sería uno normal con pilas de papeles por firmar y juntas aburridas, el día se volvió mierda. Mi asistente entró anunciando que alguien quería verme. Al principio me negué ya que no tenía citas esa tarde pero al escuchar que esa persona afirmaba ser mi esposa sentí una descompresión horrible en el cuerpo. Pasó sin anunciarse, como si todavía tuviera algún derecho y con total confianza entró a mi oficina contoneándose y con poco o nada de tacto sacó a mi asistente. Cerró la puerta y con descaro comentó.
— Hola amor, tanto tiempo..., tenemos mucho de que hablar.
Me quedé callado, no podía siquiera reaccionar. No sabía qué coño sentí en ese momento. Bueno si, creo que sentí un profundo odio acompañado de dolor y humillación. Me jodia ver como esa mujer me miraba con chulería, como si nada hubiera pasado. Como si no me hubiera jodido la vida. Jamás había visto tanto cinismo, tanta maldad en una sola persona.
— ¿No me dirás nada?
Me levanté de la silla y caminé hacia ella deteniéndome a unos escasos pasos. Conteniendo el enojo, la ira y las ganas de golpearla respondí.
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Sin Amanecer
RomanceTras la decisión de irse lejos y cortar con todo su pasado implicando renunciar a Salvatore y a la posibilidad de superar sus demonios, Aitana comienza una nueva "vida" en Francia donde superficialmente todo parece irle bien al menos profesionalment...
