Capitulo 39: Un enemigo menos

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Actualización semanal 😊😊😊

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Aitana Sorní

No me daría por vencido, aunque en el trayecto me cayera, sangrara, el dolor me hiciera agonizar y la posibilidad de ver ante mis ojos como por errores y malas decisiones perdía el amor de mi vida, al menos quería perder intentando. No soportaría vivir una vida sin saber que hubiese sido de nosotros si intentaba volver a él. Yo tenía la mejor intención de poder al menos hablar pero él estaba lejos de quererlo. Me trataba con rudeza, desdén y diría que hasta desprecio.

— ¿Qué haces aquí?

— Me he enterado de lo que ocurrió. Quise saber si todo está bien, si ella está bien y tú lo estás.

— Estamos perfectamente eso si contamos que gracias a ti estamos aquí. Pues sí, todo de maravilla.

— ¿Hasta cuándo me vas a seguir tratando así? Solo quiero hablarte y explicarte que...

— Dime algo, a que se refirió Renata ayer. Solo contéstame eso Aitana. A que se refirió con eso de que ya habían "hablado"

Me vi tentada a mentir para evitar que terminara por desilusionarse de mi. No quería decirle que fui a donde Renata para pedirle que se le metiera por los ojos. Pero si le mentía, era cuestión de tiempo para que Renata o inciso el mismo descubriera ante mi y el mundo la verdadera razón por la cual me fui. Apreté los dientes y rogándole a Dios que tuviese piedad de mi respondí.

— Antes de irme fui a ver a Renata.

— ¿Para qué?

Bajé la mirada apenada

— Fui a verla para pedirle que una vez me fuera, hiciera todo lo posible por conquistarte. Le dije que tenía el camino libre contigo porque me iría para siempre. Sé que suena horrible pero puedo explicarte yo...

— Vete de aquí. Me basta con saber que la mujer que amaba me puso en oferta con otra mujer. Hazte un favor, no..., mejor haznos un favor a ambos, regresa de donde viniste y déjame en paz.

— ¡Joder escúchame! Puedo explicarlo todo.

Salvatore me miró cómo siempre temía que lo hiciera. Me miró con inercia, con desdén y sobre todo dolor. Apretó tanto su mandíbula que sus venas quedaron marcadas en su sien. Sus ojos estaban profundos, llenos de ira y cuando sus ojos llegaban a ponerse tan profundos que no lograba distinguir sus pupilas su nivel de enojo sobrepasaba lo que yo conocía.

— Resulta que lo que querías al hablar con Renata se dio. Me conquistó, me enamoré de ella y ahora ella será mi esposa en un mes. Creo que me hiciste un favor al irte. Resulta que estás acostumbrada a que todo el mundo gire en torno a ti. Estás acostumbrada a que todos te escuchen, te comprendan pero tú..., tú no tienes la capacidad de ser empática y pensar en los demás. Cuando te fuiste pensaste en ti, en lo que era mejor para ti, no te importó como me sintiera yo, como me afectara. Bien, pues entonces asume las consecuencias de tus actos. Ahora vete y déjame en paz de una jodida vez.

Pocas veces en mi vida sentí que alguien realmente tuvo el poder de joderme en lo más profundo y en ese momento Salvatore logró llegar a mi abismo y dejar una bomba que sin pensárselo dos veces la hizo explotar causando que ahora la oscuridad que logré dejar aislada en el fondo de mi ser comenzara a correr libre por mi alma. No quería caer, no quería rendirme pero en ese momento era de lo único que tenía ganas. Me fui como él me lo pidió pero no, no me rendiría aún. Al menos conseguiría que el me escuchara, que me diera la oportunidad de explicarle porque me fui aunque haya sido la peor estupidez del mundo.

Sin Amanecer Donde viven las historias. Descúbrelo ahora